Domingo. Honey volvía a
estar de los nervios, pero esta vez por la fiesta de su graduación. Sería el
lunes y llevaba todo el fin de semana inquieta. Pero había alguien que estaba
más inquieta aún: Mel. También sería su fiesta de graduación en su universidad
y ya había llamado a Honey, por lo menos, 5 veces esa misma tarde. Las dos se
habían ido a comprar un vestido para la fiesta el sábado y Mel no sabía qué
zapatos ponerse, cómo maquillarse y demás cosas. Eso a su vez inquietaba más a
Honey. Ella, finalmente se decidió por uno blanco, bueno en realidad no era
blanco del todo, podríamos decir que era blanco roto, con los bordes negros.
Sabía que la mayoría irían con vestidos despampanantes y muy caros, pero a ella
este le había parecido alegre y elegante a la par y eso la bastaba.
-¡Honey! No puedes
pintarte los ojos de negro con el vestido blanco. Acabo de leer en internet
que…
Y así todo el fin de
semana. Se probó el vestido por quinta vez consecutiva ese día, se maquilló, se
peinó y decidió dar el tema por zanjado aunque Mel la llamase una sexta vez
para decirle que acababa de decirle su abuela que llevar un vestido blanco el
día de su graduación daba mala suerte, o alguna locura similar. Lo que
realmente no se podía quitar de la cabeza era a Benjamin. ¡Iría a su fiesta!
Estaba muy emocionada y deseaba que todo saliese bien.
Entre más llamadas de
Mel, consejos de maquillaje y más llamadas de sus compañeros de universidad,
pasó la tarde del domingo y llegó la mañana del lunes. Los nervios se
convirtieron en alegría y emoción, sobre todo por parte de su madre, y al medio
día se fue con sus compañeros de clase a comer. Realmente no se llevaba muy
bien con ellos, ni ellos mismos unos con otros, pero pensó que iba a ser la
última vez que los vería y, bueno, quería compartir la emoción del momento con
ellos.
Comieron pronto. Fue un rato muy agradable y
compartieron sus diferentes vivencias respecto a las prácticas y sus tutores y
se rieron bastante. Sorprendentemente, todos se llevaban mucho mejor con todos
ahora que ya no tenían ninguna relación. Luego, se despidieron, no sin antes
intercambiar números de teléfono y direcciones de correo electrónico, y se
fueron cada uno a su casa para prepararse y esperar a la familia.
Cuando llegó a casa, su
madre le dijo que tenía una sorpresa para ella: la había pedido cita en la
peluquería y la harían un repaso completo con manicura y pedicura incluida. Así
que, con el vestido puesto dos horas antes y los nervios encima, marcharon
corriendo a la peluquería.
Al salir de allí, su
madre ya estaba con las lágrimas en los ojos y con la cámara de fotos en la
mano. Honey, por el contrario, no podía estar más estresada ya que iban a
llegar un cuarto de hora tarde. En realidad todavía había tiempo de sobra, pero
debían de estar presentes una hora antes para las fotos con profesores y demás
compañeros, aunque realmente Honey no esperaba que ninguno de sus compañeros
quisiera una fotografía con ella, pero bueno, nunca se sabía.
Y efectivamente, nunca
puedes estar seguro de lo que va a pasar el día de tu graduación. Eso era una
locura. Después de hacerse fotos con todos sus profesores, incluso con los que
odiaba más y con el director de la universidad al que no había visto nunca,
empezaron las fotos con sus compañeros. Su madre se quedó sentada mirando las
fotografías que había hecho a ver si podía borrar alguna ya que se la había
acabado la memoria. Mientras, a ella la hacían fotos por todos los lados.
Parecía como si de repente todo el mundo quisiera una fotografía con ella. Al
principio la llamaban y la hacían señas para que se acercase y la madre, el
padre, el hermano o la hermana o incluso los abuelos de sus compañeros los
sacaban la fotografía, pero llegó un momento en el que, cuando terminaba de
hacerse una con un compañero, la agarraban del brazo o del hombro y cuando se
daba la vuelta para mirar y saludar, otro de sus compañeros la pasaba la mano
por la cintura y ¡flash! Fotografía al canto.
Cuando por fin pareció que
ya se había hecho una con cada uno de los 90 compañeros, o incluso la parecía
que tres o cuatro con cada uno, intentó volver a dónde había dejado a su madre.
