sábado, 24 de marzo de 2012

Capítulo 17 de Fiscal en prácticas

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Benjamin entró como todas las mañanas a su despacho. Inexplicablemente, sus acciones se habían convertido en algo puramente mecánico. Se tomaba té o café mientras leía el periódico y a las 9 miraba la puerta de su despacho esperando a que Honey entrara por ella. Pero no lo hacía, y sobre las 9 y cuarto empezaba su trabajo. Él sabía que algo pasaba, que algo no estaba bien, pero había algo en su cabeza que le impedía pensar y reaccionar. Una especie de candado que bloqueaba su albedrío, su personalidad y que le impedía preocuparse. Y así había pasado un mes.
Un lunes entró en su despacho como todas las mañanas y realizó sus acciones cotidianas en un día laboral hasta las 9, hora a la que se paró a esperar a que Honey entrara por la puerta. Abrió su cajón y rebuscó dentro en busca de unos papeles específicos mientras esperaba. En medio de la búsqueda encontró un calendario grande que le mandaban a la oficina todos los años por si lo quería colgar en la pared. Era del año anterior y pensó en tirarlo ya que le habían mandado otro. Lo hojeó y paró sin darse cuenta en septiembre. Algo hizo que deslizase su dedo y se parase concretamente en el 17 y su cabeza empezó a dar vueltas, viniéndosele imágenes.
17 de septiembre. Llamaron a la puerta temprano y Honey entró presentándose.
19 de septiembre. Honey llegando sofocada pero sonriente al juzgado, justo antes de que empezara el juicio.
24 de septiembre. Ella apoyada en la pared, preocupada por el secuestro de Mario.
¿…?
Diciembre llegó cargado de recuerdos tanto buenos como malos. Su dedo los fue recorriendo poco a poco encima del calendario.
Honey llegando en el momento oportuno en la reunión con los dosieres y su beso en el sofá.
Honey saliendo corriendo llorando del despacho de Philip.
Su abrazo de reconciliación en medio del parque nevado al día siguiente.
¿Honey…?
Ella riendo tanto en la fiesta de navidad y como luego en su coche.
Cogiéndola en brazos cuando por fin la encontraron después de tres días desaparecida.
¿Qué está…?
Y se acabó diciembre. Alargó la mano y buscó dentro del cajón el calendario nuevo. Enero.
Su comida en el restaurante y…
Benjamin abrió mucho los ojos y luego los cerró. Su última imagen de ella se perdía entre brillos dorados en la oscuridad de una calle estrecha. Algo dentro de él despertó y por fin pudo reaccionar.
Honey había desaparecido, se había evaporado literalmente hacía un mes y no entedía muy bien por qué no había hecho nada al respecto y, ni siquiera, se había preguntado el por qué. Allí estaban también Philip y Mel. Había estado con ellos recientemente y no habían mencionado el tema. La preocupación se apoderó de él. Lo más increíble era cómo desapareció… ¡no había explicación alguna! Hizo dos llamadas telefónicas: la primera a la fiscal general. Esta al preguntarle por su ayudante le respondió que él en septiembre se había negado a solicitar uno. Alarmado, llamó después a Mel y a Philip y al cabo de una hora estaban en su despacho. Les recibió serio.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué tanta urgencia?-preguntó extrañado Philip.
-Honey.
-Hace mucho que no la veo…-parecía que Mel estaba haciendo un esfuerzo por recordar algo. Entonces Benjamin supuso que les pasaba lo mismo que le pasaba a él antes de recordar y les contó lo que pasó el día en que Honey desapareció. Su reacción fue inmediata. Se miraron ambos extrañados.
-¡Oye! ¡Honey se iluminó, tio! ¡Se iluminó y se volatilizó! ¿Qué persona normal puede hacer eso?-Philip parecía haberse dado cuenta de lo raro de la situación, sin embargo, Mel parecía triste.
-Llevo un mes sin verla y ni siquiera la he echado de menos…- dijo por fin mirando a Benjamin, el cual se acercó a ella y la puso una mano en el hombro como señal de complicidad.
