lunes, 23 de abril de 2012

Capítulo 20 de Fiscal en prácticas

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Domingo. Honey volvía a estar de los nervios, pero esta vez por la fiesta de su graduación. Sería el lunes y llevaba todo el fin de semana inquieta. Pero había alguien que estaba más inquieta aún: Mel. También sería su fiesta de graduación en su universidad y ya había llamado a Honey, por lo menos, 5 veces esa misma tarde. Las dos se habían ido a comprar un vestido para la fiesta el sábado y Mel no sabía qué zapatos ponerse, cómo maquillarse y demás cosas. Eso a su vez inquietaba más a Honey. Ella, finalmente se decidió por uno blanco, bueno en realidad no era blanco del todo, podríamos decir que era blanco roto, con los bordes negros. Sabía que la mayoría irían con vestidos despampanantes y muy caros, pero a ella este le había parecido alegre y elegante a la par y eso la bastaba.
-¡Honey! No puedes pintarte los ojos de negro con el vestido blanco. Acabo de leer en internet que…
Y así todo el fin de semana. Se probó el vestido por quinta vez consecutiva ese día, se maquilló, se peinó y decidió dar el tema por zanjado aunque Mel la llamase una sexta vez para decirle que acababa de decirle su abuela que llevar un vestido blanco el día de su graduación daba mala suerte, o alguna locura similar. Lo que realmente no se podía quitar de la cabeza era a Benjamin. ¡Iría a su fiesta! Estaba muy emocionada y deseaba que todo saliese bien.
Entre más llamadas de Mel, consejos de maquillaje y más llamadas de sus compañeros de universidad, pasó la tarde del domingo y llegó la mañana del lunes. Los nervios se convirtieron en alegría y emoción, sobre todo por parte de su madre, y al medio día se fue con sus compañeros de clase a comer. Realmente no se llevaba muy bien con ellos, ni ellos mismos unos con otros, pero pensó que iba a ser la última vez que los vería y, bueno, quería compartir la emoción del momento con ellos.
 Comieron pronto. Fue un rato muy agradable y compartieron sus diferentes vivencias respecto a las prácticas y sus tutores y se rieron bastante. Sorprendentemente, todos se llevaban mucho mejor con todos ahora que ya no tenían ninguna relación. Luego, se despidieron, no sin antes intercambiar números de teléfono y direcciones de correo electrónico, y se fueron cada uno a su casa para prepararse y esperar a la familia.
Cuando llegó a casa, su madre le dijo que tenía una sorpresa para ella: la había pedido cita en la peluquería y la harían un repaso completo con manicura y pedicura incluida. Así que, con el vestido puesto dos horas antes y los nervios encima, marcharon corriendo a la peluquería.
Al salir de allí, su madre ya estaba con las lágrimas en los ojos y con la cámara de fotos en la mano. Honey, por el contrario, no podía estar más estresada ya que iban a llegar un cuarto de hora tarde. En realidad todavía había tiempo de sobra, pero debían de estar presentes una hora antes para las fotos con profesores y demás compañeros, aunque realmente Honey no esperaba que ninguno de sus compañeros quisiera una fotografía con ella, pero bueno, nunca se sabía.
Y efectivamente, nunca puedes estar seguro de lo que va a pasar el día de tu graduación. Eso era una locura. Después de hacerse fotos con todos sus profesores, incluso con los que odiaba más y con el director de la universidad al que no había visto nunca, empezaron las fotos con sus compañeros. Su madre se quedó sentada mirando las fotografías que había hecho a ver si podía borrar alguna ya que se la había acabado la memoria. Mientras, a ella la hacían fotos por todos los lados. Parecía como si de repente todo el mundo quisiera una fotografía con ella. Al principio la llamaban y la hacían señas para que se acercase y la madre, el padre, el hermano o la hermana o incluso los abuelos de sus compañeros los sacaban la fotografía, pero llegó un momento en el que, cuando terminaba de hacerse una con un compañero, la agarraban del brazo o del hombro y cuando se daba la vuelta para mirar y saludar, otro de sus compañeros la pasaba la mano por la cintura y ¡flash! Fotografía al canto.