Cuando por fin dio con ella, sentado a su lado viendo todo el repertorio de
imágenes de la cámara junto con su madre, estaba Benjamin. Al verla se levantó
y se acercó a darla dos besos.
-¡Qué guapa estás! Me
acaba de enseñar tu madre las fotografías de cuando te estaban peinando en la
peluquería- ¡Gracias, mamá!- Y en las
que sales con tus profesores y compañeros- se sonrojó.
De verdad que él pensaba
que estaba más guapa que nunca, y ella pensó lo mismo que él. Llevaba un traje
precioso gris oscuro con una línea blanca en el borde del cuello que hacía que
fuese el doble de elegante. Al parecer su madre había hecho limpieza en la
memoria de la cámara y los hizo posar juntos. Una vez terminaron con las
fotografías, uno de los profesores la llamó y se despidió de su madre y de
Benjamin.
Estos pasaron dentro y
tomaron asiento. Benjamin miró a su alrededor, extrañado.
-¿Por qué Honey no está
sentada en las primeras filas junto con sus compañeros?
Anis le miró sorprendida.
-¿No te lo ha dicho?
Honey va a dar el discurso de su clase.
La ceremonia transcurrió
tranquila. Primero dieron varios discursos los profesores y luego 3 alumnos.
Honey fue la segunda. Cuando salió al escenario se la veía claramente nerviosa
y emocionada a la vez. Con su sonrisa de oreja a oreja miró a toda la gente que
había antes de empezar a hablar.
-Buenas tardes. Quería
agradecer a los familiares de todos nosotros, los alumnos, por haber venido en
un día tan importante para nosotros-todos aplaudieron- Por otro lado, también
me gustaría agradecer a todos mis compañeros de carrera por estos magníficos 4
años que hemos pasado juntos- en realidad ninguno de ellos había entablado una
verdadera amistad con ninguno de los otros y cuando se terminó la carrera, cada
uno volvió por dónde había venido, pero igualmente toda la sala aplaudió y
entre los alumnos, sentados en primera fila,
se oyeron gritos de alegría- Todos los alumnos les estamos muy
agradecidos a los profesores que hemos tenido durante estos años, por su apoyo
y su paciencia a la hora de enseñarnos. Quería hacer una especial mención
personal al señor Adolf, sin el cual no hubiera sido posible que yo estuviera
hoy aquí-más aplausos- Finalmente, quería agradecer a otra persona muy especial
para mí y que hoy está aquí presente: mi tutor de prácticas, Benjamin Edwards.
Su ayuda, su apoyo y su constante trabajo han hecho que realmente ame esta
carrera y mi futura profesión. Él es todo un profesional y mi ejemplo a seguir.
Quería que todos le dieseis un aplauso. Gracias Benjamin- ella levantó las
manos a la altura de la cabeza y empezó a aplaudir. El salón de actos la siguió.
Benjamin se quedó sin
saber que hacer durante un instante y finalmente decidió aplaudir también. Miró
a Anis, la cual le miraba orgullosa como si fuera su hijo y aplaudió con más
énfasis.
Durante el resto de la
ceremonia se procedió a ponerles las bandas doradas a los alumnos algunos de
sus profesores y, por fin, salieron todos del salón de actos no sin antes haber
cantado el himno de la universidad.
El recibidor del edificio
era un caos total. Los familiares buscaban a los alumnos todos a la vez para hacerse
más fotos con la condecoración, y la madre de Honey no pudo ser menos. Cuando
por fin habían terminado las fotos, Benjamin alzó la voz para que se le pudiera
oír entre todo el jaleo y se ofreció a llevarlas en su coche hasta su casa ya
que habían ido en autobús hasta la universidad.
Una vez llegaron allí,
Benjamin pidió a Honey que se quedase un rato con él.
-Tenía que decirte una
cosa…
-¿Es sobre el caso? Llevo
unos días nerviosa, aparte de por la graduación…
-¡Eh! Relájate, no es
sobre eso, no he vuelto a saber nada, pero seguro que dentro de poco tenemos
noticias. Era sobre mi mención en el discurso. Gracias. No sabía que
significase tanto para ti.
-¡Claro que sí! Admiro
mucho tu trabajo. Bueno, tengo muchas ganas de quitarme los zapatos y el
vestido. Mañana seguimos hablando ¿vale?
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