lunes, 27 de febrero de 2012

Capítulo 13 de Fiscal en prácticas

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Honey abrió los ojos despacio y se apartó el pelo que se había soltado de su recogido y que ahora la caía por la cara y la impedía ver con claridad. Miró a su alrededor y hacia arriba lentamente: estaba metida dentro de una jaula de aproximadamente un metro y medio de alto y de proporciones similares el resto de ella. El lugar le era totalmente desconocido. Estaba en una habitación solo iluminada por una pequeña ventana  con barrotes que estaba situada justo encima de su jaula. La habitación era un desastre. Tenía una encimera que ocupaba dos de las paredes, con fregadero y toda llena de polvo, ceniceros y cajas de varios tamaños y en el centro de la estancia había una mesa rectangular llena de herramientas de jardín polvorientas y oxidadas. El suelo era de cemento y por toda esta información, Honey dedujo que se encontraba en el sótano de una casa. Todavía confusa, palpó los barrotes de la jaula despacio y, después, el techo. Luego sacó un brazo e intentó llegar a tocar la mesa rectangular del centro, pero no llegaba. La cabeza la daba vueltas y no podía pensar rápido y con claridad. Se palpó la nuca y encontró un chichón con una pequeña costra. Seguramente la habían aturdido para llevarla a ese lugar. Por fin su cerebro pareció empezar a arrancar y las ideas empezaron a fluir. Lo último que recordaba era despedirse de Benjamin en su coche…. y nada más.
¡Mi bolso!
Buscó su bolso dentro de la jaula pero no estaba allí. Recorrió toda la estancia con la mirada y tampoco lo encontró.  Su teléfono móvil estaba en su interior… claramente lo habrían guardado o se habrían desecho de él. En la pared, justo frente a la jaula, había una puerta cerrada. Su primer instinto fue salir de la jaula. Para ello sacudió los barrotes con toda la fuerza que pudo  y los intentó empujar con los hombros pero lo único que consiguió fue hacerse daño. Solo la quedaba gritar.
-¡SOCORRO!
Para su sorpresa, casi instantáneamente se abrió la puerta y por ella entraron dos hombres, uno más alto y otro más bajito.
-¡Ya se ha despertado! – exclamó el alto. Debía de tener unos 39 años. Pelo rubio peinado hacia atrás en tupé de rasgos toscos y un poco arrugados, extremadamente delgado. Se paró a unos pasos de la jaula- A esta la pega Dolly. ¿Qué te parece?
Honey le miró con todo el odio que pudo mientras el otro hombre, el bajito, se agachó delante de su jaula. Para ser un dúo tenían más bien poco que ver. Al lado de las pintas de chulo que tenía el alto, este parecía haber sido pastor en otro tiempo. Bajito y rechoncho, tez muy morena, ojos chiquititos y barba de tres días, desprendía un fuerte olor a sudor. Metió la mano en la jaula y la agarró la cara por los pómulos. Honey le respondió con un fuerte manotazo que hizo que sacase rápido la mano y desató la risa del alto.
-¡Te lo has ganado, Pulga! ¡Eso te pasa por tocar la mercancía! ¡Bien hecho, Dolly!
Honey los miró con cara de asco.
-¡¿Qué van a hacer conmigo?!
-¡A ti te lo vamos a decir!- volvió a reir el alto.
-¡Dentro de poco estarás trabajando como te mereces!-soltó el pequeñito, al que Honey empezó a denominar Pulga, supuso que el otro le había llamado así por su tamaño tanto de ancho como de alto.
-¿Dónde estoy?- ninguno pareció haberla escuchado. Pulga se levantó sin quitarle a Honey la vista de encima y el otro se sentó encima de la encimera en la pared de enfrente, sacó un cigarrillo y empezó a fumar- ¡Soy la ayudante de un fiscal!
-¿Y a nosotros qué?- respondió Pulga- Camareras, ayudantes de fiscales, secretarias, universitarias: da lo mismo. Todas vais a acabar en el mismo sitio.
Honey agarró fuerte los barrotes y los sacudió sin resultado. Pulga fue al lado del alto.
-Oye Metre, esta es mi favorita. Las otras tres también son muy guapas, pero esta…. me vuelve loco. Debe de ser ese vestidito cortito- por un momento a Honey le pareció que se le caía la baba- y ese olor tan dulce que desprende- produjo una especie de gruñido. A Honey le entraron muchas náuseas.
-¡Imbécil!- Metre dio un golpe con el talón en el mueble de la encimera, asustando a Honey y a Pulga-Sabes que no podemos usar la mercancía o si no te las verás con el jefe- en vez de hablar pareció como si le ladrase.