Cuando por fin pareció que ya se había hecho una con cada uno de los 90 compañeros, o incluso la parecía que tres o cuatro con cada uno, intentó volver a dónde había dejado a su madre. Cuando por fin dio con ella, sentado a su lado viendo todo el repertorio de imágenes de la cámara junto con su madre, estaba Benjamin. Al verla se levantó y se acercó a darla dos besos.
-¡Qué guapa estás! Me acaba de enseñar tu madre las fotografías de cuando te estaban peinando en la peluquería- ¡Gracias, mamá!- Y en las que sales con tus profesores y compañeros- se sonrojó.
De verdad que él pensaba que estaba más guapa que nunca, y ella pensó lo mismo que él. Llevaba un traje precioso gris oscuro con una línea blanca en el borde del cuello que hacía que fuese el doble de elegante. Al parecer su madre había hecho limpieza en la memoria de la cámara y los hizo posar juntos. Una vez terminaron con las fotografías, uno de los profesores la llamó y se despidió de su madre y de Benjamin.
Estos pasaron dentro y tomaron asiento. Benjamin miró a su alrededor, extrañado.
-¿Por qué Honey no está sentada en las primeras filas junto con sus compañeros?
Anis le miró sorprendida.
-¿No te lo ha dicho? Honey va a dar el discurso de su clase.
La ceremonia transcurrió tranquila. Primero dieron varios discursos los profesores y luego 3 alumnos. Honey fue la segunda. Cuando salió al escenario se la veía claramente nerviosa y emocionada a la vez. Con su sonrisa de oreja a oreja miró a toda la gente que había antes de empezar a hablar.
-Buenas tardes. Quería agradecer a los familiares de todos nosotros, los alumnos, por haber venido en un día tan importante para nosotros-todos aplaudieron- Por otro lado, también me gustaría agradecer a todos mis compañeros de carrera por estos magníficos 4 años que hemos pasado juntos- en realidad ninguno de ellos había entablado una verdadera amistad con ninguno de los otros y cuando se terminó la carrera, cada uno volvió por dónde había venido, pero igualmente toda la sala aplaudió y entre los alumnos, sentados en primera fila,  se oyeron gritos de alegría- Todos los alumnos les estamos muy agradecidos a los profesores que hemos tenido durante estos años, por su apoyo y su paciencia a la hora de enseñarnos. Quería hacer una especial mención personal al señor Adolf, sin el cual no hubiera sido posible que yo estuviera hoy aquí-más aplausos- Finalmente, quería agradecer a otra persona muy especial para mí y que hoy está aquí presente: mi tutor de prácticas, Benjamin Edwards. Su ayuda, su apoyo y su constante trabajo han hecho que realmente ame esta carrera y mi futura profesión. Él es todo un profesional y mi ejemplo a seguir. Quería que todos le dieseis un aplauso. Gracias Benjamin- ella levantó las manos a la altura de la cabeza y empezó a aplaudir. El salón de actos la siguió.
Benjamin se quedó sin saber que hacer durante un instante y finalmente decidió aplaudir también. Miró a Anis, la cual le miraba orgullosa como si fuera su hijo y aplaudió con más énfasis.
Durante el resto de la ceremonia se procedió a ponerles las bandas doradas a los alumnos algunos de sus profesores y, por fin, salieron todos del salón de actos no sin antes haber cantado el himno de la universidad.
El recibidor del edificio era un caos total. Los familiares buscaban a los alumnos todos a la vez para hacerse más fotos con la condecoración, y la madre de Honey no pudo ser menos. Cuando por fin habían terminado las fotos, Benjamin alzó la voz para que se le pudiera oír entre todo el jaleo y se ofreció a llevarlas en su coche hasta su casa ya que habían ido en autobús hasta la universidad.
Una vez llegaron allí, Benjamin pidió a Honey que se quedase un rato con él.
-Tenía que decirte una cosa…
-¿Es sobre el caso? Llevo unos días nerviosa, aparte de por la graduación…
-¡Eh! Relájate, no es sobre eso, no he vuelto a saber nada, pero seguro que dentro de poco tenemos noticias. Era sobre mi mención en el discurso. Gracias. No sabía que significase tanto para ti.
