lunes, 23 de abril de 2012

Capítulo 20 de Fiscal en prácticas

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Domingo. Honey volvía a estar de los nervios, pero esta vez por la fiesta de su graduación. Sería el lunes y llevaba todo el fin de semana inquieta. Pero había alguien que estaba más inquieta aún: Mel. También sería su fiesta de graduación en su universidad y ya había llamado a Honey, por lo menos, 5 veces esa misma tarde. Las dos se habían ido a comprar un vestido para la fiesta el sábado y Mel no sabía qué zapatos ponerse, cómo maquillarse y demás cosas. Eso a su vez inquietaba más a Honey. Ella, finalmente se decidió por uno blanco, bueno en realidad no era blanco del todo, podríamos decir que era blanco roto, con los bordes negros. Sabía que la mayoría irían con vestidos despampanantes y muy caros, pero a ella este le había parecido alegre y elegante a la par y eso la bastaba.
-¡Honey! No puedes pintarte los ojos de negro con el vestido blanco. Acabo de leer en internet que…
Y así todo el fin de semana. Se probó el vestido por quinta vez consecutiva ese día, se maquilló, se peinó y decidió dar el tema por zanjado aunque Mel la llamase una sexta vez para decirle que acababa de decirle su abuela que llevar un vestido blanco el día de su graduación daba mala suerte, o alguna locura similar. Lo que realmente no se podía quitar de la cabeza era a Benjamin. ¡Iría a su fiesta! Estaba muy emocionada y deseaba que todo saliese bien.
Entre más llamadas de Mel, consejos de maquillaje y más llamadas de sus compañeros de universidad, pasó la tarde del domingo y llegó la mañana del lunes. Los nervios se convirtieron en alegría y emoción, sobre todo por parte de su madre, y al medio día se fue con sus compañeros de clase a comer. Realmente no se llevaba muy bien con ellos, ni ellos mismos unos con otros, pero pensó que iba a ser la última vez que los vería y, bueno, quería compartir la emoción del momento con ellos.
 Comieron pronto. Fue un rato muy agradable y compartieron sus diferentes vivencias respecto a las prácticas y sus tutores y se rieron bastante. Sorprendentemente, todos se llevaban mucho mejor con todos ahora que ya no tenían ninguna relación. Luego, se despidieron, no sin antes intercambiar números de teléfono y direcciones de correo electrónico, y se fueron cada uno a su casa para prepararse y esperar a la familia.
Cuando llegó a casa, su madre le dijo que tenía una sorpresa para ella: la había pedido cita en la peluquería y la harían un repaso completo con manicura y pedicura incluida. Así que, con el vestido puesto dos horas antes y los nervios encima, marcharon corriendo a la peluquería.
Al salir de allí, su madre ya estaba con las lágrimas en los ojos y con la cámara de fotos en la mano. Honey, por el contrario, no podía estar más estresada ya que iban a llegar un cuarto de hora tarde. En realidad todavía había tiempo de sobra, pero debían de estar presentes una hora antes para las fotos con profesores y demás compañeros, aunque realmente Honey no esperaba que ninguno de sus compañeros quisiera una fotografía con ella, pero bueno, nunca se sabía.
Y efectivamente, nunca puedes estar seguro de lo que va a pasar el día de tu graduación. Eso era una locura. Después de hacerse fotos con todos sus profesores, incluso con los que odiaba más y con el director de la universidad al que no había visto nunca, empezaron las fotos con sus compañeros. Su madre se quedó sentada mirando las fotografías que había hecho a ver si podía borrar alguna ya que se la había acabado la memoria. Mientras, a ella la hacían fotos por todos los lados. Parecía como si de repente todo el mundo quisiera una fotografía con ella. Al principio la llamaban y la hacían señas para que se acercase y la madre, el padre, el hermano o la hermana o incluso los abuelos de sus compañeros los sacaban la fotografía, pero llegó un momento en el que, cuando terminaba de hacerse una con un compañero, la agarraban del brazo o del hombro y cuando se daba la vuelta para mirar y saludar, otro de sus compañeros la pasaba la mano por la cintura y ¡flash! Fotografía al canto.
Cuando por fin pareció que ya se había hecho una con cada uno de los 90 compañeros, o incluso la parecía que tres o cuatro con cada uno, intentó volver a dónde había dejado a su madre. Cuando por fin dio con ella, sentado a su lado viendo todo el repertorio de imágenes de la cámara junto con su madre, estaba Benjamin. Al verla se levantó y se acercó a darla dos besos.
-¡Qué guapa estás! Me acaba de enseñar tu madre las fotografías de cuando te estaban peinando en la peluquería- ¡Gracias, mamá!- Y en las que sales con tus profesores y compañeros- se sonrojó.
De verdad que él pensaba que estaba más guapa que nunca, y ella pensó lo mismo que él. Llevaba un traje precioso gris oscuro con una línea blanca en el borde del cuello que hacía que fuese el doble de elegante. Al parecer su madre había hecho limpieza en la memoria de la cámara y los hizo posar juntos. Una vez terminaron con las fotografías, uno de los profesores la llamó y se despidió de su madre y de Benjamin.
Estos pasaron dentro y tomaron asiento. Benjamin miró a su alrededor, extrañado.
-¿Por qué Honey no está sentada en las primeras filas junto con sus compañeros?
Anis le miró sorprendida.
-¿No te lo ha dicho? Honey va a dar el discurso de su clase.
La ceremonia transcurrió tranquila. Primero dieron varios discursos los profesores y luego 3 alumnos. Honey fue la segunda. Cuando salió al escenario se la veía claramente nerviosa y emocionada a la vez. Con su sonrisa de oreja a oreja miró a toda la gente que había antes de empezar a hablar.
-Buenas tardes. Quería agradecer a los familiares de todos nosotros, los alumnos, por haber venido en un día tan importante para nosotros-todos aplaudieron- Por otro lado, también me gustaría agradecer a todos mis compañeros de carrera por estos magníficos 4 años que hemos pasado juntos- en realidad ninguno de ellos había entablado una verdadera amistad con ninguno de los otros y cuando se terminó la carrera, cada uno volvió por dónde había venido, pero igualmente toda la sala aplaudió y entre los alumnos, sentados en primera fila,  se oyeron gritos de alegría- Todos los alumnos les estamos muy agradecidos a los profesores que hemos tenido durante estos años, por su apoyo y su paciencia a la hora de enseñarnos. Quería hacer una especial mención personal al señor Adolf, sin el cual no hubiera sido posible que yo estuviera hoy aquí-más aplausos- Finalmente, quería agradecer a otra persona muy especial para mí y que hoy está aquí presente: mi tutor de prácticas, Benjamin Edwards. Su ayuda, su apoyo y su constante trabajo han hecho que realmente ame esta carrera y mi futura profesión. Él es todo un profesional y mi ejemplo a seguir. Quería que todos le dieseis un aplauso. Gracias Benjamin- ella levantó las manos a la altura de la cabeza y empezó a aplaudir. El salón de actos la siguió.
Benjamin se quedó sin saber que hacer durante un instante y finalmente decidió aplaudir también. Miró a Anis, la cual le miraba orgullosa como si fuera su hijo y aplaudió con más énfasis.
Durante el resto de la ceremonia se procedió a ponerles las bandas doradas a los alumnos algunos de sus profesores y, por fin, salieron todos del salón de actos no sin antes haber cantado el himno de la universidad.
El recibidor del edificio era un caos total. Los familiares buscaban a los alumnos todos a la vez para hacerse más fotos con la condecoración, y la madre de Honey no pudo ser menos. Cuando por fin habían terminado las fotos, Benjamin alzó la voz para que se le pudiera oír entre todo el jaleo y se ofreció a llevarlas en su coche hasta su casa ya que habían ido en autobús hasta la universidad.
Una vez llegaron allí, Benjamin pidió a Honey que se quedase un rato con él.
-Tenía que decirte una cosa…
-¿Es sobre el caso? Llevo unos días nerviosa, aparte de por la graduación…
-¡Eh! Relájate, no es sobre eso, no he vuelto a saber nada, pero seguro que dentro de poco tenemos noticias. Era sobre mi mención en el discurso. Gracias. No sabía que significase tanto para ti.
-¡Claro que sí! Admiro mucho tu trabajo. Bueno, tengo muchas ganas de quitarme los zapatos y el vestido. Mañana seguimos hablando ¿vale?