-He visto como mirabas a Sexybell, ¡tú también te mueres de ganas por usar un paquete! Podemos hacer una cosa: tú usas a Sexybell y yo a Dolly, nos callamos y nadie se tiene por qué enterar…- Pulga dejó de mirar a Honey por unos instantes para mirar audazmente a Metre, el cual, echando el humo de su cigarro, se bajó de la encimera y le levantó la mano.
-¿Pero es que tú no piensas nunca? ¿Qué te crees? ¿Qué no se va a enterar el jefe? Mira, cómo se te ocurra ponerle una mano encima a alguna parte de la mercancía me encargaré yo mismo de que el jefe te entierre bien hondo. ¿Te enteras?
-¡Pero Metre…!
Metre le volvió a levantar la mano esta vez sin decir nada.
-¡Vale, vale entiendo!
-Mira, como soy muy generoso, te dejo que le traigas a esta la comida y que la saques al baño- y diciendo esto, Metre salió por la puerta dejando a Pulga babeando mientras miraba fijamente a Honey y de vez en cuando se movía, se acercaba, se agachaba, cambiaba de lado, todo para poder observarla mejor desde todas las perspectivas diferentes.
Ella tampoco dejaba de observarle con cara de repulsión y, de vez en cuando, él la miraba a la cara y se pasaba la lengua por los labios y ella acentuaba la cara de asco al tiempo que también se le acentuaban las arcadas.
-¿No necesitas hacer tus necesidades? El tito Pulga quiere observarte mejor… desde otras perspectivas ji ji.
Entonces entró Metre con dos platos para perros, uno rojo y otro metálico, con comida dentro. Se agachó delante de la jaula y tiró del suelo metálico, sacándolo lo suficiente como para poner los dos platos y lo volvió a colocar en su sitio, quedando dentro de la jaula los platos. Por lo menos la comida olía bien y ella tenía hambre…
Después de comer, aprovechó que Metre se quedó con ella a solas y le pidió ir al baño. Él, la pasó unas esposas por los barrotes de la jaula y ella se las puso. Cogió de encima de la mesa un manojo de llaves y abrió la parte delantera de la jaula. Ella intentó ponerse de pie, pero las piernas no la respondían. En la jaula no podía estirarse entera y mucho menos ponerse de pie. Metre la agarró de la cintura y la ayudó a sostenerse hasta que recobró la fuerza la fuerza en las piernas y pudo andar normalmente. Honey se alegró de que él se hubiera quedado con ella, porque de haber sido el otro, ahora a saber en qué circunstancias se encontraría.
Salieron a un pasillo, anduvieron unos pasos y la empujó suavemente dentro de un cuartito de reducidas proporciones en el cual solo había un váter y rollos de papel por el suelo.
A la vuelta repitieron un proceso parecido: ella se agachó y entró en la jaula, él cerró el candado y dejó las llaves encima de la mesa. Después, la paso una llave pequeña para que se quitase las esposas. Ella las miró antes de devolvérselas.
-Si quieres que te sigamos tratando bien, más vale que te portes igual de bien que hasta ahora- la dijo Metre por si ella trataba de hacer algo- En el momento que te empieces a portar mal, te iremos quitando privilegios y te tendrás que hacer tus necesidades encima. Sé buena, princesa- la guiñó un ojo y se marchó después de dejar las esposas encima de la mesa otra vez.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Capítulo 12 de Fiscal en prácticas

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Eran las 8 de la mañana y el tímido sol de invierno empezaba a hacer su presencia en la habitación de Benjamin colándose por los agujeros de su persiana.  Él ya estaba despierto, pero le apetecía quedarse un rato más en la cama, entrecerró los ojos para evitar la luz en exceso y se estiró relajándose. El móvil empezó a sonar y, en un principio, dejó que siguiera así, pero ante la insistencia al final lo cogió y miró la pantalla. No era un número que tuviera registrado. Se sentó en la cama y contestó. Al otro lado respondió una mujer nerviosa.
-Buenos días… ¿Es usted el señor Edwards, no?
-Si, soy yo.
-Verá, soy la madre de Honey. Quería preguntarle si sabe usted dónde está… porque anoche no volvió a casa…
-Es imposible que no volviera a casa ¡Yo mismo la llevé en mi coche!- exclamó Benjamin impactado.
-Su bolso estaba medio tapado por la nieve al lado de la puerta de casa… he sacado su número de teléfono de su móvil que está dentro de su bolso… estoy segura de que algo la ha pasado… ¡No llegó a entrar anoche dentro de casa!
