Llegó la noche y por fin se pudo librar de las miradas indiscretas de Pulga y de la vigilancia en general.
Se sentó lo más recta que pudo para poder estirar las piernas al máximo y apoyó la cabeza en los barrotes, cerró los ojos e intentó relajarse pero era imposible. Empezó a pensar en su madre y en Benjamin y las lágrimas recorrían sus mejillas. Sabía que tenía que ser fuerte. Su madre seguro que ya había hablado con la policía y ya estarían en ello. ¿Lo sabría Benjamin? Ojalá… seguro que él movería los hilos más rápido. Se secó las lágrimas y se prometió a sí misma ser fuerte hasta que la encontraran.
Consiguió dormir una hora ya que ni la jaula ni la postura eran muy cómodas, pero permaneció con los ojos cerrados en el silencio de la oscuridad hasta que la puerta de la habitación se empezó a abrir lentamente y Pulga entró de puntillas.
-Ji Ji Ji. Siento haberte despertado Dolly, pero es que no podía dejar de pensar en ti ¿Te alegrará saber eso, no?
-Pues la verdad es que no…
-Ji ji ji. ¿A dónde ibas tan guapa a las 10 esa noche? Los demás días cuando salías a las 8 y media de la mañana de tu casa no ibas vestida así…
-¡Me estuvisteis vigilando! ¡Eres un cerdo!- le escupió en un zapato.
-¡Tienes la cara muy bonita pero la lengua muy fea…! Deberías estarme agradecida por haber venido a hacerte compañía para que no tengas miedo en la oscuridad- diciendo esto, cogió las esposas y se las tiró.
-No pienso ponérmelas- concluyó Honey.
-Bueno, te demostraré que un hombre de verdad no las necesita – cogió el manojo de llaves de su cinturón dónde las llevaba colgadas, y abrió la parte delantera de la jaula. Se agachó y la agarró de una pierna para arrastrarla fuera.
Ella se resistió, cogió uno de los tacones que se había quitado y le dio en un ojo. Él grito y ella intentó llegar a coger el manojo de llaves pero la empujó fuerte por el pecho dentro de la jaula y la cerró de golpe.
-¡Que sepas que se lo voy a decir a Metre mañana!
-Grrrr… ¿A sí? ¿Y a quién va a creer? ¿A su compañero o a una don nadie?
-A esta don nadie cuando vea el moratón que vas a tener mañana en el ojo.
Pulga gruñió un poco más, lleno de rabia, y se fue por dónde había entrado. Honey volvió a recostarse en la misma postura de antes, con el corazón desbocado y rompió a llorar.
A la mañana siguiente el primero en entrar fue Metre para llevarla al servicio.
-¿Has visto a tu compañero?- Metre la ignoró, solo mirándola por encima de pasada- El moratón que tiene en el ojo se lo hice yo anoche con este zapato de tacón. Vino a verme e intentó forzarme-no podía perder la oportunidad.
Metre pareció quedarse pensativo durante unos segundos, entornó los ojos y salió gritando de la habitación.
-¡Será desgraciado!
Por lo menos Metre mantendría a raya a Pulga y este dejaría de molestarla. Y así pasaron dos largos días.
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