domingo, 8 de abril de 2012

Capítulo 19 de Fiscal en prácticas

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Honey se tumbó en la cama por la tarde. La verdad era que todavía estaba intentando recuperarse de la imagen del cadáver y de su decepción consigo misma. Pero esa tarde se demostraría a sí misma que estaba hecha para ese trabajo y decidió dar lo mejor de ella a la hora de rellenar los informes sobre el caso y de buscar las contradicciones necesarias. Quería sorprender a Benjamin.
Al día siguiente cuando entró en el despacho lo primero que hizo fue entregarle los informes del caso. La habían salido muy bien, incluso mejor de lo que ella misma esperaba.
-¿Y el papel?-preguntó entusiasmada.
-El papel… no es una nota de suicidio, siento decepcionarte.
-¡Oh!Hubiese estado muy bien, como en las pelis…
-Pero sí es una prueba importante. En el laboratorio están investigando la letra de la escritura. Creen que puede ser una prueba totalmente incriminatoria para el sospechoso y totalmente decisiva en el caso.
Por una parte Honey se relajó. Eso implicaría que su primer caso sería más fácil y por lo tanto, eso haría que estuviese más segura de sí misma a la hora de estar en el tribunal. Aunque al instante pensó que si esa prueba era tan importante, quizá la defensa se inventase algo que la dificultaría demostrar la culpabilidad del acusado.
En todo caso, no había manera de saberlo hasta el día del juicio.
Dos días más tarde los resultados óptimos de la prueba escrita llegaron. Se trataba de una nota escrita por el acusado hacia la víctima en la quedaban esa misma mañana en casa de la víctima. Una prueba incriminatoria en toda regla. Al parecer la víctima y el acusado guardaban una relación de socios, uno en deuda con el otro y todo parecía apuntar a que el deudor había pagado por ello y su castigo había sido la muerte. Esa iba a ser la línea que iba a usar la acusación.
Una semana más tarde se celebró el juicio. La noche anterior Honey no pudo pegar ojo. No podía dejar de pensar en lo que diría la defensa sobre el acusado. Por fin se relajó y pudo dormir unas horas antes de que sonara el despertador. Cuando se levantó tenía los ojos como platos. En ese momento el sueño era su menor preocupación, ya dormiría por la tarde cuando todo hubiera acabado. Desayunó y se vistió elegante, con falda y camisa, y salió un poco más temprano de lo normal hacia los juzgados. Cuando llegó, Benjamin todavía no estaba allí. El que sí estaba allí era el acusado acompañado de dos policías que lo custodiaban uno a cada lado. Era un hombre con cara de pocos amigos, aunque Honey pensó que no debía guiarse por las apariencias ya que la víctima también tenía cara de ello, malas pintas y había acabado muerta y, seguramente, no por ser un angelito.
Por fin llegó Benjamin en lo que fueron 3 minutos que a Honey se le hicieron eternos.
-¿Qué tal te sientes?-le preguntó sonriente.
-Nerviosa, muy nerviosa. Creo que voy a morir en cualquier momento.
-Tranquila, lo harás muy bien.
Al cabo de unos 10 minutos más, pasaron a la sala. Honey se sentó con Benjamin. Había llegado el día. Por fin. Pero después del alegato inicial del juez, la defensa pidió la palabra. Habían traido a un experto en escritura y querían realizar una prueba sobre la nota que había aparecido en el cadáver. El juez, al leer los informes y ver la importancia de la prueba, aceptó.
-¿Esto suele pasar?-preguntó Honey confusa al sentirse fuera de lugar.
-No-contestó seria y secamente Benjamin, cosa que preocupó a Honey. Intentó no pensar negativamente y centrarse en la parte que ella tendría que exponer. Se sentía importante y cómoda al lado de Benjamin. No podía dejar de mirarle constantemente. Le había visto en acción allí mismo varias veces y no podía dejar de recordar lo especial que fue la primera vez, el tercer día de estar con él. Al cabo de un rato largo llegaron el abogado defensor y el experto y le presentaron al juez un informe en el que aseguraban que la letra no era del acusado, sino una falsificación casi perfecta de la misma. Con la boca abierta, el juez aplazó el juicio a fin de que otro experto de la policía lo confirmase.
Salieron de la sala. Honey se sentía contrariada e inquieta.
-¿Qué va a pasar ahora?
-Cualquier cosa- Benjamin la empezaba a preocupar seriamente. Parecía distante y metido en otros pensamientos. Por fin pareció reaccionar y decidieron ir a desayunar algo. Honey prefirió no decir nada respecto al caso ya que parecía que había algo que preocupaba en exceso a Benjamin.
-Oye, Benjamin… siempre he querido preguntarte esto.
-Dime.
-¿Puedo llamarte Benji?
Benjamin calló de golpe a la tierra y rompió a reír.
-¿En serio? Así me llamaba mi madre cuando era pequeño.
-Es que Ben… me parece tan serio… ¡Y horrible! Suena horrible.
-Puede ser-contestó él sonriente. Honey se alegraba de haberle sacado de sus preocupaciones y haberle hecho reír. Él siempre lo hacía cuando a ella le pasaban cosas similares y le estaba muy agradecida por ello.
-Dentro de poco será mi fiesta de graduación.
-Parece mentira que ya hayamos estado juntos… ¿Cuántos meses? ¡8! ¡8 meses trabajando juntos!
-¿Vendrás?-soltó de golpe. Llevaba unas semanas queriendo decírselo pero no encontraba el momento adecuado. Él pareció sorprendido durante unos instantes y luego sonrió largamente.
-Si me invitas claro que voy. ¿Quién más va a ir?
-Solo mi madre. Quería que viniera Mario, pero no podrá.
Él sintió pena por ella.
-También habrá un baile, pero no pienso ir, ya sabes como son esas cosas.
-En realidad no lo sé.
-Pues las chicas guapas y ricas de la universidad irán a restregarle lo importantes que son a todos los demás…- de repente se sintió un poco infantil al lado de él.
-En mi universidad también pasaban esas cosas-esas palabras realmente la tranquilizaron-Bueno-añadió Benjamin al terminar el último sorbo de su café descafeinado-será mejor que vayamos a la oficina quedan muchas cosas que hacer. Y casos nuevos. Habrá que esperar que decisión toma el juez al respecto de este.