-Yo… la dejé  frente a su casa, pero no la vi entrar dentro…-reflexionó Benjamin frotándose los ojos. Con las yemas de los dedos.
-Voy…  a llamar a la policía…-la mujer estaba intentando mantener la compostura pero en el fondo estaba muy preocupada.
-Vale, voy a vestirme y enseguida estoy allí- Benjamin estaba muy preocupado.
Al cabo de media hora, Benjamin estaba frente a la casa de Honey. Allí había también dos coches de policía y la madre lloraba desconsoladamente mientras sostenía el bolso de Honey en una mano y el inspector la preguntaba.
-¿Está usted segura  de que su hija no se ha ido a algún sitio? ¿Ha llamado ya a todos sus amigos?
-Yo mismo la dejé en la puerta de su casa- le interrumpió Benjamin- Buenos días inspector Erick y feliz Navidad.
-Lo mismo digo, Edwards. ¿O sea que usted la dejó aquí? ¿La vio entrar dentro de su casa?
- No señor-se giró hacia la madre de Honey- Encantado de conocerla, yo soy Benjamin Edwards- la tendió una mano.
-Encantada. Yo soy Anis Switter- Honey se parecía mucho a su madre. Era una mujer alta y delgada, con el pelo rizado, corto y recogido en una coleta baja- Me hubiera encantado conocerle en otras circunstancias. Honey me ha hablado mucho de usted, y muy bien por cierto.
-Muchas gracias.
-Entonces podemos esclarecer que la señorita Switter ha desaparecido…desapareció anoche aquí mismo sobre la hora…-el inspector rellenaba el informe.
-Las 2 menos cuarto de la mañana- matizó Benjamin.
- Y usted fue el último que la vio…- esta frase del inspector debió destrozar a la madre de Honey que rompió a llorar y también hizo mella en Benjamin, el cual sintió una punzada en el corazón.
Honey… ¿Dónde estás?-se preguntó Benjamin  apretando los dientes y la vio en su mente, riendo la noche anterior en el interior de su coche.
El inspector de policía se despidió de ambos y los demás policías que miraban los alrededores de la zona y entre la nieve en busca de pistas también se despidieron. Debían entregar los informes para poder abrir la investigación. Benjamin también se despidió de la madre de Honey, diciéndola que él mismo se encargaría de ayudar a la policía y que no se preocupara, ya que aparecería pronto y bien.
Cuando llegó a la oficina del fiscal allí no había casi nadie. Pidió a una de las secretarias que le pusiese en contacto con la fiscal general y al cabo de unos minutos le pasaron el teléfono con Alisson Sabad al otro lado.
-Buenos días señora Sabad. Quería informarla de la desaparición de mi ayudante y que yo personalmente me ocuparé del caso. La aviso para que no se le adjudique el caso a otro fiscal.
-Ha llegado tarde, acabo de terminar de gestionar los casos y ya está asignado a otra persona. Además debo recordarle que usted está de vacaciones. Eso significa que NO está operativo. Por lo tanto sería imposible.
Benjamin sabía que la fiscal general le iba a decir eso y que no iba a dar su brazo a torcer por tratarse de Honey. También sabía que llevaba razón pero no se iba a dar tan fácilmente por vencido.
-¡Es la desaparición de mi ayudante! ¡Me da lo mismo que esté de vacaciones o no! ¡El caso es mio! Espero que pase una feliz Navidad, señora Sabad- antes de colgar el teléfono escuchó la voz de ella gritándole: ¡Señor Edwards! ¡Le prohíbo terminantemente que haga un seguimiento de este caso! ¡No haga que tenga que suspenderle….! Y colgó antes de que terminase la amenaza.
Vale, la fiscal general ya estaba bajo aviso y el siguiente paso era ir al centro de investigación criminal para ver si ya habían empezado a investigar. Cuando llegó allí, buscó al inspector Erick y cuando por fin dio con él, se llevó una sorpresa.
-¿El caso de su ayudante? Ya no es competencia mía. Ha sido traspasado a una investigación ya abierta desde hace unos meses sobre tráfico de mujeres para prostitución. Ahora lo lleva Gilliam.
¿QUÉ? ¿Prostitución? ¿¡Qué está pasando aquí!?
Buscó al inspector Gilliam. Este estaba en su despacho con algunos agentes de policía y al verle todos levantaron la cabeza de los informes que había encima de la mesa y que estaban examinando con detenimiento. Tras presentarse y decir el motivo de su visita, el inspector les dijo a los agentes que ya continuarían luego con lo que estaban haciendo.