- Lo importante ahora mismo es encontrarla-los otros dos se volvieron a mirar extrañados- Honey tiene que estar en alguna parte…
-¿Es que no te acuerdas? ¡Hizo puff y desaparecio!-Philip parecía un poco desconcertado.
-Sé que tiene que estar en algún sitio.
-¿Por qué se iría?-preguntó Mel. Ella parecía más dispuesta a ayudar mientras Philip seguía dándole vueltas a lo anterior sin encontrar explicación ninguna.
-Buena pregunta. Philip, deja de flipar y colabora. Tratemos esto como un caso-Benjamin empezó a reflexionar-Mi ayudante ha desaparecido…
-…otra vez…-añadió Philip.
-La pregunta clave está en el por qué-continuó Benjamin.
-Se lo estaba pasando tan bien con nosotros... –Mel volvía a parecer triste.
-En realidad ese día no parecía muy contenta. La pasaba algo-completó la información Philip.
-¿Y su madre?¿No estará preocupada por ella?-preguntó Mel.
-Vamos a su casa-dijeron Philip y Benjamin a la vez.
Cuando llegaron, en la puerta de la casa había un gran cartel en el que ponía que se alquilaba. Allí no había nadie. Benjamin se acordó  de que tenía el telefóno de ella de cuando desapareció Honey. Una mujer contestó.
-¿Es usted Anis Switter?
-Si, soy yo.
-Preguntaba por Honey.
-No, aquí no hay ninguna Honey…
-¿No tiene usted una hija?
-No. Pero es curioso: si hubiera tenido una hija sin duda la hubiera puesto ese nombre. Me encanta… ¿De qué nos conocemos?
-Nos conocimos una vez…hace mucho tiempo-mintió Benjamin. Sin duda lo que acababa de decir su madre era muy interesante- ¿Y por qué no tubo una hijo al final? ¿Fue por la muerte de su marido?-Honey le había comentado que su padre murió a causa de una enfermedad y que no lo pudo conocer. Hubo una  pausa larga.
-Sí. Tuvimos problemas para concebir. Haber tenido un hijo para mí hubiera sido ver mi sueño cumplido…
Una vez que colgó, le explicó la conversación a los otros dos.
-Osea que Honey existió pero su madre nunca la concibió, esto cada vez se vuelve más raro-concluyó Philip.
-Está claro que la pobre mujer deseó con todas sus fuerzas tener un hijo…
-Yo también desee que algo nuevo pasase en mi vida y apareció ella-dijo Benjamin.
-Y Mario- añadió Mel. Los otros dos pusieron cara de no saber de lo que hablaba y ella lo explicó- El primer día que nos conocimos, en el bar de Leo, ella nos habló de Mario. Dijo que la quería como una hermana porque siempre había querido tener hermanitos y no los tuvo.
- Recopilemos. Honey es la hija , la hermana y la ayudante deseada por tres personas. Quizá ahí esté la clave…-Philip parecía querer descifrar lo indescifrable.
Volvieron a la oficina. Mel y Philip se sentaron delante de él, Mel todavía con aspecto triste y Philip dándole vueltas a lo anterior.
Benjamin no podía pensar en nada. No había explicación alguna. Y lo peor de todo es que se sentía muy culpable. Esta vez no fue como cuando la secuestraron. Sentía que no podía hacer nada, que se le escapaba de las manos. ¿Había desaparecido para siempre? Ni siquiera había podido decirle lo que sentía… Deseó con todas sus fuerzas que volviese a aparecer.
Una luz dorada invadió la oficina y una voz femenina habló, asustándolos a todos.
-¿Echáis de menos a Honey? – ninguno contestó, la única reacción que tuvieron fue levantarse todos a la vez- Los humanos sois muy egoístas. Yo creé a Honey por su madre, por su amigo y por uno de vosotros y esa persona la hizo sufrir más que nadie- Mel y Philip miraron a Benjamin y esté se mordió el labio de abajo lleno de rabia- No os merecéis haber tenido entre vosotros a un alma pura…
-No sé qué o quién eres, pero lo siento mucho. ¡Hice sufrir a Honey, pero también tuvimos momentos muy felices! ¡Por favor, devuélvenosla! Su madre  y Mario seguro que se sienten muy solos también…
-Me has sorprendido. Por una vez no has sido egoísta. Te daré una segunda oportunidad por ellos, no por ti- y dicho esto último, la oficina de Benjamin se volvió a llenar de luz dorada y Honey apareció de la misma manera que desapareció hacía un mes. Cayó al suelo desmallada.
