miércoles, 14 de marzo de 2012

Capítulo 16 de Fiscal en prácticas

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 Era sábado y el lunes había que volver a la rutina, poniendo fin a las cortas vacaciones de Navidad. Ya se había acabado todo lo referente al secuestro de Honey y una veintena de chicas más. Los dos acusados que Honey conocía, Metre y Pulga, y otros que también estaban implicados en la misma banda, estaban a la espera de ser juzgados.
Honey estaba sola en casa y lo estaría hasta el domingo, ya que su madre se había ido a Fortold. Al principio le daba un poco de miedo, pero ya se había mentalizado de que no corría peligro y, además, la policía había fortalecido la seguridad a raíz de los secuestros.
Aunque, en esos momentos, estaba más preocupada por otra cosa. Estaba de pie, inmóvil en medio de su habitación. Soltó unos zapatos que llevaba  en la mano derecha que produjeron un fuerte ruido al caer al suelo, pero que ella no pudo oir. Los mareos que eventualmente la asaltaban sin previo aviso y que iban acompañados de pitidos en los oídos, se habían reducido a unos segundos y tras los cuales, todo a su alrededor parecía detenerse y funcionar a cámara lenta. Podía ver las manecillas del reloj moverse un poco más lentas de lo normal, pero no podía escuchar su tic-tac. Desde el centro de su habitación donde estaba ahora, llegaba a ver los coches pasando a veces por delante de su ventana, pero no escuchaba el sonido de sus motores. Vio como la pantalla de su teléfono móvil se iluminó encima de su mesilla de noche, pero no percibía la melodía que tenía para las llamadas. Lo único que oía era una voz. Una voz que la llamaba, la decía que debía irse, que se despidiera. No sabía muy bien si la oía dentro de su cabeza o a su alrededor, a veces la parecía una cosa y a veces otra. Era una locura.
-¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!-gritó tapándose los oídos y todo pareció volver a la normalidad cuando por fin empezó a oír el sonido de su móvil. Se quedó unos segundos más inmóvil antes de incorporarse del todo y correr hacia la mesilla para responder. Era Benjamin y escuchar su voz era muy tranquilizador.
-¡Honey, tengo buenas noticias!-exclamó emocionado- ¡Me han asignado oficialmente el caso de tu secuestro!
-¡Lo has conseguido!
-¡Sí! Bueno, tampoco me voy a echar muchas flores ya que, como le hice pensar a la policía que yo era el fiscal a cargo y estuve en la escena con ellos, la fiscal general no podía decir que yo actué por mi cuenta desobedeciéndola, así que no ha tenido más remedio que asignarme. ¡Imagínate el escándalo que se montaría si la policía se enterase de que los fiscales no hacen caso a su superior!
-Estoy segura de que llevarás muy bien el caso.
-Oye, ¿estás bien? Te noto como distraída.
-¡No, estoy bien! Es solo que estaba pensando en otras cosas…
-Por cierto, ¡mañana hemos quedado para comer todos juntos y así pasar juntos el último día de vacaciones! ¿Te apuntas, no?
-Claro.
-Vale, pero no traigas dinero, que tu parte corre por mi cuenta.
-¿Cómo?-pero antes de que pudiera objetar, Benjamin dijo lugar y hora, se despidió y colgó.
A la mañana siguiente Honey estaba en las mismas que el día anterior: paralizada y la voz resonando en su cabeza con más fuerza que nunca. Sin saber por qué, cuando la voz desapareció, Honey se puso a pensar qué pasaría si nunca volvía a ver a Benjamin, a Mario o a los demás y no pudo evitar ponerse a llorar como una magdalena ante estos pensamientos. Al cabo de un rato se incorporó preguntándose a si misma el porqué de su reacción y sintiéndose un poco ridícula.
Por fin salió de casa hacia el lugar que la había dicho Benjamin el día anterior y cuando llegó, Philip, Mel y él ya estaban allí, en la puerta de un restaurante de aspecto caro. Los saludó a los tres.
-Se me hace raro que no quedemos en el bar de Leo, ¡y que quedemos sin él!-se preguntó extrañada.
-¡Ah! Eso es porque Leo tenía cosas que hacer y porque nos merecemos algo mejor para empezar el año que un bar ¿no?-la respondió Philip.