-Me han comentado que usted es el encargado de un caso de… desaparición. La desaparecida es mi ayudante, Honey  Switter- explicó Benjamin.
-¡Ah! Sí, soy yo el encargado. Venga conmigo- respondió el inspector tras pensar durante unos segundos sobre qué le estaba hablando Benjamin.
El inspector le llevó a una mesa dónde varios agentes discutían, seguramente sobre el caso. Cogió unos papeles que había allí encima y se los dio a Benjamin. Eran fotos de chicas con una fecha en cada una de las esquinas superior derecha. Benjamin las hojeó y entre ellas estaba la de Honey, una de las últimas. Originariamente sería una foto tipo carnet, ahora ampliada ocupaba todo un folio. Honey posaba maquillada y radiante con unos 3 años menos, la piel mucho más bronceada que actualmente, sonrisa de oreja  a oreja  y una banda de color negro que la cruzaba los hombros,  bordada en letras doradas con lo que parecía el nombre de un instituto. Benjamin supuso que sería una fotografía de graduación.
-Honey no fue la única chica que desapareció anoche- empezó a explicarle el inspector, mientras buscaba otro papel en la mesa  y se lo tendía: era la fotografía de una casa de dos pisos con amplio jardín que parecía tomada desde alguna casa vecina- algunas de las chicas que desaparecieron volvieron a aparecer en clubs nocturnos. Creemos que el lugar dónde las llevan es esa casa de la foto. La tenemos  en vigilancia desde hace un mes después de varias llamadas de vecinos denunciando haber visto cosas extrañas dentro. Estamos casi seguros de nuestra hipótesis.
-Entiendo…- en realidad Benjamin no podía entender nada. Todavía estaba intentando asimilar que Honey había desaparecido y toda esa información… era pronto para que la pudiera interiorizar.
El inspector le dio una palmadita en la espalda al notar que Benjamin estaba afectado y preocupado por su ayudante.
-No se preocupe, estamos planeando hacer una redada pronto a la casa, asique podemos decir que dentro de poco tendrá a su ayudante de vuelta.
Honey, estés dónde estés, solo espero que te encuentres sana y salva.

sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo 11 de Fiscal en prácticas

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Tal y como acordaron, las cosas volvieron a ser exactamente igual que antes y ninguno de los dos volvió a recordar lo sucedido ese día. Ambos se sentían muy cómodos en compañía del otro y ya no eran como profesor y alumno, sino amigos. A parte de eso, Honey quedaba con Mel en su tiempo libre. Se habían hecho también muy amigas, pero decidió seguir el consejo de Philip y no le contó nada.
Llegó la Navidad y Philip les invitó a la fiesta que haría el día 24 por la noche en su oficina. Así que Benjamin y Honey se despidieron el día 22, último día de trabajo, hasta el 24 por la noche.
Honey decidió llegar un poco antes de las 11, hora a la que habían quedado, para ayudarles con la comida y demás cosas. Se despidió de su madre a las 7 en la parada del autobús que iba a Fortold Sea, diciéndola que pasase buena noche con el resto de la familia y que les desease unas felices fiestas a todos de su parte, y volvió a casa. Nada más entró en su habitación encendió la radio y se puso a juguetear con el maquillaje y el vestido que se iba a poner esa noche: un palabra de honor negro con cinturón ancho rojo y que de largo la llegaba bastante por encima de la rodilla. ¡No podía esperar para ponérselo! Pero era demasiado temprano, asique decidió hacer tiempo. Por fin llegaron las 9 y empezó a arreglarse, se hizo un recogido en el pelo  y a las 10 menos cuarto decidió que ya estaba lista, cogió unas bolsas con cosas que había comprado y se marchó hacia la oficina de Philip. En la calle hacía mucho frío y el suelo estaba cubierto por unos pocos centímetros de nieve. Pequeños copos caían despacio, como quedándose suspendidos en el aire.
Por fin llegó al despacho de Philip y justo cuando fue a pulsar el timbre pensó: ¿Iré demasiado arreglada? Quizá me haya pasado un poco… bueno-respiró hondo –que pase lo que tenga que pasar-y pulsó por fin el timbre.
A los pocos segundos Philip le abrió la puerta. Iba con una camisa y pantalones de traje azul marino y un trapo de cocina en una mano. Le sonrió y la miró de arriba abajo.