martes, 3 de abril de 2012

Capítulo 18 de Fiscal en prácticas

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Abril. El sol empezaba a calentar seriamente y amenazaba con calentar más según pasaban los días. Benjamin, Philip y Mel habían llegado al acuerdo de que ninguno le mencionaría lo ocurrido a Honey, ya que esta no se acordaba de nada y todo había vuelto a ser como antes de su misteriosa desaparición. Todo estaba bien tal y como estaba. Aun así, era mirar a Honey y Benjamin no podía evitar sentir todavía un pequeño resquicio de culpabilidad por haberla hecho sufrir y desaparecer. Estaba claro que para él Honey era una especie de ángel, una persona que le había sacado de lo monótono de su rutina, de su profesión. Sin duda este último año había sido el mejor de toda su carrera y no lo cambiaria por nada. Ni a ella por nadie.
La primera parte de las prácticas de Honey llegaban a su fin a finales de mayo. Parecía mentira que ya hubiese pasado un año casi… No paraban de practicar. Benjamin hacía de defensa y ella le tenía que rebatir todos los argumentos que él presentaba. Ella estaba trabajando duro.
Una mañana, Honey se levantó y en la mesa de la cocina, como todos los días que había correo en el buzón, la mesa estaba llena de cartas. Había una apartada con el sello de la universidad. Honey la agarró, todavía un poco somnolienta, y la abrió intentando romperla lo menos posible. Pasó la mirada un poco por encima, soltó el primero de los papeles y empezó a gritar de alegría con el segundo que venía en la mano. No podía esperar para darle la noticia a Benjamin. Se vistió y salió corriendo hacia la oficina. Cuando entró, Benjamin estaba ojeando papeles como de costumbre.
-¡Benjamin, Benjamin! –este, alarmado por la efusividad, se levantó en el acto- ¡Benjamin, ha llegado! ¡Estaba en el buzón esta mañana!
-¿El qué?
-¡El permiso de la universidad para poder participar en juicios!- y dicho esto se abalanzó sobre él permiso en mano, haciendo que él se riera a carcajadas.
-¿Tanta ilusión te hace? – preguntó él recolocándose la americana. Pero sobraba la respuesta a esa pregunta solo con mirarla un poco.
-Pues claro- asintió y adoptando posición más serena y educada un poco forzada añadió- Estoy deseando saber que caso elige usted para mí.
Benjamin se quedó un momento pensativo y se giró hacia su escritorio para buscar algo entre los papeles que había encima. Finalmente encontró lo que buscaba y se lo dio.
-Este caso me parece interesante. Ha llegado esta mañana y me gustaría compartirlo contigo. ¿Qué te parece si te lo lees y mañana me dices que conclusiones has sacado?
-Cuando dices que un caso te parece interesante es que voy a necesitar muy buenos argumentos y buscar bien las contradicciones en las pruebas…-le miró con cara de pena- ¿Crees que estoy preparada? A lo mejor me he emocionado un poco y me he dejado llevar por…
-Estás sobradamente preparada-la interrumpió-Además, estarás conmigo en el juicio. Tu primer juicio será un éxito- ella todavía parecía un poco asustada con el hecho de tener su primer caso en la mano pero, gracias a sus palabras, ya había vuelto a recuperar un poco el brillo en los ojos. Benjamin miró el reloj-Vamos, nos esperan para hacer tu primera visita a la escena de un crimen. El crimen de tu primer juicio- dijo intentando animarla, pero al mirar lo blanca que se había quedado de golpe se arrepintió al instante.
Llegaron al lugar de los hechos al cabo de tres cuartos de hora más o menos. Honey no había soltado los papeles del caso y no paraba de leer el número de expediente una y otra vez. La escena del crimen era una casa de fachada estrecha. En la puerta una multitud de gente se agolpaba contra los policías pidiendo a gritos y con pancartas más seguridad en el barrio. Honey pensó que quizá no era la primera vez que sucedía algo así. Benjamin se puso a su lado y la agarró de la muñeca.
-Ten cuidado. Cuando la gente se comporta así, si te tiene que agarrar y pisotear, lo hará. No te separes de mí- Honey asintió un poco ruborizada y con el corazón acelerado al ver a Benjamin en esa faceta tan protectora.
Subieron tres escalones de piedra oscura antes de entrar en la casa llena de policías haciendo fotografías, tomando huellas dactilares con polvo de aluminio y entrando y saliendo frenéticamente. El constante sonido de las radios de policía la trajo amargos recuerdos del secuestro de Mario y del suyo propio, pero una escena del presente aún más chocante la devolvió a la realidad rápidamente dejándola con la mente en blanco. Al apartarse un grupo de policías vio un hombre blanco, de complexión ancha que yacía en el suelo rodeado de un charco de sangre con los ojos en blanco. Se paró en seco mientras todo giraba a su alrededor, las voces bajaban de volumen en su cabeza casi volviéndose imperceptibles, y la vista se la nublaba. Benjamin se agachó delante de él y dio vueltas a su alrededor. La temblaban las piernas. Benjamin se giró hacia ella para decirla algo pero no pudo escucharlo bien. Sentía náuseas. Asintió con la cabeza sin haber escuchado nada de lo que la decía.