Los tres la rodearon con alegría y sin podérselo creer. Benjamin la cogió en brazos y la tumbó en el sofá.
-Se despertará dentro de poco y seguro que todo vuelve a ser como antes… -se dijo a sí mismo Benjamin en voz alta.
Mel le lanzó una mirada acusatoria y a la vez de pregunta. Benjamin la sostuvo la mirada un rato sin saber por qué le miraba así, hasta que se dio cuenta. Philip sabía lo que había pasado entre Honey y él, pero quizá ella no. A saber qué se imaginaba que la había hecho a la pobre Honey. De todas formas, si Honey no se lo había contado, él no lo iba a hacer, así que intentó desviar el tema.
-¿Qué es Honey? No me ha quedado claro… ¿Ella sabrá lo que es?
En ese momento, ella empezó a despertar y, para su sorpresa, cuando se incorporó no se acordaba de ellos y reaccionó de forma un poco violenta.
-¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros y por qué me conocéis?
-Honey…
-No os acerquéis- ellos la obedecieron con el fin de no estresarla y salió corriendo por la puerta.
-¿Qué hacemos? Si no se acuerda de nada… ¿a dónde va a ir?-preguntó Mel.
Benjamin reflexionó. Puede que no se acordase de ellos, pero al fin y al cabo Honey era Honey. Quizá empezase a recordar en algún momento e iria a algún sitio importante para ella.
-Vosotros dos id a su casa y esperad en la puerta. Yo voy a ir a otro sitio.
Bajaron y salieron del edificio. En la puerta estaba el inspector Gilliam, el cual, al ver a Benjamin le llamó para saludarle.
-Buenos días inspector Gilliam.
-Acabo de ver pasar a su ayudante, a la que secuestraron… ¿cómo se llamaba?
-Honey.
-¡Sí, eso!-vaya, parecía que la gente se estaba empezando a acordar de ella-Salió en esa dirección.
Honey se sentó en un banco para descansar ya que había corrido sin parar. Miró a su alrededor y decidió que la gustaba ese lugar, que, por alguna razón, a pesar de no conocerlo, la producía un cierto sentimiento de nostalgia y se puso algo nerviosa. Miró hacia arriba, y respiró profundamente. En el cielo lucía un sol lejano que apenas calentaba y nubes grandes y blancas. Subió los pies al banco y apoyó la cabeza en las rodillas e instantáneamente tuvo una impresión de deja vu que la resultó bastante desagradable e hizo que los volviese a bajar. Se levantó y se dirigió hacia una fuente que había frente a ella. Otro sentimiento de deja vu la hizo parpadear rápidamente. Se notaba cada vez más nerviosa y no sabía por qué. La empezó a entrar un cosquilleo en el estómago. Volvió a mirar a su alrededor y volvió a suceder lo mismo, hasta que una voz la sacó de sus pensamientos.
-Honey, sabía que estarías aquí- Benjamin estaba detrás de ella- Sabía que estarías aquí como aquel día de diciembre ¿Te acuerdas?
Ella frunció el entrecejo y entornó los ojos despacio. Algo dentro de ella le decía que él tenía razón, pero no le conocía de nada. Su cara le era totalmente desconocida al igual que su nombre. Estaba claramente confusa y no dijo nada. La curiosidad y las cosquillas en el estómago la habían invadido por completo.
-Claro que aquel día estaba nevado y eso hacía que el paisaje se viese diferente al de ahora, por eso a lo mejor tu cuesta un poco recordarlo- continuó Benjamin acercándose poco a poco. Tenía miedo. Miedo de que ella no le recordara y perder aquella oportunidad. O de perderla a ella.
Estaban frente a frente mirándose a los ojos. Se curvó levemente y la abrazó sin apretarla demasiado. Ella ni se inmutó.
-Honey, lo siento…
Entonces ella le devolvió el abrazo acariciándole la espalda.
-Benjamin…
La soltó a la miró a los ojos. Ya estaba allí de vuelta.
-Benjamin… ¿Por qué estamos en el parque? ¿Por qué nos estamos abrazando?
-Porque estábamos recordando momentos juntos.
-¿Ah, si? Mmm…
-Voy a llamar a Philip y a Mel para que se vengan con nosotros.