-¡Claro que sí! Admiro mucho tu trabajo. Bueno, tengo muchas ganas de quitarme los zapatos y el vestido. Mañana seguimos hablando ¿vale?

domingo, 8 de abril de 2012

Capítulo 19 de Fiscal en prácticas

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Honey se tumbó en la cama por la tarde. La verdad era que todavía estaba intentando recuperarse de la imagen del cadáver y de su decepción consigo misma. Pero esa tarde se demostraría a sí misma que estaba hecha para ese trabajo y decidió dar lo mejor de ella a la hora de rellenar los informes sobre el caso y de buscar las contradicciones necesarias. Quería sorprender a Benjamin.
Al día siguiente cuando entró en el despacho lo primero que hizo fue entregarle los informes del caso. La habían salido muy bien, incluso mejor de lo que ella misma esperaba.
-¿Y el papel?-preguntó entusiasmada.
-El papel… no es una nota de suicidio, siento decepcionarte.
-¡Oh!Hubiese estado muy bien, como en las pelis…
-Pero sí es una prueba importante. En el laboratorio están investigando la letra de la escritura. Creen que puede ser una prueba totalmente incriminatoria para el sospechoso y totalmente decisiva en el caso.
Por una parte Honey se relajó. Eso implicaría que su primer caso sería más fácil y por lo tanto, eso haría que estuviese más segura de sí misma a la hora de estar en el tribunal. Aunque al instante pensó que si esa prueba era tan importante, quizá la defensa se inventase algo que la dificultaría demostrar la culpabilidad del acusado.
En todo caso, no había manera de saberlo hasta el día del juicio.
Dos días más tarde los resultados óptimos de la prueba escrita llegaron. Se trataba de una nota escrita por el acusado hacia la víctima en la quedaban esa misma mañana en casa de la víctima. Una prueba incriminatoria en toda regla. Al parecer la víctima y el acusado guardaban una relación de socios, uno en deuda con el otro y todo parecía apuntar a que el deudor había pagado por ello y su castigo había sido la muerte. Esa iba a ser la línea que iba a usar la acusación.
Una semana más tarde se celebró el juicio. La noche anterior Honey no pudo pegar ojo. No podía dejar de pensar en lo que diría la defensa sobre el acusado. Por fin se relajó y pudo dormir unas horas antes de que sonara el despertador. Cuando se levantó tenía los ojos como platos. En ese momento el sueño era su menor preocupación, ya dormiría por la tarde cuando todo hubiera acabado. Desayunó y se vistió elegante, con falda y camisa, y salió un poco más temprano de lo normal hacia los juzgados. Cuando llegó, Benjamin todavía no estaba allí. El que sí estaba allí era el acusado acompañado de dos policías que lo custodiaban uno a cada lado. Era un hombre con cara de pocos amigos, aunque Honey pensó que no debía guiarse por las apariencias ya que la víctima también tenía cara de ello, malas pintas y había acabado muerta y, seguramente, no por ser un angelito.
Por fin llegó Benjamin en lo que fueron 3 minutos que a Honey se le hicieron eternos.
-¿Qué tal te sientes?-le preguntó sonriente.
-Nerviosa, muy nerviosa. Creo que voy a morir en cualquier momento.
-Tranquila, lo harás muy bien.
Al cabo de unos 10 minutos más, pasaron a la sala. Honey se sentó con Benjamin. Había llegado el día. Por fin. Pero después del alegato inicial del juez, la defensa pidió la palabra. Habían traido a un experto en escritura y querían realizar una prueba sobre la nota que había aparecido en el cadáver. El juez, al leer los informes y ver la importancia de la prueba, aceptó.
-¿Esto suele pasar?-preguntó Honey confusa al sentirse fuera de lugar.
