Abril. El sol empezaba a calentar seriamente y amenazaba con calentar más según pasaban los días. Benjamin, Philip y Mel habían llegado al acuerdo de que ninguno le mencionaría lo ocurrido a Honey, ya que esta no se acordaba de nada y todo había vuelto a ser como antes de su misteriosa desaparición. Todo estaba bien tal y como estaba. Aun así, era mirar a Honey y Benjamin no podía evitar sentir todavía un pequeño resquicio de culpabilidad por haberla hecho sufrir y desaparecer. Estaba claro que para él Honey era una especie de ángel, una persona que le había sacado de lo monótono de su rutina, de su profesión. Sin duda este último año había sido el mejor de toda su carrera y no lo cambiaria por nada. Ni a ella por nadie.
La primera parte de las prácticas de Honey llegaban a su fin a finales de mayo. Parecía mentira que ya hubiese pasado un año casi… No paraban de practicar. Benjamin hacía de defensa y ella le tenía que rebatir todos los argumentos que él presentaba. Ella estaba trabajando duro.
Una mañana, Honey se levantó y en la mesa de la cocina, como todos los días que había correo en el buzón, la mesa estaba llena de cartas. Había una apartada con el sello de la universidad. Honey la agarró, todavía un poco somnolienta, y la abrió intentando romperla lo menos posible. Pasó la mirada un poco por encima, soltó el primero de los papeles y empezó a gritar de alegría con el segundo que venía en la mano. No podía esperar para darle la noticia a Benjamin. Se vistió y salió corriendo hacia la oficina. Cuando entró, Benjamin estaba ojeando papeles como de costumbre.
-¡Benjamin, Benjamin! –este, alarmado por la efusividad, se levantó en el acto- ¡Benjamin, ha llegado! ¡Estaba en el buzón esta mañana!
-¿El qué?
-¡El permiso de la universidad para poder participar en juicios!- y dicho esto se abalanzó sobre él permiso en mano, haciendo que él se riera a carcajadas.
-¿Tanta ilusión te hace? – preguntó él recolocándose la americana. Pero sobraba la respuesta a esa pregunta solo con mirarla un poco.
-Pues claro- asintió y adoptando posición más serena y educada un poco forzada añadió- Estoy deseando saber que caso elige usted para mí.
Benjamin se quedó un momento pensativo y se giró hacia su escritorio para buscar algo entre los papeles que había encima. Finalmente encontró lo que buscaba y se lo dio.
-Este caso me parece interesante. Ha llegado esta mañana y me gustaría compartirlo contigo. ¿Qué te parece si te lo lees y mañana me dices que conclusiones has sacado?
-Cuando dices que un caso te parece interesante es que voy a necesitar muy buenos argumentos y buscar bien las contradicciones en las pruebas…-le miró con cara de pena- ¿Crees que estoy preparada? A lo mejor me he emocionado un poco y me he dejado llevar por…
-Estás sobradamente preparada-la interrumpió-Además, estarás conmigo en el juicio. Tu primer juicio será un éxito- ella todavía parecía un poco asustada con el hecho de tener su primer caso en la mano pero, gracias a sus palabras, ya había vuelto a recuperar un poco el brillo en los ojos. Benjamin miró el reloj-Vamos, nos esperan para hacer tu primera visita a la escena de un crimen. El crimen de tu primer juicio- dijo intentando animarla, pero al mirar lo blanca que se había quedado de golpe se arrepintió al instante.
Llegaron al lugar de los hechos al cabo de tres cuartos de hora más o menos. Honey no había soltado los papeles del caso y no paraba de leer el número de expediente una y otra vez. La escena del crimen era una casa de fachada estrecha. En la puerta una multitud de gente se agolpaba contra los policías pidiendo a gritos y con pancartas más seguridad en el barrio. Honey pensó que quizá no era la primera vez que sucedía algo así. Benjamin se puso a su lado y la agarró de la muñeca.
-Ten cuidado. Cuando la gente se comporta así, si te tiene que agarrar y pisotear, lo hará. No te separes de mí- Honey asintió un poco ruborizada y con el corazón acelerado al ver a Benjamin en esa faceta tan protectora.
Subieron tres escalones de piedra oscura antes de entrar en la casa llena de policías haciendo fotografías, tomando huellas dactilares con polvo de aluminio y entrando y saliendo frenéticamente. El constante sonido de las radios de policía la trajo amargos recuerdos del secuestro de Mario y del suyo propio, pero una escena del presente aún más chocante la devolvió a la realidad rápidamente dejándola con la mente en blanco. Al apartarse un grupo de policías vio un hombre blanco, de complexión ancha que yacía en el suelo rodeado de un charco de sangre con los ojos en blanco. Se paró en seco mientras todo giraba a su alrededor, las voces bajaban de volumen en su cabeza casi volviéndose imperceptibles, y la vista se la nublaba. Benjamin se agachó delante de él y dio vueltas a su alrededor. La temblaban las piernas. Benjamin se giró hacia ella para decirla algo pero no pudo escucharlo bien. Sentía náuseas. Asintió con la cabeza sin haber escuchado nada de lo que la decía.
