jueves, 8 de marzo de 2012

Capítulo 15 de Fiscal en prácticas

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Benjamin acudió lo más rápido que pudo a la comisaría después de recibir la llamada telefónica del inspector Gilliam. Cuando dio con él, estaba rodeado de policías preparándose para algo.
-Inspector…
-¡Ah! ¡Qué rápido ha venido, Edwards! Tal y como le dije, ya estamos preparados para entrar en la casa y desarticular la red de tráfico de mujeres.
-¿Sabe algo de Honey? ¿Está ella dentro?
-No sabemos nada, ni de ella ni de las otras tres chicas que desparecieron esa misma noche. Ojalá con un poco de suerte no las hayan sacado ya del país.
-¡¿Sacarlas del país?!
-Usted puede venir con nosotros como fiscal del caso. Se quedará con un coche hasta oir la señal en la radio de que ya se puede acceder dentro-le ordenó el policía sin hacer caso de la exclamación de Benjamin y dando por hecho que él era el fiscal.
Sin tener nada más que decir, Benjamin los siguió y se quedó con un agente de policía en un coche, esperando órdenes mientras un montón de agentes sigilosamente entraban camuflados de negro con la oscuridad de la noche prematura de invierno. En la radio no se oía nada y Benjamin estaba de los nervios.
-¿Cuál es la señal para indicar que ya está el camino libre?-le preguntó al policía que tenía a su lado, el cual iba armado hasta los dientes, al darse cuenta de que le faltaba esa información.
-Disponible, señor- y tras la contestación, volvieron a mantener un silencio sepulcral.
De pronto, en la radio se empezaron a oír gritos:
-¡POLICÍA! ¡NO SE MUEVA! ¡Las manos donde podamos verlas y contra la pared! ¡CONTRA LA PARED! ¡Hemos encontrado a un hombre de complexión robusta y desarmado! En la misma habitación se encuentra una mujer enjaulada y con claros síntomas de deshidratación. Llamen a los servicios médicos. Repito: llamen a los servicios médicos- a esto respondió el policía que acompañaba a Benjamin recibido.
Benjamin ya no podía esperar más: quizá era Honey. No pudo evitarlo y salió del coche desesperado. Andó rápido unos pasos, dio la vuelta y resopló llevándose las manos a la cabeza. Los faros de un coche le deslumbraron y le hicieron entornar los ojos hasta que paró, se apagaron y de él bajó una mujer. Era Alisson Sabad.
-¡EDWARDS! ¡Sabía que usted estaría aquí! ¿Puede decirme qué se le pasa a usted por la cabeza? ¿Qué le dije?-Benjamin se sentía como un niño regañado por su madre- ¡Se está jugando mucho, señor Edwards!-entonces por la radio del coche donde estaba metido el policía escuchando la regañina estupefacto, se oyó despejado y Benjamin interpretó eso como una señal para entrar en la casa y librarse de la fiscal general, dejándola una vez más con la palabra en la boca.
Cruzó un jardín mal cuidado y entró por la puerta principal o más bien por encima de ella, ya que la habían tirado y estaba en el suelo. A los lados había dos policías haciendo guardia. Miró alrededor: la casa estaba semidesierta a excepción de unos muebles mal colocados, toda llena de polvo y envoltorios de golosinas y comida precocinada tirados por el suelo. Frente a la puerta había dos escaleras, una que subía y otra que bajaba y dudó durante unos segundos, pero al ver un rayo de luz en las que descendían, decidió bajar al sótano pensando que allí estaría la policía.
Cuando llegó abajo no había nadie, ni luz. Se encontraba en un pasillo muy estrecho todo de cemento y ladrillos sin revestir, tal y como quedó de obra. Dio unos pasos dudando de si dar la vuelta o no pero una voz le alertó y siguió hacia delante. Se dio cuenta de que la voz pedía auxilio y aceleró el paso hasta pasar por delante de una puerta cerrada. Se quedó frente a ella y pudo escuchar los gritos al otro lado claramente.