-¡Pero bueno! ¡Qué guapa vienes! ¿No? Pasa- se hizo a un lado para dejarla pasar, ella entró y él cerró la puerta detrás de ella- ¿Cómo es que estás aquí tan pronto?
-Pues por si tenía que ayudar en algo.
-¡Ah! Entonces igual que estos dos-señaló a la izquierda de ella y ella miró. Allí sentados en un sofá estaban Benjamin y Leo, los cuales le saludaron con la mano- Quédate con ellos y ahora os decimos Mel y yo qué podéis hacer. ¡Mirad, chicos, que guapa se nos ha puesto nuestra Honey!-dijo Philip mientras entraba dentro de la cocina.
Honey pasó a la sala de espera, en la cual habían puesto una mesa grande y sillas alrededor y los manteles, platos y vasos reposaban en otra mesa bajita a la espera de ser colocados.
Benjamin se levantó y la dio dos besos. Honey determinó que estaba guapísimo: a pesar de que le veía siempre con traje, ese día se había puesto uno negro  hecho de una tela un poco brillante, con camisa negra y corbata blanca.
Leo se levantó después de Benjamin para dárselos. Él también estaba diferente a como normalmente le veía en el bar. Llevaba una camisa de cuadros verde y marrón, la cual le favorecía muchísimo con sus ojos color miel claros y su pelo rubio,y unos pantalones de vestir también marrones.
Entonces apareció Mel y se lanzó a abrazarla.
-¡No me puedo creer que estés TAN guapa!- gritó como si Honey fuese su ídolo musical o su actriz favorita- ¿De dónde has sacado ese vestido? ¡Yo también quiero uno igualito!-Honey aprovechó para quitarse el abrigo y ponerlo en una silla, se había sonrojado un poco. ¡Qué vergüenza! -Bueno- continuó Mel cuando recobró la compostura- Si queréis ayudar, id poniendo el mantel en esta mesa. Luego los vasos, platos y cubiertos y ahora empezamos a traer la comida para irla colocando ¡Ya veréis qué cosas más ricas!
Honey, Benjamin y Leo se pusieron manos a la obra. Hicieron el recuento de personas (sí, el típico que se hace antes de colocar los platos aunque solo sean 4 personas) y dejaron todo colocado. Honey  decidió ir a la cocina a echar un vistazo después de pasarse por el baño, asique preguntó dónde estaba este y fue hacia allí. Cuando se disponía a abrir la puerta se mareó y casi se cae al suelo. Se apretó contra la pared fuerte: todo daba vueltas, los oídos la pitaban y la entró un dolor de cabeza horrible. Perdió durante unos instantes la noción del tiempo.
-Honey…
Abrió los ojos. Ya se la había pasado. No entró en el baño al final, sino que fue a la cocina.
-¿Mel me has llamado?
-¿Yo? No.
-Qué extraño, me había parecido… bueno no importa.
-Ya que estás aquí ¿podrías ir llevando esto a la mesa?- la señaló un plato lleno de panecillos con un poco de salmón encima de cada uno.
-Claro-respondió Honey sonriendo, pero antes de que pudiera coger el plato, el dolor de cabeza volvió de golpe y no pudo evitar lanzar un gruñido de dolor y llevarse las manos a los oídos, los cuales la pitaban tanto que apenas podía oir a Mel y a Philip preocupados, preguntándola qué la pasaba. El dolor cesó, pero fue sustituido por la sensación de mareo y la vista se la nublaba, así que se tuvo que apretar otra vez contra una pared para no caerse. Duró unos segundos y desapareció todo.
-Honey- Mel la estaba agarrando por el brazo fuertemente-¿Estás bien?
-Si… ya estoy bien- respondió con normalidad como si no hubiera pasado nada.
-¡Ya! ¡Pero hace unos segundos no!
-A veces me dan mareos y los oídos me pitan…
-¿Desde cuándo te pasa eso?- le preguntó Philip.
-Mmm… desde…- desde el día que la pasó eso con Benjamin. El día que no se atrevió a ir a la oficina, mientras estaba en el parque, fue la primera vez que la pasó. Desde entonces la había vuelto a pasar en algunas ocasiones, incluso se había vuelto usual, aunque nunca la había pasado hasta ese momento delante de nadie. Pero claro, no lo podía decir porque Mel no sabía que estaba enamorada de Benjamin asique calculó las semanas-…más o menos 3 semanas o así.
-Pues quizá deberías decírselo al médico…- se preocupó Mel.
-¡No os preocupéis tanto por mi, que ya estoy bien, y manos a la obra con todo esto!-Honey les sonrió para hacerles ver que ya no pasaba nada y cogió el plato para llevarlo a la sala de espera, la cual se había convertido en el salón comedor improvisado.