-¡Voy un momento a fuera!- dijo a nadie en concreto, dio media vuelta y salió.
Fuera, los policías habían reducido a la gente que ya se disipaba y solo quedaban algunas personas que intentaban hablar con ellos a voces. El aire todavía un poco fresco de abril la devolvió la vida. Dentro, el calor y el olor a sangre la habían mareado, o eso quería pensar ella. En el fondo lo que realmente pensaba era que había fracasado. El primer caso en el que participaría de manera oficial junto a Benjamin. Su primera visita a la escena de un crimen. Debería estar junto a él y no apoyada en la pared de la casa a más de tres metros de la puerta intentando respirar. La gustaba su futura profesión, el derecho, la oficina del fiscal, los juicios. Todo. Se sentía decepcionada consigo misma por no poder estar en la misma sala que un cadáver. Benjamin se asomó a la puerta y la buscó con la mirada.
-¡Eh! ¿Estás bien? Estás más pálida que la pared- Honey no dijo nada y suspiró con enfado- Ver un cadáver es chocante la primera vez, no seas dura contigo misma…- dijo él finalmente al darse cuenta de la situación.
-Ya Benjamin, pero me sentía preparada de verdad, quizá no muy segura de mí misma, pero preparada y nunca se me pasó por la cabeza que esto pasase. ¿Y si no sirvo para ser fiscal?
-¡No digas eso! Mira, puede que suene un poco raro, o quizá grotesco, pero te acostumbrarás-Honey le lanzó una mirada de ¿Seguro?-Te lo prometo- y diciendo esto, la pasó un brazo por el hombro.
Por la puerta salía el cuerpo envuelto en papel plateado.
-Ya se lo llevan. Vamos, ya no lo tendrás que ver.
-No hace falta que lo tenga enfrente para verlo. Será una imagen que no podré borrar de mi cabeza en unas cuantas semanas… a lo mejor de por vida.
Anduvieron un rato largo más por allí. Todos los policías encargados y el inspector del caso, Erick, querían hablar con Benjamin.  Finalmente, volvieron a la oficina. Una vez que estaban frente al edificio de la fiscalía, bEnjamin redujo la velocidad del coche y se acercó a la acera.
-Oye, todavía tienes mala cara. Si quieres vete a casa, descansa y desconecta un poco y cuando te sientas con más ganas empiezas a leer los informes.
-No, estoy bien. Prefiero quedarme contigo y hacer frente a todo esto.  Si huyo de los problemas cuando de verdad tenga que afrontarlos no podré hacerlo- se notaba que todavía estaba preocupada por su futuro en la profesión.
-Bien dicho.
Una vez en el despacho esperaron a que llegasen las pruebas fotográficas para contrastarlas con las demás que llegaban progresivamente por fax o por las manos de secretarias cargadas de informes.
Una vez el caso tuvo la suficiente consistencia en papel de varios tipos y Benjamin verificó que todos los datos, direcciones y demás era correcto, se pusieron manos a la obra. La parte favorita de Honey sin lugar a dudas eran las pruebas y las contradicciones con lo demás.
-¡Un momento! Aquí falta una prueba-exclamó Honey.
-¿Prueba? ¿Qué prueba?
-Juraría que la víctima tenía un papel. ¡Quizá sea una de esas notas de suicidio que resuelven todos los casos!
Benjamin puso una mueca de entre dolor y sorpresa y buscó entre los papeles para asegurarse de la existencia de dicha prueba. No encontró nada.
-¿Estás segura de que viste un papel en el cuerpo de la víctima?-preguntó contrariado.
-Estoy segura. Como te he dicho hace apenas unas horas, será una imagen que me costará olvidar. No sé ubicarlo exactamente pero sé que estaba.
-Está bien…-suspiró Benjamín, dándola un voto de confianza. La verdad es que pensaba que a Honey le había trastocado la escena y no estaba segura de lo que había visto. Llamó al forense, él tendría la última palabra. Tras hablar un rato con él, el forense afirmó la existencia de un papel en uno de los bolsillos de la víctima. Había algo escrito en dicho papel. Tendrían que analizarlo y por la tarde tendrían los resultados.
Benjamin colgó el teléfono asombrado.
-¿Ves?- con una sonrisa radiante, parecía que había vuelto a recobrar la confianza en sí misma.
-Bueno-Benjamin finalmente sonrió satisfecho con la labor de su ayudante- Vete ya a casa y prepárate el caso. Mañana veremos todo lo que falta con más calma y detenimiento.

