Honey se tumbó en la cama por la tarde. La verdad era que todavía estaba intentando recuperarse de la imagen del cadáver y de su decepción consigo misma. Pero esa tarde se demostraría a sí misma que estaba hecha para ese trabajo y decidió dar lo mejor de ella a la hora de rellenar los informes sobre el caso y de buscar las contradicciones necesarias. Quería sorprender a Benjamin.
Al día siguiente cuando entró en el despacho lo primero que hizo fue entregarle los informes del caso. La habían salido muy bien, incluso mejor de lo que ella misma esperaba.
-¿Y el papel?-preguntó entusiasmada.
-El papel… no es una nota de suicidio, siento decepcionarte.
-¡Oh!Hubiese estado muy bien, como en las pelis…
-Pero sí es una prueba importante. En el laboratorio están investigando la letra de la escritura. Creen que puede ser una prueba totalmente incriminatoria para el sospechoso y totalmente decisiva en el caso.
Por una parte Honey se relajó. Eso implicaría que su primer caso sería más fácil y por lo tanto, eso haría que estuviese más segura de sí misma a la hora de estar en el tribunal. Aunque al instante pensó que si esa prueba era tan importante, quizá la defensa se inventase algo que la dificultaría demostrar la culpabilidad del acusado.
En todo caso, no había manera de saberlo hasta el día del juicio.
Dos días más tarde los resultados óptimos de la prueba escrita llegaron. Se trataba de una nota escrita por el acusado hacia la víctima en la quedaban esa misma mañana en casa de la víctima. Una prueba incriminatoria en toda regla. Al parecer la víctima y el acusado guardaban una relación de socios, uno en deuda con el otro y todo parecía apuntar a que el deudor había pagado por ello y su castigo había sido la muerte. Esa iba a ser la línea que iba a usar la acusación.
Una semana más tarde se celebró el juicio. La noche anterior Honey no pudo pegar ojo. No podía dejar de pensar en lo que diría la defensa sobre el acusado. Por fin se relajó y pudo dormir unas horas antes de que sonara el despertador. Cuando se levantó tenía los ojos como platos. En ese momento el sueño era su menor preocupación, ya dormiría por la tarde cuando todo hubiera acabado. Desayunó y se vistió elegante, con falda y camisa, y salió un poco más temprano de lo normal hacia los juzgados. Cuando llegó, Benjamin todavía no estaba allí. El que sí estaba allí era el acusado acompañado de dos policías que lo custodiaban uno a cada lado. Era un hombre con cara de pocos amigos, aunque Honey pensó que no debía guiarse por las apariencias ya que la víctima también tenía cara de ello, malas pintas y había acabado muerta y, seguramente, no por ser un angelito.
Por fin llegó Benjamin en lo que fueron 3 minutos que a Honey se le hicieron eternos.
-¿Qué tal te sientes?-le preguntó sonriente.
-Nerviosa, muy nerviosa. Creo que voy a morir en cualquier momento.
-Tranquila, lo harás muy bien.
Al cabo de unos 10 minutos más, pasaron a la sala. Honey se sentó con Benjamin. Había llegado el día. Por fin. Pero después del alegato inicial del juez, la defensa pidió la palabra. Habían traido a un experto en escritura y querían realizar una prueba sobre la nota que había aparecido en el cadáver. El juez, al leer los informes y ver la importancia de la prueba, aceptó.
-¿Esto suele pasar?-preguntó Honey confusa al sentirse fuera de lugar.
-No-contestó seria y secamente Benjamin, cosa que preocupó a Honey. Intentó no pensar negativamente y centrarse en la parte que ella tendría que exponer. Se sentía importante y cómoda al lado de Benjamin. No podía dejar de mirarle constantemente. Le había visto en acción allí mismo varias veces y no podía dejar de recordar lo especial que fue la primera vez, el tercer día de estar con él. Al cabo de un rato largo llegaron el abogado defensor y el experto y le presentaron al juez un informe en el que aseguraban que la letra no era del acusado, sino una falsificación casi perfecta de la misma. Con la boca abierta, el juez aplazó el juicio a fin de que otro experto de la policía lo confirmase.
Salieron de la sala. Honey se sentía contrariada e inquieta.
-¿Qué va a pasar ahora?
-Cualquier cosa- Benjamin la empezaba a preocupar seriamente. Parecía distante y metido en otros pensamientos. Por fin pareció reaccionar y decidieron ir a desayunar algo. Honey prefirió no decir nada respecto al caso ya que parecía que había algo que preocupaba en exceso a Benjamin.
-Oye, Benjamin… siempre he querido preguntarte esto.
-Dime.
-¿Puedo llamarte Benji?
Benjamin calló de golpe a la tierra y rompió a reír.
-¿En serio? Así me llamaba mi madre cuando era pequeño.
-Es que Ben… me parece tan serio… ¡Y horrible! Suena horrible.
-Puede ser-contestó él sonriente. Honey se alegraba de haberle sacado de sus preocupaciones y haberle hecho reír. Él siempre lo hacía cuando a ella le pasaban cosas similares y le estaba muy agradecida por ello.
-Dentro de poco será mi fiesta de graduación.
-Parece mentira que ya hayamos estado juntos… ¿Cuántos meses? ¡8! ¡8 meses trabajando juntos!
-¿Vendrás?-soltó de golpe. Llevaba unas semanas queriendo decírselo pero no encontraba el momento adecuado. Él pareció sorprendido durante unos instantes y luego sonrió largamente.
-Si me invitas claro que voy. ¿Quién más va a ir?
-Solo mi madre. Quería que viniera Mario, pero no podrá.
Él sintió pena por ella.
-También habrá un baile, pero no pienso ir, ya sabes como son esas cosas.
-En realidad no lo sé.
-Pues las chicas guapas y ricas de la universidad irán a restregarle lo importantes que son a todos los demás…- de repente se sintió un poco infantil al lado de él.
-En mi universidad también pasaban esas cosas-esas palabras realmente la tranquilizaron-Bueno-añadió Benjamin al terminar el último sorbo de su café descafeinado-será mejor que vayamos a la oficina quedan muchas cosas que hacer. Y casos nuevos. Habrá que esperar que decisión toma el juez al respecto de este.
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