 Allí estaban Benjamin y Leo sentados en la mesa hablando animadamente y cuando la vieron llegar la preguntaron si podían hacer algo más. Una vez colocaron la mesa entre los tres y toda la comida ya estaba hecha, se sentaron todos alrededor de la mesa a comer. Los cinco se lo pasaron mejor que nunca charlando y riendo a carcajadas y, cuando dieron las 12 en el gran reloj del salón, Philip gritó ¡Eh! ¡Ya es Navidad!  Y todos se levantaron en su sitio para brindar y darse dos besos deseándose felices fiestas. Entonces la empezó a sonar el móvil a Honey, la cual lo cogió y se fue a la cocina a hablar. Era Mario para felicitarla las fiestas. Estuvieron hablando unos minutos y luego volvió con los demás al salón.
-¡Mario os desea a todos una feliz Navidad!-gritó.
-Igualmente-gritaron los 4 al unísono.
-Ya decía yo que el corazón de una chica tan guapa no podía estar libre-soltó Leo mirando a Honey con ternura.
Mel soltó un grito de histérica.
-Mario y yo solo somos amigos-sonrió y se puso un poco colorada. Pensó en Benjamin y tuvo que hacer un esfuerzo para no ver la cara que tendría ante semejante comentario…
 ¡UN MOMENTO! No me lo puedo creer… ¿¡Leo me acaba de tirar los trastos!?¿Mel habría gritado por Mario o por el comentario de Leo? ¿Serán imaginaciones mias? Nah…seguro que ha gritado al oir el nombre de Mario…
Durante unos segundos Honey le dio vueltas, pero luego lo dejó pasar y se acordó de que les había comprado algo a cada uno, se levantó y fue a buscar las bolsas que había traido.
-¡Chicos, vuestros regalos!
-¡No me lo puedo creer, Honey! No tenías que habernos comprado nada- le dijo Benjamin al recibir el suyo.
-Bueno, os los he comprado porque me a apetecido.
-Nosotros no hemos comprado regalos- dijo Philip con tristeza mientras desenvolvía el suyo. Era una corbata verde-¡Guau! ¡Me encanta! No tenía ninguna de este color.
Mel y Leo se empezaron a reir al ver que les había comprado unos delantales a juego a los dos.
-¡Si queréis os los firmo!- rio Benjamin con su nueva pluma estilográfica en la mano.
-¡Ah! Esa es por la que te rompí la semana pasada.
-No hacía falta. Escribe mejor que la otra…- dijo probándola en una servilleta.
-¡Se me había olvidado que me había traido el juego de cantar!-recordó Mel- ¡Me pido primera con Honey!-se levantó y encendió la televisión.
Primero cantaron Honey y Mel y luego Benjamin y Philip y la siguiente, los tres juntos. Philip y Leo se habían tomado una copa de más y se empezaba a notar el efecto. Benjamin ni siquiera podía cantar de la risa, Mel no paraba de retorcerse y de gritar y  Honey lloraba y todo.
A la una y media, Leo y Philip se tumbaron en el sofá después de una canción romántica y se quedaron dormidos abrazados, todavía diciendo cosas graciosas medio en sueños al convertirse esa copa de más en tres o cuatro.
-Iros si quereis, que yo me quedo a dormir en una cama que tenemos en una habitación-les dijo Mel.
Los dos se despidieron de ella y salieron a la calle medio riendo todavía.
-¿Te vas a ir andando? Pues entonces sube al coche que te llevo. ¡No te preocupes que no he bebido ni una sola gota de alcohol!
-¡Es verdad! ¡No me había dado cuenta de que no habías bebido!
-¿Tú tampoco has tomado nada con alcohol, no?-la preguntó una vez habían montado en su coche.
-No, es demasiado fuerte para mí- y empezaron otra vez a reir al recordar los mejores momentos de la noche hasta que llegaron frente a la casa de Honey.
Ella le dio dos besos y se bajó del coche, se despidió de él moviendo la mano y se quedó allí de pie mirando hasta que el coche desapareció a lo lejos.