viernes, 23 de marzo de 2012

Fiscal en prácticas

expr:id='"post-body-" + data:post.id'> ¡Hola blogeros y seguidores de ¿Qué quieres que te cuente?! Debido a diversos motivos personales no he podido publicar el siguiente capítulo de Fiscal en prácticas, pero he de decir también que ya está en proceso de escritura y será publicado si no es hoy, mañana. Siento mucho haberos dejado así. ¿Todavía quedan muchos capítulos por delante! un saludo: Iria

miércoles, 14 de marzo de 2012

Capítulo 16 de Fiscal en prácticas

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 Era sábado y el lunes había que volver a la rutina, poniendo fin a las cortas vacaciones de Navidad. Ya se había acabado todo lo referente al secuestro de Honey y una veintena de chicas más. Los dos acusados que Honey conocía, Metre y Pulga, y otros que también estaban implicados en la misma banda, estaban a la espera de ser juzgados.
Honey estaba sola en casa y lo estaría hasta el domingo, ya que su madre se había ido a Fortold. Al principio le daba un poco de miedo, pero ya se había mentalizado de que no corría peligro y, además, la policía había fortalecido la seguridad a raíz de los secuestros.
Aunque, en esos momentos, estaba más preocupada por otra cosa. Estaba de pie, inmóvil en medio de su habitación. Soltó unos zapatos que llevaba  en la mano derecha que produjeron un fuerte ruido al caer al suelo, pero que ella no pudo oir. Los mareos que eventualmente la asaltaban sin previo aviso y que iban acompañados de pitidos en los oídos, se habían reducido a unos segundos y tras los cuales, todo a su alrededor parecía detenerse y funcionar a cámara lenta. Podía ver las manecillas del reloj moverse un poco más lentas de lo normal, pero no podía escuchar su tic-tac. Desde el centro de su habitación donde estaba ahora, llegaba a ver los coches pasando a veces por delante de su ventana, pero no escuchaba el sonido de sus motores. Vio como la pantalla de su teléfono móvil se iluminó encima de su mesilla de noche, pero no percibía la melodía que tenía para las llamadas. Lo único que oía era una voz. Una voz que la llamaba, la decía que debía irse, que se despidiera. No sabía muy bien si la oía dentro de su cabeza o a su alrededor, a veces la parecía una cosa y a veces otra. Era una locura.
-¡AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!-gritó tapándose los oídos y todo pareció volver a la normalidad cuando por fin empezó a oír el sonido de su móvil. Se quedó unos segundos más inmóvil antes de incorporarse del todo y correr hacia la mesilla para responder. Era Benjamin y escuchar su voz era muy tranquilizador.
-¡Honey, tengo buenas noticias!-exclamó emocionado- ¡Me han asignado oficialmente el caso de tu secuestro!
-¡Lo has conseguido!
-¡Sí! Bueno, tampoco me voy a echar muchas flores ya que, como le hice pensar a la policía que yo era el fiscal a cargo y estuve en la escena con ellos, la fiscal general no podía decir que yo actué por mi cuenta desobedeciéndola, así que no ha tenido más remedio que asignarme. ¡Imagínate el escándalo que se montaría si la policía se enterase de que los fiscales no hacen caso a su superior!
-Estoy segura de que llevarás muy bien el caso.
-Oye, ¿estás bien? Te noto como distraída.
-¡No, estoy bien! Es solo que estaba pensando en otras cosas…
-Por cierto, ¡mañana hemos quedado para comer todos juntos y así pasar juntos el último día de vacaciones! ¿Te apuntas, no?
-Claro.
-Vale, pero no traigas dinero, que tu parte corre por mi cuenta.
-¿Cómo?-pero antes de que pudiera objetar, Benjamin dijo lugar y hora, se despidió y colgó.
A la mañana siguiente Honey estaba en las mismas que el día anterior: paralizada y la voz resonando en su cabeza con más fuerza que nunca. Sin saber por qué, cuando la voz desapareció, Honey se puso a pensar qué pasaría si nunca volvía a ver a Benjamin, a Mario o a los demás y no pudo evitar ponerse a llorar como una magdalena ante estos pensamientos. Al cabo de un rato se incorporó preguntándose a si misma el porqué de su reacción y sintiéndose un poco ridícula.
Por fin salió de casa hacia el lugar que la había dicho Benjamin el día anterior y cuando llegó, Philip, Mel y él ya estaban allí, en la puerta de un restaurante de aspecto caro. Los saludó a los tres.