-¡Voy un momento a fuera!- dijo a nadie en concreto, dio media vuelta y salió.
Fuera, los policías habían reducido a la gente que ya se disipaba y solo quedaban algunas personas que intentaban hablar con ellos a voces. El aire todavía un poco fresco de abril la devolvió la vida. Dentro, el calor y el olor a sangre la habían mareado, o eso quería pensar ella. En el fondo lo que realmente pensaba era que había fracasado. El primer caso en el que participaría de manera oficial junto a Benjamin. Su primera visita a la escena de un crimen. Debería estar junto a él y no apoyada en la pared de la casa a más de tres metros de la puerta intentando respirar. La gustaba su futura profesión, el derecho, la oficina del fiscal, los juicios. Todo. Se sentía decepcionada consigo misma por no poder estar en la misma sala que un cadáver. Benjamin se asomó a la puerta y la buscó con la mirada.
-¡Eh! ¿Estás bien? Estás más pálida que la pared- Honey no dijo nada y suspiró con enfado- Ver un cadáver es chocante la primera vez, no seas dura contigo misma…- dijo él finalmente al darse cuenta de la situación.
-Ya Benjamin, pero me sentía preparada de verdad, quizá no muy segura de mí misma, pero preparada y nunca se me pasó por la cabeza que esto pasase. ¿Y si no sirvo para ser fiscal?
-¡No digas eso! Mira, puede que suene un poco raro, o quizá grotesco, pero te acostumbrarás-Honey le lanzó una mirada de ¿Seguro?-Te lo prometo- y diciendo esto, la pasó un brazo por el hombro.
Por la puerta salía el cuerpo envuelto en papel plateado.
-Ya se lo llevan. Vamos, ya no lo tendrás que ver.
-No hace falta que lo tenga enfrente para verlo. Será una imagen que no podré borrar de mi cabeza en unas cuantas semanas… a lo mejor de por vida.
Anduvieron un rato largo más por allí. Todos los policías encargados y el inspector del caso, Erick, querían hablar con Benjamin. Finalmente, volvieron a la oficina. Una vez que estaban frente al edificio de la fiscalía, bEnjamin redujo la velocidad del coche y se acercó a la acera.
-Oye, todavía tienes mala cara. Si quieres vete a casa, descansa y desconecta un poco y cuando te sientas con más ganas empiezas a leer los informes.
-No, estoy bien. Prefiero quedarme contigo y hacer frente a todo esto. Si huyo de los problemas cuando de verdad tenga que afrontarlos no podré hacerlo- se notaba que todavía estaba preocupada por su futuro en la profesión.
-Bien dicho.
Una vez en el despacho esperaron a que llegasen las pruebas fotográficas para contrastarlas con las demás que llegaban progresivamente por fax o por las manos de secretarias cargadas de informes.
Una vez el caso tuvo la suficiente consistencia en papel de varios tipos y Benjamin verificó que todos los datos, direcciones y demás era correcto, se pusieron manos a la obra. La parte favorita de Honey sin lugar a dudas eran las pruebas y las contradicciones con lo demás.
-¡Un momento! Aquí falta una prueba-exclamó Honey.
-¿Prueba? ¿Qué prueba?
-Juraría que la víctima tenía un papel. ¡Quizá sea una de esas notas de suicidio que resuelven todos los casos!
Benjamin puso una mueca de entre dolor y sorpresa y buscó entre los papeles para asegurarse de la existencia de dicha prueba. No encontró nada.
-¿Estás segura de que viste un papel en el cuerpo de la víctima?-preguntó contrariado.
-Estoy segura. Como te he dicho hace apenas unas horas, será una imagen que me costará olvidar. No sé ubicarlo exactamente pero sé que estaba.
-Está bien…-suspiró Benjamín, dándola un voto de confianza. La verdad es que pensaba que a Honey le había trastocado la escena y no estaba segura de lo que había visto. Llamó al forense, él tendría la última palabra. Tras hablar un rato con él, el forense afirmó la existencia de un papel en uno de los bolsillos de la víctima. Había algo escrito en dicho papel. Tendrían que analizarlo y por la tarde tendrían los resultados.
Benjamin colgó el teléfono asombrado.
-¿Ves?- con una sonrisa radiante, parecía que había vuelto a recobrar la confianza en sí misma.
-Bueno-Benjamin finalmente sonrió satisfecho con la labor de su ayudante- Vete ya a casa y prepárate el caso. Mañana veremos todo lo que falta con más calma y detenimiento.
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