jueves, 16 de febrero de 2012

Tributo a una gran voz

expr:id='"post-body-" + data:post.id'> Quería y me parecía oportuno dedicarle una entrada en mi blog a la que yo considero que ha sido una gran voz. Me refiero a Amy Winehouse.Yo la verdad es que no soy fan suya ni mucho menos, pero dos meses antes de que muriese me enganché a una de sus canciones : Back to black. Yo en esos momentos estaba un poco depre y no sé por qué razón la letra de esa canción consiguió llegarme e incluso hacía que me sintiera mejor. Creo que de verdad consiguió conmoverme. Mi frase favorita de esa canción es :
We only say goodbye with words, I die a hundred times Solo nos despedimos con palabras, morí cien veces. Si lo deseais, podeis darle una oportunidad :) Un saludo para todos : Iria

martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 10 de Fiscal en prácticas

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Bueno,ya van 10 capítulos. ¡Se me han echo muy cortos!  Celebrando el décimo capítulo y el día de San Valentín quería deciros, querid@s lectores/as que...¡MIS ENAMORADOS SOIS VOSOTROS! ¡Claro! Porque ¿Qué iba a ser de este blog sin vosotros? ¡Nadie sabría lo que pasaría en el bar de Leo o en la oficina del fiscal! Pues no os robo más tiempo que ya bastante largo me ha quedado el capítulo de por sí, y lo dicho ¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTIN  y espero que disfruteis con este capítulo nuevo! un saludo a todos: iria

 CAPÍTULO 10
Benjamin estaba en la puerta del despacho de Philip. Al verle, los dos se levantaron. Honey no se atrevía a mirarle directamente. Entró y se puso a su lado.
-¿Honey? ¿Decirme el qué?-parecía entre confuso y enfadado.
Ella no podía reaccionar, ni mirarle a la cara y mucho menos articular palabra alguna. Las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas despacio y al fina salió llorando y corriendo del despacho. Benjamin se quedó mirando la puerta por la acababa de salir Honey durante unos segundos con preocupación hasta que la voz de Philip le devolvió a la realidad.
-Ben... ¿qué haces aquí?
-Supongo que lo mismo que Honey ¿no?-Philip le señaló la silla indicándole que se sentase y este le hizo caso-¿Te lo…ha contado?-Philip asintió con la cabeza-Philip… ¿qué es eso que no sabe si decirme?
-¿Tú qué crees? ¡Qué te quiere Ben!
Benjamin se quedó mirando fijamente la taza de café apenas sin tocar que tenía delante. Estaba en blanco y muy confundido y pensó en cómo debía de sentirse ella.
-No me lo digas: no sabes qué hacer-Philip parecía a veces poder leerle la mente. Seguramente sería por los años de amistad.
-¿Qué piensas?-le preguntó Benjamin levantando la vista de la taza-Es muy buena persona. Tengo que admitir que, aunque en un principio no quería tener un practicante conmigo, la he cogido mucho cariño…
Philip sabía perfectamente cómo era Benjamin: no solía hablar de sus sentimientos y siempre estaba muy volcado en su trabajo como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Por eso no había notado lo que sentía ella. Él nunca había estado interesado en salir con ninguna chica. Pero esta vez era diferente. El mismo sexto sentido que hacía unos meses le había avisado de lo que sentía Honey por Benjamin  se acababa de activar en la cabeza de Philip, pero esta vez no dijo nada. Benjamin se tenía que dar cuenta por sí mismo y decírselo claramente no ayudaría en nada…
-Creo que hoy no deberías presionarla más. Esta tarde o mañana cuando vaya a la oficina seguro que ella te dice algo. Pero recuerda: no debes intimidarla ¡Esto no es un juicio!
Honey llegó a su casa. Su madre no estaba. Dejó su abrigo y su bolso en el salón y se tumbó en el sofá a ver la tele y al cabo de un rato se quedó dormida. Sobre las 3 llegó su madre y la despertó para ver qué quería para comer. Ella mintió y dijo que ya había comido fuera con Benjamin. Subió a su habitación y se dejó caer sobre la cama y empezó a llorar echa un ovillo, hasta que al final se volvió a quedar dormida. Esa noche no pudo dormir nada y se quedó boca arriba pensando con los ojos como platos qué debía hacer al día siguiente mientras que, de vez en cuando, alguna lágrima caía por su cara y al final era absorbida por la almohada. Su conclusión final fue que Benjamin no querría volver a verla pero aún así, debía presentarse en la oficina. Por la mañana se levantó media hora antes y desayunó tranquilamente aunque el estómago la dolía horrores. Inspiró profundamente varias veces, pero solo conseguía que el dolor desapareciese durante unos segundos. Al final, salió de casa un poco antes de lo habitual y fue andando despacio hacia la parada del autobús. Aunque todo estaba nevado, el sol calentaba. Miró a su alrededor y vio asombrada que todo seguía su curso normal, a pesar de que a ella la parecía que su vida se había paralizado, congelado: parecía que todavía era ayer y a la vez no, había veces que los minutos la parecían horas y veces que las horas la parecían minutos. Se paró en seco cuando ya se veía la parada a lo lejos. No podía ir a la oficina. Simplemente no podía. Se sentía dolorida por dentro y sin fuerzas por fuera. Y, por si fuera poco, no podía dejar de pensar en él… Parecía una tortura.