-Se me hace raro que no quedemos en el bar de Leo, ¡y que quedemos sin él!-se preguntó extrañada.
-¡Ah! Eso es porque Leo tenía cosas que hacer y porque nos merecemos algo mejor para empezar el año que un bar ¿no?-la respondió Philip.
-Supongo que sí- admitió sonriente.
-No te preocupes que, como ya te dije, los gastos corren a mi cuenta- la recordó Benjamin.
En ese momento, Honey abrió la boca para oponerse, pero Philip se la tapó.
-¡También estamos aquí para celebrar que existen los buenos y generosos amigos como Benjamin!-la guiñó un ojo dándola a entender que no solo se hacía cargo de los de ella, sino de la comida en general, y Benjamin rio.
-¡Con tanto morro como siempre!-exclamó Mel, abrazando a Honey por el brazo mientras elegían mesa y se sentaban. Honey no podía quejarse, quedar con Philip y Mel juntos significaba risas garantizadas a costa de sus peleas. Por fin se sentaron, eligieron los platos que querían comer entre bromas y peleas de Mel y Philip y por fin comieron. Después del postre trajeron la cuenta, una cifra muy alta y, al contrario de lo que pensaba Honey, Philip se ofreció  a pagar la mitad, cosa a la que Benjamin se negó. Se quedaron el resto de la tarde allí sentados y aprovecharon para merendar algo, helado principalmente, por invitación de Philip. Honey ya no podía comer más. De hecho pensó que no volvería a tener hambre en dos días mínimo. Philip y ella se quedaron solos mientras Mel y Benjamin fueron al servicio. Ya había anochecido y la luna se veía baja y llena, blanca y brillante. No sabía muy bien por qué, pero a lo largo de la tarde un pesado sentimiento de nostalgia la había ido invadiendo poco a poco y se sentía triste a pesar de estar pasando una tarde genial junto a las personas que más la importaban en esos momentos, sin contar con Mario, claro. No pudo evitar quedarse mirando un rato la calle oscura con aspecto melancólico y Philip pareció darse cuenta.
-¿Estás bien? ¿Te pasa algo…-miró alrededor, más concretamente a la puerta del servicio de caballeros-con Ben?-añadió tras cerciorarse de que no había salido aún.
-No, la verdad es que no me pasa nada en general. Es simplemente que hoy parece que estoy un poco menos entusiasta que otros días. Con Benjamin todo genial-sonrió tiernamente al decir esto último.
-¡Tienes cara de enamorada!-exclamó con cara de pillo y Honey se ruborizó un poco- Lo de tu secuestro parece haberos unido más. Tenías que haber visto lo preocupado que estaba por ti.
Honey vio como Benjamin salía de la puerta del baño y le hizo un gesto rápido a Philip para que no dijese nada más y luego le volvió a sonreír tiernamente dándole su sonrisa como respuesta.
La tarde había pasado rápida y agradablemente en la mejor compañía posible y con la mejor comida. Cuando salieron del restaurante ya eran las 7 y media y decidieron dar una vuelta andando para bajar la comida. Iban caminando por una calle estrechita, hablando cuando las luces de las farolas se encendieron de una en una y todos miraron arriba a la vez. Honey se quedó mirando tristemente la luna y se paró en seco. Unos pasos más adelante, cuando los demás notaron su ausencia se pararon y miraron hacia atrás buscándola. Ella no reaccionó.
-¡Honey!-exclamó alegremente Mel.
Honey bajó la cabeza para mirarles.
-Tengo que irme.
-¿A dónde? No tenemos prisa, te podemos acompañar.
- No, tengo que ir sola. Me están esperando-les miró con ternura mientras una lágrima recorrió su mejilla y los tres se empezaron a preocupar- Me lo he pasado muy bien esta tarde. En realidad no quiero irme. Os he cogido tanto cariño… pero no tengo más remedio que despedirme. Adiós. ¡Os quiero mucho!
Y dicho esto, su cuerpo empezó a brillar con fuerza, desprendiendo brillos dorados y se levantó unos centímetros del suelo. Su pelo rizado empezó a ondear, quedándose liso y su ropa desapareció. Solo se veía su silueta dorada en la oscuridad de la noche. Abrió los ojos en blanco. Estaba claro  que su cuerpo no era nada más que un recipiente vacío y, con una leve sonrisa, se evaporó en un halo de luz del mismo color.
¿No has pensado nunca que hay personas que solo existen para hacernos felices?