-No-contestó seria y secamente Benjamin, cosa que preocupó a Honey. Intentó no pensar negativamente y centrarse en la parte que ella tendría que exponer. Se sentía importante y cómoda al lado de Benjamin. No podía dejar de mirarle constantemente. Le había visto en acción allí mismo varias veces y no podía dejar de recordar lo especial que fue la primera vez, el tercer día de estar con él. Al cabo de un rato largo llegaron el abogado defensor y el experto y le presentaron al juez un informe en el que aseguraban que la letra no era del acusado, sino una falsificación casi perfecta de la misma. Con la boca abierta, el juez aplazó el juicio a fin de que otro experto de la policía lo confirmase.
Salieron de la sala. Honey se sentía contrariada e inquieta.
-¿Qué va a pasar ahora?
-Cualquier cosa- Benjamin la empezaba a preocupar seriamente. Parecía distante y metido en otros pensamientos. Por fin pareció reaccionar y decidieron ir a desayunar algo. Honey prefirió no decir nada respecto al caso ya que parecía que había algo que preocupaba en exceso a Benjamin.
-Oye, Benjamin… siempre he querido preguntarte esto.
-Dime.
-¿Puedo llamarte Benji?
Benjamin calló de golpe a la tierra y rompió a reír.
-¿En serio? Así me llamaba mi madre cuando era pequeño.
-Es que Ben… me parece tan serio… ¡Y horrible! Suena horrible.
-Puede ser-contestó él sonriente. Honey se alegraba de haberle sacado de sus preocupaciones y haberle hecho reír. Él siempre lo hacía cuando a ella le pasaban cosas similares y le estaba muy agradecida por ello.
-Dentro de poco será mi fiesta de graduación.
-Parece mentira que ya hayamos estado juntos… ¿Cuántos meses? ¡8! ¡8 meses trabajando juntos!
-¿Vendrás?-soltó de golpe. Llevaba unas semanas queriendo decírselo pero no encontraba el momento adecuado. Él pareció sorprendido durante unos instantes y luego sonrió largamente.
-Si me invitas claro que voy. ¿Quién más va a ir?
-Solo mi madre. Quería que viniera Mario, pero no podrá.
Él sintió pena por ella.
-También habrá un baile, pero no pienso ir, ya sabes como son esas cosas.
-En realidad no lo sé.
-Pues las chicas guapas y ricas de la universidad irán a restregarle lo importantes que son a todos los demás…- de repente se sintió un poco infantil al lado de él.
-En mi universidad también pasaban esas cosas-esas palabras realmente la tranquilizaron-Bueno-añadió Benjamin al terminar el último sorbo de su café descafeinado-será mejor que vayamos a la oficina quedan muchas cosas que hacer. Y casos nuevos. Habrá que esperar que decisión toma el juez al respecto de este.

martes, 3 de abril de 2012

Capítulo 18 de Fiscal en prácticas

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Abril. El sol empezaba a calentar seriamente y amenazaba con calentar más según pasaban los días. Benjamin, Philip y Mel habían llegado al acuerdo de que ninguno le mencionaría lo ocurrido a Honey, ya que esta no se acordaba de nada y todo había vuelto a ser como antes de su misteriosa desaparición. Todo estaba bien tal y como estaba. Aun así, era mirar a Honey y Benjamin no podía evitar sentir todavía un pequeño resquicio de culpabilidad por haberla hecho sufrir y desaparecer. Estaba claro que para él Honey era una especie de ángel, una persona que le había sacado de lo monótono de su rutina, de su profesión. Sin duda este último año había sido el mejor de toda su carrera y no lo cambiaria por nada. Ni a ella por nadie.
La primera parte de las prácticas de Honey llegaban a su fin a finales de mayo. Parecía mentira que ya hubiese pasado un año casi… No paraban de practicar. Benjamin hacía de defensa y ella le tenía que rebatir todos los argumentos que él presentaba. Ella estaba trabajando duro.
Una mañana, Honey se levantó y en la mesa de la cocina, como todos los días que había correo en el buzón, la mesa estaba llena de cartas. Había una apartada con el sello de la universidad. Honey la agarró, todavía un poco somnolienta, y la abrió intentando romperla lo menos posible. Pasó la mirada un poco por encima, soltó el primero de los papeles y empezó a gritar de alegría con el segundo que venía en la mano. No podía esperar para darle la noticia a Benjamin. Se vistió y salió corriendo hacia la oficina. Cuando entró, Benjamin estaba ojeando papeles como de costumbre.