Dio la vuelta y se dejó llevar por las calles sin pensar mucho. No tenía a dónde ir. Finalmente acabó sentada en un parque frente a una fuente. Dejó su bolso en el banco y pensó en ponerse a estudiar un poco. Quizá pensar en otras cosas la ayudaría. Error: abrir el bolso y ver sus apuntes, papeles y libros solo consiguió  que se sintiera peor aun, además de que había papeles escritos por Benjamin. Cogió uno de ellos y se quedó mirándolo fijamente. Tenía muchísimas ganas de gritar y romper a llorar. Lo primero no lo haría porque quedaría como una loca y lo segundo la era prácticamente imposible, ya que había llorado tanto por la noche y el día anterior que, aunque lo hubiera deseado con todas sus fuerzas, de sus ojos no habría salido ni una sola lágrima. Abrazó el papel empujada por un sentimiento de impotencia, subió las piernas al banco y se quedó con la cabeza sobre las rodillas un buen rato. Era increíble la cantidad de sentimientos que sentía a la vez y era como si no pudiera quedarse con uno solo. Levantó la cabeza cuando se dio cuenta de que todo ese cúmulo de emociones era lo que generalmente se llamaba “estar enamorada” y eso se había juntado con lo que generalmente se llamaba “haberla cagado con la persona de la que estas enamorada”. Miró el reloj: eran las 10 menos cuarto. A esa hora Benjamin ya estaría pensando por qué no había aparecido y se preguntó si la habría llamado. Sacó el móvil del bolsillo. Lo había apagado el día anterior y seguía así. Se sintió tentada de encenderlo, pero al final decidió no hacerlo. Sería porque en el fondo tenía un sentimiento infantil de querer que él se preocupara por ella. Se estaba empezando a quedar fría, así que cogió el bolso, se lo colgó y fue hacia la fuente. Agarró fuerte la barandilla de hierro helada y miró alrededor: siempre la había gustado ese parque no sabía muy bien por qué, pero seguro que por eso había acabado allí. La gente paseaba tranquilamente, otros corrían o iban en bicicleta por los caminos que había entre los árboles y también había chicos y chicas con mochilas que seguro deberían estar en clase en vez de allí. Miró su reflejo en el agua. Tenía los ojos hinchados y la escocían. Se pasó el dedo por debajo de uno y la piel la ardía. De pronto se mareó, la cabeza la daba vueltas y la pitaban los oídos. Apretó fuerte los ojos  y las manos en la barandilla y se la pasó…
-Honey.
Se giró despacio y sin pensar hacia la voz.
-Benjamin.
Benjamin estaba de pie allí mismo, detrás de ella. Durante unos segundos le pareció un espejismo, hasta que se le acercó y se miraron a los ojos.
-Ayer no fuiste a la oficina por la tarde y esta mañana tampoco. Te he llamado al móvil varias veces y lo tienes apagado. Me he pasado por tu casa y no había nadie. Estaba muy preocupado por ti…
-Lo siento…- Honey se ruborizó un poco y miró al suelo con tristeza.
Benjamin respiró hondo antes de hablar.
-Respecto a lo de ayer…
-Quería pedirte perdón. Fue un error mio. No debí haberlo hecho. No quiero que nada cambie entre nosotros. Han sido tres meses maravillosos y he aprendido tanto de ti…-le interrumpió sin pensar. Tenía miedo de lo que le pudiera decir él.
-Yo también te iba a decir lo mismo. Me lo paso muy bien contigo, eres muy buena aprendiz además de buena persona. Ayer por la tarde y esta mañana te he echado de menos. Será mejor que hagamos como que ayer no existió.
Honey asintió con la cabeza. Una parte de ella se sintió profundamente aliviada y la otra estaba todavía nerviosa por encontrarse a su lado. Benjamin la abrazó.
-¿Te acuerdas cuando secuestraron a Mario? Nos abrazamos igual que ahora- le recordó ella.
-Tienes razón. Me acuerdo- se separó de ella, la agarró por la barbilla y la examinó- Pero entonces no tenías tan mala cara.
Los dos se sonrieron y volvieron juntos a la oficina.