jueves, 8 de marzo de 2012

Capítulo 15 de Fiscal en prácticas

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Benjamin acudió lo más rápido que pudo a la comisaría después de recibir la llamada telefónica del inspector Gilliam. Cuando dio con él, estaba rodeado de policías preparándose para algo.
-Inspector…
-¡Ah! ¡Qué rápido ha venido, Edwards! Tal y como le dije, ya estamos preparados para entrar en la casa y desarticular la red de tráfico de mujeres.
-¿Sabe algo de Honey? ¿Está ella dentro?
-No sabemos nada, ni de ella ni de las otras tres chicas que desparecieron esa misma noche. Ojalá con un poco de suerte no las hayan sacado ya del país.
-¡¿Sacarlas del país?!
-Usted puede venir con nosotros como fiscal del caso. Se quedará con un coche hasta oir la señal en la radio de que ya se puede acceder dentro-le ordenó el policía sin hacer caso de la exclamación de Benjamin y dando por hecho que él era el fiscal.
Sin tener nada más que decir, Benjamin los siguió y se quedó con un agente de policía en un coche, esperando órdenes mientras un montón de agentes sigilosamente entraban camuflados de negro con la oscuridad de la noche prematura de invierno. En la radio no se oía nada y Benjamin estaba de los nervios.
-¿Cuál es la señal para indicar que ya está el camino libre?-le preguntó al policía que tenía a su lado, el cual iba armado hasta los dientes, al darse cuenta de que le faltaba esa información.
-Disponible, señor- y tras la contestación, volvieron a mantener un silencio sepulcral.
De pronto, en la radio se empezaron a oír gritos:
-¡POLICÍA! ¡NO SE MUEVA! ¡Las manos donde podamos verlas y contra la pared! ¡CONTRA LA PARED! ¡Hemos encontrado a un hombre de complexión robusta y desarmado! En la misma habitación se encuentra una mujer enjaulada y con claros síntomas de deshidratación. Llamen a los servicios médicos. Repito: llamen a los servicios médicos- a esto respondió el policía que acompañaba a Benjamin recibido.
Benjamin ya no podía esperar más: quizá era Honey. No pudo evitarlo y salió del coche desesperado. Andó rápido unos pasos, dio la vuelta y resopló llevándose las manos a la cabeza. Los faros de un coche le deslumbraron y le hicieron entornar los ojos hasta que paró, se apagaron y de él bajó una mujer. Era Alisson Sabad.
-¡EDWARDS! ¡Sabía que usted estaría aquí! ¿Puede decirme qué se le pasa a usted por la cabeza? ¿Qué le dije?-Benjamin se sentía como un niño regañado por su madre- ¡Se está jugando mucho, señor Edwards!-entonces por la radio del coche donde estaba metido el policía escuchando la regañina estupefacto, se oyó despejado y Benjamin interpretó eso como una señal para entrar en la casa y librarse de la fiscal general, dejándola una vez más con la palabra en la boca.
Cruzó un jardín mal cuidado y entró por la puerta principal o más bien por encima de ella, ya que la habían tirado y estaba en el suelo. A los lados había dos policías haciendo guardia. Miró alrededor: la casa estaba semidesierta a excepción de unos muebles mal colocados, toda llena de polvo y envoltorios de golosinas y comida precocinada tirados por el suelo. Frente a la puerta había dos escaleras, una que subía y otra que bajaba y dudó durante unos segundos, pero al ver un rayo de luz en las que descendían, decidió bajar al sótano pensando que allí estaría la policía.
Cuando llegó abajo no había nadie, ni luz. Se encontraba en un pasillo muy estrecho todo de cemento y ladrillos sin revestir, tal y como quedó de obra. Dio unos pasos dudando de si dar la vuelta o no pero una voz le alertó y siguió hacia delante. Se dio cuenta de que la voz pedía auxilio y aceleró el paso hasta pasar por delante de una puerta cerrada. Se quedó frente a ella y pudo escuchar los gritos al otro lado claramente.