-¡Honey!
Abrió la puerta y allí estaba ella, agarrada a los barrotes de la jaula en la que estaba presa. Corrió hacia la jaula, abrió unos cerrojos que sujetaban el techo a los lados y levantó el techo hacia atrás.
-¡Benjamin, Benjamin!-no paraba de decir Honey llena de alegría mientras intentaba ponerse de pie para abrazarle, pero las piernas no la respondían demasiado bien.
-Ya está, ya estas a salvo. Todo ha pasado-Benjamin la pasó una mano por la espalda y otra por detrás de las piernas y la cogió en brazos al ver que no podía sostenerse por si sola. Estaba claramente preocupado por ello- ¿Te han hecho algo malo? ¿Tienes alguna herida?
-No, estoy bien- y le abrazó apretándole fuerte.
De pronto la puerta de la habitación se cerró y los dos miraron hacia ella: allí estaba Metre.
-¿Y tú quién demonios eres? ¿Un superhéroe? ¡Suelta la mercancía!-dijo en tono amenazador, con una malvada sonrisa de oreja a oreja y sin gritar. Se llevó las manos a la espalda y estiró la goma del pantalón, sacando una pistola con la que les apuntó.
-¡Eh! ¡Tranquilo!- Benjamin bajó a Honey despacio y la dejó en el suelo a su lado- No te preocupes-la susurró antes de enderezarse.
-Dolly, ven aquí-la ordenó Metre .Ella miró a Benjamin e intentó levantarse, pero sus piernas no querían hacerla caso- Tú, para atrás-ordenó ahora a Benjamin.
Benjamin fue rodeando la mesa ya que estaban dándole la espalda a la jaula y era imposible retroceder en esa dirección. Metre se fue acercando a ella, la agarró por un brazo y tiró de ella para intentar levantarla. Benjamin en ese momento aprovechó para coger un objeto pesado de hierro que había encima de la mesa central y golpearle en la espalda, haciendo que soltase la pistola, la cual calló alejada de los dos. Metre gritó de dolor y se abalanzó sobre Benjamin derribándole y pegándole un puñetazo en la cara. Ahora era Benjamin el que se llevó las manos a la cara y gritó intentando incorporarse para poder respirar y no tragarse la sangre que le salía por la nariz. Metre se levantó de encima de él y recogió la pistola apuntándole mientras la quitaba el seguro. ¡Le iba a disparar!
-¡Benjamin! ¡Nooooooo!-sonó un disparo y Honey giró la cabeza y cerró fuerte los ojos. No quería mirar. Algo produjo un ruido seco al caer contra el suelo que a su vez, le produjo el llanto.
Unos quejidos y una voz encima de ella hicieron que se decidiera a mirar: en el suelo estaba el cuerpo inmóvil de Metre con un disparo en la espalda y a su lado Benjamin luchando contra la dolorosa hemorragia de su nariz. Miró hacia arriba y, al otro lado de la pequeña ventana, estaba un policía con el cañón del arma todavía apuntando al cuerpo de Metre e intentando hablar con ellos dos a la vez que transmitía la noticia por el walky.
-Estamos bien-respondió por fin ella y un montón de policías casi al instante irrumpieron dentro de la habitación con el inspector Gilliam al frente.
Benjamin se incorporó ya sin sangre recorriendo su cara, y se agachó para volver a cogerla en brazos. El inspector se acercó a ellos.
-¡Señor Edwards! Todavía no habíamos dado la señal de que entrase.
-Error mio, inspector-mintió.
-Sentimos haber tardado tanto en llegar, el otro hombre al que detuvimos primero nos entretuvo e intentó huir en un descuido.- ¡Pulga! Pensó Honey- ¡Esta casa está llena de túneles! Se nota que estaban preparados por si algún día sucedía esto…
Al rato entraron un montón de enfermeros con camillas y se llevaron tanto a Honey como a Metre, el cual solo estaba herido e inconsciente y le esperaban muchos años de prisión.

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