-¡Benjamin, Benjamin! –este, alarmado por la efusividad, se levantó en el acto- ¡Benjamin, ha llegado! ¡Estaba en el buzón esta mañana!
-¿El qué?
-¡El permiso de la universidad para poder participar en juicios!- y dicho esto se abalanzó sobre él permiso en mano, haciendo que él se riera a carcajadas.
-¿Tanta ilusión te hace? – preguntó él recolocándose la americana. Pero sobraba la respuesta a esa pregunta solo con mirarla un poco.
-Pues claro- asintió y adoptando posición más serena y educada un poco forzada añadió- Estoy deseando saber que caso elige usted para mí.
Benjamin se quedó un momento pensativo y se giró hacia su escritorio para buscar algo entre los papeles que había encima. Finalmente encontró lo que buscaba y se lo dio.
-Este caso me parece interesante. Ha llegado esta mañana y me gustaría compartirlo contigo. ¿Qué te parece si te lo lees y mañana me dices que conclusiones has sacado?
-Cuando dices que un caso te parece interesante es que voy a necesitar muy buenos argumentos y buscar bien las contradicciones en las pruebas…-le miró con cara de pena- ¿Crees que estoy preparada? A lo mejor me he emocionado un poco y me he dejado llevar por…
-Estás sobradamente preparada-la interrumpió-Además, estarás conmigo en el juicio. Tu primer juicio será un éxito- ella todavía parecía un poco asustada con el hecho de tener su primer caso en la mano pero, gracias a sus palabras, ya había vuelto a recuperar un poco el brillo en los ojos. Benjamin miró el reloj-Vamos, nos esperan para hacer tu primera visita a la escena de un crimen. El crimen de tu primer juicio- dijo intentando animarla, pero al mirar lo blanca que se había quedado de golpe se arrepintió al instante.
Llegaron al lugar de los hechos al cabo de tres cuartos de hora más o menos. Honey no había soltado los papeles del caso y no paraba de leer el número de expediente una y otra vez. La escena del crimen era una casa de fachada estrecha. En la puerta una multitud de gente se agolpaba contra los policías pidiendo a gritos y con pancartas más seguridad en el barrio. Honey pensó que quizá no era la primera vez que sucedía algo así. Benjamin se puso a su lado y la agarró de la muñeca.
-Ten cuidado. Cuando la gente se comporta así, si te tiene que agarrar y pisotear, lo hará. No te separes de mí- Honey asintió un poco ruborizada y con el corazón acelerado al ver a Benjamin en esa faceta tan protectora.
Subieron tres escalones de piedra oscura antes de entrar en la casa llena de policías haciendo fotografías, tomando huellas dactilares con polvo de aluminio y entrando y saliendo frenéticamente. El constante sonido de las radios de policía la trajo amargos recuerdos del secuestro de Mario y del suyo propio, pero una escena del presente aún más chocante la devolvió a la realidad rápidamente dejándola con la mente en blanco. Al apartarse un grupo de policías vio un hombre blanco, de complexión ancha que yacía en el suelo rodeado de un charco de sangre con los ojos en blanco. Se paró en seco mientras todo giraba a su alrededor, las voces bajaban de volumen en su cabeza casi volviéndose imperceptibles, y la vista se la nublaba. Benjamin se agachó delante de él y dio vueltas a su alrededor. La temblaban las piernas. Benjamin se giró hacia ella para decirla algo pero no pudo escucharlo bien. Sentía náuseas. Asintió con la cabeza sin haber escuchado nada de lo que la decía.
-¡Voy un momento a fuera!- dijo a nadie en concreto, dio media vuelta y salió.