-Supongo que sí- admitió sonriente.
-No te preocupes que, como ya te dije, los gastos corren a mi cuenta- la recordó Benjamin.
En ese momento, Honey abrió la boca para oponerse, pero Philip se la tapó.
-¡También estamos aquí para celebrar que existen los buenos y generosos amigos como Benjamin!-la guiñó un ojo dándola a entender que no solo se hacía cargo de los de ella, sino de la comida en general, y Benjamin rio.
-¡Con tanto morro como siempre!-exclamó Mel, abrazando a Honey por el brazo mientras elegían mesa y se sentaban. Honey no podía quejarse, quedar con Philip y Mel juntos significaba risas garantizadas a costa de sus peleas. Por fin se sentaron, eligieron los platos que querían comer entre bromas y peleas de Mel y Philip y por fin comieron. Después del postre trajeron la cuenta, una cifra muy alta y, al contrario de lo que pensaba Honey, Philip se ofreció  a pagar la mitad, cosa a la que Benjamin se negó. Se quedaron el resto de la tarde allí sentados y aprovecharon para merendar algo, helado principalmente, por invitación de Philip. Honey ya no podía comer más. De hecho pensó que no volvería a tener hambre en dos días mínimo. Philip y ella se quedaron solos mientras Mel y Benjamin fueron al servicio. Ya había anochecido y la luna se veía baja y llena, blanca y brillante. No sabía muy bien por qué, pero a lo largo de la tarde un pesado sentimiento de nostalgia la había ido invadiendo poco a poco y se sentía triste a pesar de estar pasando una tarde genial junto a las personas que más la importaban en esos momentos, sin contar con Mario, claro. No pudo evitar quedarse mirando un rato la calle oscura con aspecto melancólico y Philip pareció darse cuenta.
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo…-miró alrededor, más concretamente a la puerta del servicio de caballeros-con Ben?-añadió tras cerciorarse de que no había salido aún.
-No, la verdad es que no me pasa nada en general. Es simplemente que hoy parece que estoy un poco menos entusiasta que otros días. Con Benjamin todo genial-sonrió tiernamente al decir esto último.
-¡Tienes cara de enamorada!-exclamó con cara de pillo y Honey se ruborizó un poco- Lo de tu secuestro parece haberos unido más. Tenías que haber visto lo preocupado que estaba por ti.
Honey vio como Benjamin salía de la puerta del baño y le hizo un gesto rápido a Philip para que no dijese nada más y luego le volvió a sonreír tiernamente dándole su sonrisa como respuesta.
La tarde había pasado rápida y agradablemente en la mejor compañía posible y con la mejor comida. Cuando salieron del restaurante ya eran las 7 y media y decidieron dar una vuelta andando para bajar la comida. Iban caminando por una calle estrechita, hablando cuando las luces de las farolas se encendieron de una en una y todos miraron arriba a la vez. Honey se quedó mirando tristemente la luna y se paró en seco. Unos pasos más adelante, cuando los demás notaron su ausencia se pararon y miraron hacia atrás buscándola. Ella no reaccionó.
-¡Honey!-exclamó alegremente Mel.
Honey bajó la cabeza para mirarles.
-Tengo que irme.
-¿A dónde? No tenemos prisa, te podemos acompañar.
- No, tengo que ir sola. Me están esperando-les miró con ternura mientras una lágrima recorrió su mejilla y los tres se empezaron a preocupar- Me lo he pasado muy bien esta tarde. En realidad no quiero irme. Os he cogido tanto cariño… pero no tengo más remedio que despedirme. Adiós. ¡Os quiero mucho!
Y dicho esto, su cuerpo empezó a brillar con fuerza, desprendiendo brillos dorados y se levantó unos centímetros del suelo. Su pelo rizado empezó a ondear, quedándose liso y su ropa desapareció. Solo se veía su silueta dorada en la oscuridad de la noche. Abrió los ojos en blanco. Estaba claro  que su cuerpo no era nada más que un recipiente vacío y, con una leve sonrisa, se evaporó en un halo de luz del mismo color.
¿No has pensado nunca que hay personas que solo existen para hacernos felices?

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