sábado, 24 de marzo de 2012

Capítulo 17 de Fiscal en prácticas

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Benjamin entró como todas las mañanas a su despacho. Inexplicablemente, sus acciones se habían convertido en algo puramente mecánico. Se tomaba té o café mientras leía el periódico y a las 9 miraba la puerta de su despacho esperando a que Honey entrara por ella. Pero no lo hacía, y sobre las 9 y cuarto empezaba su trabajo. Él sabía que algo pasaba, que algo no estaba bien, pero había algo en su cabeza que le impedía pensar y reaccionar. Una especie de candado que bloqueaba su albedrío, su personalidad y que le impedía preocuparse. Y así había pasado un mes.
Un lunes entró en su despacho como todas las mañanas y realizó sus acciones cotidianas en un día laboral hasta las 9, hora a la que se paró a esperar a que Honey entrara por la puerta. Abrió su cajón y rebuscó dentro en busca de unos papeles específicos mientras esperaba. En medio de la búsqueda encontró un calendario grande que le mandaban a la oficina todos los años por si lo quería colgar en la pared. Era del año anterior y pensó en tirarlo ya que le habían mandado otro. Lo hojeó y paró sin darse cuenta en septiembre. Algo hizo que deslizase su dedo y se parase concretamente en el 17 y su cabeza empezó a dar vueltas, viniéndosele imágenes.
17 de septiembre. Llamaron a la puerta temprano y Honey entró presentándose.
19 de septiembre. Honey llegando sofocada pero sonriente al juzgado, justo antes de que empezara el juicio.
24 de septiembre. Ella apoyada en la pared, preocupada por el secuestro de Mario.
¿…?
Diciembre llegó cargado de recuerdos tanto buenos como malos. Su dedo los fue recorriendo poco a poco encima del calendario.
Honey llegando en el momento oportuno en la reunión con los dosieres y su beso en el sofá.
Honey saliendo corriendo llorando del despacho de Philip.
Su abrazo de reconciliación en medio del parque nevado al día siguiente.
¿Honey…?
Ella riendo tanto en la fiesta de navidad y como luego en su coche.
Cogiéndola en brazos cuando por fin la encontraron después de tres días desaparecida.
¿Qué está…?
Y se acabó diciembre. Alargó la mano y buscó dentro del cajón el calendario nuevo. Enero.
Su comida en el restaurante y…
Benjamin abrió mucho los ojos y luego los cerró. Su última imagen de ella se perdía entre brillos dorados en la oscuridad de una calle estrecha. Algo dentro de él despertó y por fin pudo reaccionar.
Honey había desaparecido, se había evaporado literalmente hacía un mes y no entedía muy bien por qué no había hecho nada al respecto y, ni siquiera, se había preguntado el por qué. Allí estaban también Philip y Mel. Había estado con ellos recientemente y no habían mencionado el tema. La preocupación se apoderó de él. Lo más increíble era cómo desapareció… ¡no había explicación alguna! Hizo dos llamadas telefónicas: la primera a la fiscal general. Esta al preguntarle por su ayudante le respondió que él en septiembre se había negado a solicitar uno. Alarmado, llamó después a Mel y a Philip y al cabo de una hora estaban en su despacho. Les recibió serio.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué tanta urgencia?-preguntó extrañado Philip.
-Honey.
-Hace mucho que no la veo…-parecía que Mel estaba haciendo un esfuerzo por recordar algo. Entonces Benjamin supuso que les pasaba lo mismo que le pasaba a él antes de recordar y les contó lo que pasó el día en que Honey desapareció. Su reacción fue inmediata. Se miraron ambos extrañados.
-¡Oye! ¡Honey se iluminó, tio! ¡Se iluminó y se volatilizó! ¿Qué persona normal puede hacer eso?-Philip parecía haberse dado cuenta de lo raro de la situación, sin embargo, Mel parecía triste.
-Llevo un mes sin verla y ni siquiera la he echado de menos…- dijo por fin mirando a Benjamin, el cual se acercó a ella y la puso una mano en el hombro como señal de complicidad.
- Lo importante ahora mismo es encontrarla-los otros dos se volvieron a mirar extrañados- Honey tiene que estar en alguna parte…
-¿Es que no te acuerdas? ¡Hizo puff y desaparecio!-Philip parecía un poco desconcertado.
-Sé que tiene que estar en algún sitio.
-¿Por qué se iría?-preguntó Mel. Ella parecía más dispuesta a ayudar mientras Philip seguía dándole vueltas a lo anterior sin encontrar explicación ninguna.
-Buena pregunta. Philip, deja de flipar y colabora. Tratemos esto como un caso-Benjamin empezó a reflexionar-Mi ayudante ha desaparecido…
-…otra vez…-añadió Philip.
-La pregunta clave está en el por qué-continuó Benjamin.
-Se lo estaba pasando tan bien con nosotros... –Mel volvía a parecer triste.
-En realidad ese día no parecía muy contenta. La pasaba algo-completó la información Philip.
-¿Y su madre?¿No estará preocupada por ella?-preguntó Mel.
-Vamos a su casa-dijeron Philip y Benjamin a la vez.
Cuando llegaron, en la puerta de la casa había un gran cartel en el que ponía que se alquilaba. Allí no había nadie. Benjamin se acordó  de que tenía el telefóno de ella de cuando desapareció Honey. Una mujer contestó.
-¿Es usted Anis Switter?
-Si, soy yo.
-Preguntaba por Honey.
-No, aquí no hay ninguna Honey…
-¿No tiene usted una hija?
-No. Pero es curioso: si hubiera tenido una hija sin duda la hubiera puesto ese nombre. Me encanta… ¿De qué nos conocemos?
-Nos conocimos una vez…hace mucho tiempo-mintió Benjamin. Sin duda lo que acababa de decir su madre era muy interesante- ¿Y por qué no tubo una hijo al final? ¿Fue por la muerte de su marido?-Honey le había comentado que su padre murió a causa de una enfermedad y que no lo pudo conocer. Hubo una  pausa larga.
-Sí. Tuvimos problemas para concebir. Haber tenido un hijo para mí hubiera sido ver mi sueño cumplido…
Una vez que colgó, le explicó la conversación a los otros dos.
-Osea que Honey existió pero su madre nunca la concibió, esto cada vez se vuelve más raro-concluyó Philip.