Fuera, los policías habían reducido a la gente que ya se disipaba y solo quedaban algunas personas que intentaban hablar con ellos a voces. El aire todavía un poco fresco de abril la devolvió la vida. Dentro, el calor y el olor a sangre la habían mareado, o eso quería pensar ella. En el fondo lo que realmente pensaba era que había fracasado. El primer caso en el que participaría de manera oficial junto a Benjamin. Su primera visita a la escena de un crimen. Debería estar junto a él y no apoyada en la pared de la casa a más de tres metros de la puerta intentando respirar. La gustaba su futura profesión, el derecho, la oficina del fiscal, los juicios. Todo. Se sentía decepcionada consigo misma por no poder estar en la misma sala que un cadáver. Benjamin se asomó a la puerta y la buscó con la mirada.
-¡Eh! ¿Estás bien? Estás más pálida que la pared- Honey no dijo nada y suspiró con enfado- Ver un cadáver es chocante la primera vez, no seas dura contigo misma…- dijo él finalmente al darse cuenta de la situación.
-Ya Benjamin, pero me sentía preparada de verdad, quizá no muy segura de mí misma, pero preparada y nunca se me pasó por la cabeza que esto pasase. ¿Y si no sirvo para ser fiscal?
-¡No digas eso! Mira, puede que suene un poco raro, o quizá grotesco, pero te acostumbrarás-Honey le lanzó una mirada de ¿Seguro?-Te lo prometo- y diciendo esto, la pasó un brazo por el hombro.
Por la puerta salía el cuerpo envuelto en papel plateado.
-Ya se lo llevan. Vamos, ya no lo tendrás que ver.
-No hace falta que lo tenga enfrente para verlo. Será una imagen que no podré borrar de mi cabeza en unas cuantas semanas… a lo mejor de por vida.
Anduvieron un rato largo más por allí. Todos los policías encargados y el inspector del caso, Erick, querían hablar con Benjamin.  Finalmente, volvieron a la oficina. Una vez que estaban frente al edificio de la fiscalía, bEnjamin redujo la velocidad del coche y se acercó a la acera.
-Oye, todavía tienes mala cara. Si quieres vete a casa, descansa y desconecta un poco y cuando te sientas con más ganas empiezas a leer los informes.
-No, estoy bien. Prefiero quedarme contigo y hacer frente a todo esto.  Si huyo de los problemas cuando de verdad tenga que afrontarlos no podré hacerlo- se notaba que todavía estaba preocupada por su futuro en la profesión.
-Bien dicho.
Una vez en el despacho esperaron a que llegasen las pruebas fotográficas para contrastarlas con las demás que llegaban progresivamente por fax o por las manos de secretarias cargadas de informes.
Una vez el caso tuvo la suficiente consistencia en papel de varios tipos y Benjamin verificó que todos los datos, direcciones y demás era correcto, se pusieron manos a la obra. La parte favorita de Honey sin lugar a dudas eran las pruebas y las contradicciones con lo demás.
-¡Un momento! Aquí falta una prueba-exclamó Honey.
-¿Prueba? ¿Qué prueba?
-Juraría que la víctima tenía un papel. ¡Quizá sea una de esas notas de suicidio que resuelven todos los casos!
Benjamin puso una mueca de entre dolor y sorpresa y buscó entre los papeles para asegurarse de la existencia de dicha prueba. No encontró nada.
-¿Estás segura de que viste un papel en el cuerpo de la víctima?-preguntó contrariado.
-Estoy segura. Como te he dicho hace apenas unas horas, será una imagen que me costará olvidar. No sé ubicarlo exactamente pero sé que estaba.
-Está bien…-suspiró Benjamín, dándola un voto de confianza. La verdad es que pensaba que a Honey le había trastocado la escena y no estaba segura de lo que había visto. Llamó al forense, él tendría la última palabra. Tras hablar un rato con él, el forense afirmó la existencia de un papel en uno de los bolsillos de la víctima. Había algo escrito en dicho papel. Tendrían que analizarlo y por la tarde tendrían los resultados.
Benjamin colgó el teléfono asombrado.
-¿Ves?- con una sonrisa radiante, parecía que había vuelto a recobrar la confianza en sí misma.
-Bueno-Benjamin finalmente sonrió satisfecho con la labor de su ayudante- Vete ya a casa y prepárate el caso. Mañana veremos todo lo que falta con más calma y detenimiento.