-¡Honey!
Abrió la puerta y allí estaba ella, agarrada a los barrotes de la jaula en la que estaba presa. Corrió hacia la jaula, abrió unos cerrojos que sujetaban el techo a los lados y levantó el techo hacia atrás.
-¡Benjamin, Benjamin!-no paraba de decir Honey llena de alegría mientras intentaba ponerse de pie para abrazarle, pero las piernas no la respondían demasiado bien.
-Ya está, ya estas a salvo. Todo ha pasado-Benjamin la pasó una mano por la espalda y otra por detrás de las piernas y la cogió en brazos al ver que no podía sostenerse por si sola. Estaba claramente preocupado por ello- ¿Te han hecho algo malo? ¿Tienes alguna herida?
-No, estoy bien- y le abrazó apretándole fuerte.
De pronto la puerta de la habitación se cerró y los dos miraron hacia ella: allí estaba Metre.
-¿Y tú quién demonios eres? ¿Un superhéroe? ¡Suelta la mercancía!-dijo en tono amenazador, con una malvada sonrisa de oreja a oreja y sin gritar. Se llevó las manos a la espalda y estiró la goma del pantalón, sacando una pistola con la que les apuntó.
-¡Eh! ¡Tranquilo!- Benjamin bajó a Honey despacio y la dejó en el suelo a su lado- No te preocupes-la susurró antes de enderezarse.
-Dolly, ven aquí-la ordenó Metre .Ella miró a Benjamin e intentó levantarse, pero sus piernas no querían hacerla caso- Tú, para atrás-ordenó ahora a Benjamin.
Benjamin fue rodeando la mesa ya que estaban dándole la espalda a la jaula y era imposible retroceder en esa dirección. Metre se fue acercando a ella, la agarró por un brazo y tiró de ella para intentar levantarla. Benjamin en ese momento aprovechó para coger un objeto pesado de hierro que había encima de la mesa central y golpearle en la espalda, haciendo que soltase la pistola, la cual calló alejada de los dos. Metre gritó de dolor y se abalanzó sobre Benjamin derribándole y pegándole un puñetazo en la cara. Ahora era Benjamin el que se llevó las manos a la cara y gritó intentando incorporarse para poder respirar y no tragarse la sangre que le salía por la nariz. Metre se levantó de encima de él y recogió la pistola apuntándole mientras la quitaba el seguro. ¡Le iba a disparar!
-¡Benjamin! ¡Nooooooo!-sonó un disparo y Honey giró la cabeza y cerró fuerte los ojos. No quería mirar. Algo produjo un ruido seco al caer contra el suelo que a su vez, le produjo el llanto.
Unos quejidos y una voz encima de ella hicieron que se decidiera a mirar: en el suelo estaba el cuerpo inmóvil de Metre con un disparo en la espalda y a su lado Benjamin luchando contra la dolorosa hemorragia de su nariz. Miró hacia arriba y, al otro lado de la pequeña ventana, estaba un policía con el cañón del arma todavía apuntando al cuerpo de Metre e intentando hablar con ellos dos a la vez que transmitía la noticia por el walky.
-Estamos bien-respondió por fin ella y un montón de policías casi al instante irrumpieron dentro de la habitación con el inspector Gilliam al frente.
Benjamin se incorporó ya sin sangre recorriendo su cara, y se agachó para volver a cogerla en brazos. El inspector se acercó a ellos.
-¡Señor Edwards! Todavía no habíamos dado la señal de que entrase.
-Error mio, inspector-mintió.
-Sentimos haber tardado tanto en llegar, el otro hombre al que detuvimos primero nos entretuvo e intentó huir en un descuido.- ¡Pulga! Pensó Honey- ¡Esta casa está llena de túneles! Se nota que estaban preparados por si algún día sucedía esto…
Al rato entraron un montón de enfermeros con camillas y se llevaron tanto a Honey como a Metre, el cual solo estaba herido e inconsciente y le esperaban muchos años de prisión.