-Está claro que la pobre mujer deseó con todas sus fuerzas tener un hijo…
-Yo también desee que algo nuevo pasase en mi vida y apareció ella-dijo Benjamin.
-Y Mario- añadió Mel. Los otros dos pusieron cara de no saber de lo que hablaba y ella lo explicó- El primer día que nos conocimos, en el bar de Leo, ella nos habló de Mario. Dijo que la quería como una hermana porque siempre había querido tener hermanitos y no los tuvo.
- Recopilemos. Honey es la hija , la hermana y la ayudante deseada por tres personas. Quizá ahí esté la clave…-Philip parecía querer descifrar lo indescifrable.
Volvieron a la oficina. Mel y Philip se sentaron delante de él, Mel todavía con aspecto triste y Philip dándole vueltas a lo anterior.
Benjamin no podía pensar en nada. No había explicación alguna. Y lo peor de todo es que se sentía muy culpable. Esta vez no fue como cuando la secuestraron. Sentía que no podía hacer nada, que se le escapaba de las manos. ¿Había desaparecido para siempre? Ni siquiera había podido decirle lo que sentía… Deseó con todas sus fuerzas que volviese a aparecer.
Una luz dorada invadió la oficina y una voz femenina habló, asustándolos a todos.
-¿Echáis de menos a Honey? – ninguno contestó, la única reacción que tuvieron fue levantarse todos a la vez- Los humanos sois muy egoístas. Yo creé a Honey por su madre, por su amigo y por uno de vosotros y esa persona la hizo sufrir más que nadie- Mel y Philip miraron a Benjamin y esté se mordió el labio de abajo lleno de rabia- No os merecéis haber tenido entre vosotros a un alma pura…
-No sé qué o quién eres, pero lo siento mucho. ¡Hice sufrir a Honey, pero también tuvimos momentos muy felices! ¡Por favor, devuélvenosla! Su madre  y Mario seguro que se sienten muy solos también…
-Me has sorprendido. Por una vez no has sido egoísta. Te daré una segunda oportunidad por ellos, no por ti- y dicho esto último, la oficina de Benjamin se volvió a llenar de luz dorada y Honey apareció de la misma manera que desapareció hacía un mes. Cayó al suelo desmallada.
Los tres la rodearon con alegría y sin podérselo creer. Benjamin la cogió en brazos y la tumbó en el sofá.
-Se despertará dentro de poco y seguro que todo vuelve a ser como antes… -se dijo a sí mismo Benjamin en voz alta.
Mel le lanzó una mirada acusatoria y a la vez de pregunta. Benjamin la sostuvo la mirada un rato sin saber por qué le miraba así, hasta que se dio cuenta. Philip sabía lo que había pasado entre Honey y él, pero quizá ella no. A saber qué se imaginaba que la había hecho a la pobre Honey. De todas formas, si Honey no se lo había contado, él no lo iba a hacer, así que intentó desviar el tema.
-¿Qué es Honey? No me ha quedado claro… ¿Ella sabrá lo que es?
En ese momento, ella empezó a despertar y, para su sorpresa, cuando se incorporó no se acordaba de ellos y reaccionó de forma un poco violenta.
-¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros y por qué me conocéis?
-Honey…
-No os acerquéis- ellos la obedecieron con el fin de no estresarla y salió corriendo por la puerta.
-¿Qué hacemos? Si no se acuerda de nada… ¿a dónde va a ir?-preguntó Mel.
Benjamin reflexionó. Puede que no se acordase de ellos, pero al fin y al cabo Honey era Honey. Quizá empezase a recordar en algún momento e iria a algún sitio importante para ella.
-Vosotros dos id a su casa y esperad en la puerta. Yo voy a ir a otro sitio.
Bajaron y salieron del edificio. En la puerta estaba el inspector Gilliam, el cual, al ver a Benjamin le llamó para saludarle.
-Buenos días inspector Gilliam.
-Acabo de ver pasar a su ayudante, a la que secuestraron… ¿cómo se llamaba?
-Honey.
-¡Sí, eso!-vaya, parecía que la gente se estaba empezando a acordar de ella-Salió en esa dirección.
Honey se sentó en un banco para descansar ya que había corrido sin parar. Miró a su alrededor y decidió que la gustaba ese lugar, que, por alguna razón, a pesar de no conocerlo, la producía un cierto sentimiento de nostalgia y se puso algo nerviosa. Miró hacia arriba, y respiró profundamente. En el cielo lucía un sol lejano que apenas calentaba y nubes grandes y blancas. Subió los pies al banco y apoyó la cabeza en las rodillas e instantáneamente tuvo una impresión de deja vu que la resultó bastante desagradable e hizo que los volviese a bajar. Se levantó y se dirigió hacia una fuente que había frente a ella. Otro sentimiento de deja vu la hizo parpadear rápidamente. Se notaba cada vez más nerviosa y no sabía por qué. La empezó a entrar un cosquilleo en el estómago. Volvió a mirar a su alrededor y volvió a suceder lo mismo, hasta que una voz la sacó de sus pensamientos.
-Honey, sabía que estarías aquí- Benjamin estaba detrás de ella- Sabía que estarías aquí como aquel día de diciembre ¿Te acuerdas?
Ella frunció el entrecejo y entornó los ojos despacio. Algo dentro de ella le decía que él tenía razón, pero no le conocía de nada. Su cara le era totalmente desconocida al igual que su nombre. Estaba claramente confusa y no dijo nada. La curiosidad y las cosquillas en el estómago la habían invadido por completo.
-Claro que aquel día estaba nevado y eso hacía que el paisaje se viese diferente al de ahora, por eso a lo mejor tu cuesta un poco recordarlo- continuó Benjamin acercándose poco a poco. Tenía miedo. Miedo de que ella no le recordara y perder aquella oportunidad. O de perderla a ella.
Estaban frente a frente mirándose a los ojos. Se curvó levemente y la abrazó sin apretarla demasiado. Ella ni se inmutó.
-Honey, lo siento…
Entonces ella le devolvió el abrazo acariciándole la espalda.
-Benjamin…
La soltó a la miró a los ojos. Ya estaba allí de vuelta.
-Benjamin… ¿Por qué estamos en el parque? ¿Por qué nos estamos abrazando?
-Porque estábamos recordando momentos juntos.
-¿Ah, si? Mmm…
-Voy a llamar a Philip y a Mel para que se vengan con nosotros.

viernes, 23 de marzo de 2012

Fiscal en prácticas

expr:id='"post-body-" + data:post.id'> ¡Hola blogeros y seguidores de ¿Qué quieres que te cuente?! Debido a diversos motivos personales no he podido publicar el siguiente capítulo de Fiscal en prácticas, pero he de decir también que ya está en proceso de escritura y será publicado si no es hoy, mañana. Siento mucho haberos dejado así. ¿Todavía quedan muchos capítulos por delante! un saludo: Iria

miércoles, 14 de marzo de 2012

Capítulo 16 de Fiscal en prácticas

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 Era sábado y el lunes había que volver a la rutina, poniendo fin a las cortas vacaciones de Navidad. Ya se había acabado todo lo referente al secuestro de Honey y una veintena de chicas más. Los dos acusados que Honey conocía, Metre y Pulga, y otros que también estaban implicados en la misma banda, estaban a la espera de ser juzgados.
Honey estaba sola en casa y lo estaría hasta el domingo, ya que su madre se había ido a Fortold. Al principio le daba un poco de miedo, pero ya se había mentalizado de que no corría peligro y, además, la policía había fortalecido la seguridad a raíz de los secuestros.
Aunque, en esos momentos, estaba más preocupada por otra cosa. Estaba de pie, inmóvil en medio de su habitación. Soltó unos zapatos que llevaba  en la mano derecha que produjeron un fuerte ruido al caer al suelo, pero que ella no pudo oir. Los mareos que eventualmente la asaltaban sin previo aviso y que iban acompañados de pitidos en los oídos, se habían reducido a unos segundos y tras los cuales, todo a su alrededor parecía detenerse y funcionar a cámara lenta. Podía ver las manecillas del reloj moverse un poco más lentas de lo normal, pero no podía escuchar su tic-tac. Desde el centro de su habitación donde estaba ahora, llegaba a ver los coches pasando a veces por delante de su ventana, pero no escuchaba el sonido de sus motores. Vio como la pantalla de su teléfono móvil se iluminó encima de su mesilla de noche, pero no percibía la melodía que tenía para las llamadas. Lo único que oía era una voz. Una voz que la llamaba, la decía que debía irse, que se despidiera. No sabía muy bien si la oía dentro de su cabeza o a su alrededor, a veces la parecía una cosa y a veces otra. Era una locura.
-¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!-gritó tapándose los oídos y todo pareció volver a la normalidad cuando por fin empezó a oír el sonido de su móvil. Se quedó unos segundos más inmóvil antes de incorporarse del todo y correr hacia la mesilla para responder. Era Benjamin y escuchar su voz era muy tranquilizador.
-¡Honey, tengo buenas noticias!-exclamó emocionado- ¡Me han asignado oficialmente el caso de tu secuestro!
-¡Lo has conseguido!
-¡Sí! Bueno, tampoco me voy a echar muchas flores ya que, como le hice pensar a la policía que yo era el fiscal a cargo y estuve en la escena con ellos, la fiscal general no podía decir que yo actué por mi cuenta desobedeciéndola, así que no ha tenido más remedio que asignarme. ¡Imagínate el escándalo que se montaría si la policía se enterase de que los fiscales no hacen caso a su superior!
-Estoy segura de que llevarás muy bien el caso.
-Oye, ¿estás bien? Te noto como distraída.
-¡No, estoy bien! Es solo que estaba pensando en otras cosas…
-Por cierto, ¡mañana hemos quedado para comer todos juntos y así pasar juntos el último día de vacaciones! ¿Te apuntas, no?
-Claro.
-Vale, pero no traigas dinero, que tu parte corre por mi cuenta.
-¿Cómo?-pero antes de que pudiera objetar, Benjamin dijo lugar y hora, se despidió y colgó.
A la mañana siguiente Honey estaba en las mismas que el día anterior: paralizada y la voz resonando en su cabeza con más fuerza que nunca. Sin saber por qué, cuando la voz desapareció, Honey se puso a pensar qué pasaría si nunca volvía a ver a Benjamin, a Mario o a los demás y no pudo evitar ponerse a llorar como una magdalena ante estos pensamientos. Al cabo de un rato se incorporó preguntándose a si misma el porqué de su reacción y sintiéndose un poco ridícula.
Por fin salió de casa hacia el lugar que la había dicho Benjamin el día anterior y cuando llegó, Philip, Mel y él ya estaban allí, en la puerta de un restaurante de aspecto caro. Los saludó a los tres.