sábado, 3 de marzo de 2012

¡Aviso!

expr:id='"post-body-" + data:post.id'> Para los que esteis leyendo Fiscal en prácticas: he notado que empezais a leer por el capítulo 1, pero en realidad la historia empieza en el prólogo, que es una de las primeras entradas de mi blog. Leeroslo si no lo habeis hecho porque puede que hayais notado que os falta algo de información si no lo haceis.
un saludo a mis queridos lectores: Iria

Capítulo 14 de Fiscal en prácticas

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Llegó la noche y por fin se pudo librar de las miradas indiscretas de Pulga y de la vigilancia en general.
Se sentó lo más recta que pudo para poder estirar las piernas al máximo y apoyó la cabeza en los barrotes, cerró los ojos e intentó relajarse pero era imposible. Empezó a pensar en su madre y en Benjamin y las lágrimas recorrían sus mejillas. Sabía que tenía que ser fuerte. Su madre seguro que ya había hablado con la policía y ya estarían en ello. ¿Lo sabría Benjamin? Ojalá… seguro que él movería los hilos más rápido. Se secó las lágrimas y se prometió a sí misma ser fuerte hasta que la encontraran.
Consiguió dormir una hora ya que ni la jaula ni la postura eran muy cómodas, pero permaneció con los ojos cerrados en el silencio de la oscuridad hasta que la puerta de la habitación se empezó a abrir lentamente y Pulga entró de puntillas.
-Ji Ji Ji. Siento haberte despertado Dolly, pero es que no podía dejar de pensar en ti ¿Te alegrará saber eso, no?
-Pues la verdad es que no…
-Ji ji ji. ¿A dónde ibas tan guapa a las 10 esa noche? Los demás días cuando salías a las 8 y media de la mañana de tu casa no ibas vestida así…
-¡Me estuvisteis vigilando!  ¡Eres un cerdo!- le escupió en un zapato.
-¡Tienes la cara muy bonita pero la lengua muy fea…! Deberías estarme agradecida por haber venido a hacerte compañía para que no tengas miedo en la oscuridad- diciendo esto, cogió las esposas y se las tiró.
-No pienso ponérmelas- concluyó Honey.
-Bueno, te demostraré que un hombre de verdad no las necesita – cogió el manojo de llaves de su cinturón dónde las llevaba colgadas, y abrió la parte delantera de la jaula. Se agachó y la agarró de una pierna para arrastrarla fuera.
Ella se resistió, cogió uno de los tacones que se había quitado y le dio en un ojo. Él grito y ella intentó llegar a coger el manojo de llaves pero la empujó fuerte por el pecho dentro de la jaula y la cerró de golpe.
-¡Que sepas que se lo voy a decir a Metre mañana!
-Grrrr… ¿A sí? ¿Y a quién va a creer? ¿A su compañero o a una don nadie?
-A esta don nadie cuando vea el moratón que vas a tener mañana en el ojo.
Pulga gruñió un poco más, lleno de rabia, y se fue por dónde había entrado. Honey volvió a recostarse en la misma postura de antes, con el corazón desbocado y rompió a llorar.
A la mañana siguiente el primero en entrar fue Metre para llevarla al servicio.
-¿Has visto a tu compañero?- Metre la ignoró, solo mirándola por encima de pasada- El moratón que tiene en el ojo se lo hice yo anoche con este zapato de tacón. Vino a verme e intentó forzarme-no podía perder la oportunidad.
Metre pareció quedarse pensativo durante unos segundos, entornó los ojos y salió gritando de la habitación.
-¡Será desgraciado!
Por lo menos Metre mantendría a raya a Pulga y este dejaría de molestarla. Y así pasaron dos largos días.