-Se me hace raro que no quedemos en el bar de Leo, ¡y que quedemos sin él!-se preguntó extrañada.
-¡Ah! Eso es porque Leo tenía cosas que hacer y porque nos merecemos algo mejor para empezar el año que un bar ¿no?-la respondió Philip.
-Supongo que sí- admitió sonriente.
-No te preocupes que, como ya te dije, los gastos corren a mi cuenta- la recordó Benjamin.
En ese momento, Honey abrió la boca para oponerse, pero Philip se la tapó.
-¡También estamos aquí para celebrar que existen los buenos y generosos amigos como Benjamin!-la guiñó un ojo dándola a entender que no solo se hacía cargo de los de ella, sino de la comida en general, y Benjamin rio.
-¡Con tanto morro como siempre!-exclamó Mel, abrazando a Honey por el brazo mientras elegían mesa y se sentaban. Honey no podía quejarse, quedar con Philip y Mel juntos significaba risas garantizadas a costa de sus peleas. Por fin se sentaron, eligieron los platos que querían comer entre bromas y peleas de Mel y Philip y por fin comieron. Después del postre trajeron la cuenta, una cifra muy alta y, al contrario de lo que pensaba Honey, Philip se ofreció  a pagar la mitad, cosa a la que Benjamin se negó. Se quedaron el resto de la tarde allí sentados y aprovecharon para merendar algo, helado principalmente, por invitación de Philip. Honey ya no podía comer más. De hecho pensó que no volvería a tener hambre en dos días mínimo. Philip y ella se quedaron solos mientras Mel y Benjamin fueron al servicio. Ya había anochecido y la luna se veía baja y llena, blanca y brillante. No sabía muy bien por qué, pero a lo largo de la tarde un pesado sentimiento de nostalgia la había ido invadiendo poco a poco y se sentía triste a pesar de estar pasando una tarde genial junto a las personas que más la importaban en esos momentos, sin contar con Mario, claro. No pudo evitar quedarse mirando un rato la calle oscura con aspecto melancólico y Philip pareció darse cuenta.
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo…-miró alrededor, más concretamente a la puerta del servicio de caballeros-con Ben?-añadió tras cerciorarse de que no había salido aún.
-No, la verdad es que no me pasa nada en general. Es simplemente que hoy parece que estoy un poco menos entusiasta que otros días. Con Benjamin todo genial-sonrió tiernamente al decir esto último.
-¡Tienes cara de enamorada!-exclamó con cara de pillo y Honey se ruborizó un poco- Lo de tu secuestro parece haberos unido más. Tenías que haber visto lo preocupado que estaba por ti.
Honey vio como Benjamin salía de la puerta del baño y le hizo un gesto rápido a Philip para que no dijese nada más y luego le volvió a sonreír tiernamente dándole su sonrisa como respuesta.
La tarde había pasado rápida y agradablemente en la mejor compañía posible y con la mejor comida. Cuando salieron del restaurante ya eran las 7 y media y decidieron dar una vuelta andando para bajar la comida. Iban caminando por una calle estrechita, hablando cuando las luces de las farolas se encendieron de una en una y todos miraron arriba a la vez. Honey se quedó mirando tristemente la luna y se paró en seco. Unos pasos más adelante, cuando los demás notaron su ausencia se pararon y miraron hacia atrás buscándola. Ella no reaccionó.
-¡Honey!-exclamó alegremente Mel.
Honey bajó la cabeza para mirarles.
-Tengo que irme.
-¿A dónde? No tenemos prisa, te podemos acompañar.
- No, tengo que ir sola. Me están esperando-les miró con ternura mientras una lágrima recorrió su mejilla y los tres se empezaron a preocupar- Me lo he pasado muy bien esta tarde. En realidad no quiero irme. Os he cogido tanto cariño… pero no tengo más remedio que despedirme. Adiós. ¡Os quiero mucho!
Y dicho esto, su cuerpo empezó a brillar con fuerza, desprendiendo brillos dorados y se levantó unos centímetros del suelo. Su pelo rizado empezó a ondear, quedándose liso y su ropa desapareció. Solo se veía su silueta dorada en la oscuridad de la noche. Abrió los ojos en blanco. Estaba claro  que su cuerpo no era nada más que un recipiente vacío y, con una leve sonrisa, se evaporó en un halo de luz del mismo color.
¿No has pensado nunca que hay personas que solo existen para hacernos felices?