sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo 11 de Fiscal en prácticas

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Tal y como acordaron, las cosas volvieron a ser exactamente igual que antes y ninguno de los dos volvió a recordar lo sucedido ese día. Ambos se sentían muy cómodos en compañía del otro y ya no eran como profesor y alumno, sino amigos. A parte de eso, Honey quedaba con Mel en su tiempo libre. Se habían hecho también muy amigas, pero decidió seguir el consejo de Philip y no le contó nada.
Llegó la Navidad y Philip les invitó a la fiesta que haría el día 24 por la noche en su oficina. Así que Benjamin y Honey se despidieron el día 22, último día de trabajo, hasta el 24 por la noche.
Honey decidió llegar un poco antes de las 11, hora a la que habían quedado, para ayudarles con la comida y demás cosas. Se despidió de su madre a las 7 en la parada del autobús que iba a Fortold Sea, diciéndola que pasase buena noche con el resto de la familia y que les desease unas felices fiestas a todos de su parte, y volvió a casa. Nada más entró en su habitación encendió la radio y se puso a juguetear con el maquillaje y el vestido que se iba a poner esa noche: un palabra de honor negro con cinturón ancho rojo y que de largo la llegaba bastante por encima de la rodilla. ¡No podía esperar para ponérselo! Pero era demasiado temprano, asique decidió hacer tiempo. Por fin llegaron las 9 y empezó a arreglarse, se hizo un recogido en el pelo  y a las 10 menos cuarto decidió que ya estaba lista, cogió unas bolsas con cosas que había comprado y se marchó hacia la oficina de Philip. En la calle hacía mucho frío y el suelo estaba cubierto por unos pocos centímetros de nieve. Pequeños copos caían despacio, como quedándose suspendidos en el aire.
Por fin llegó al despacho de Philip y justo cuando fue a pulsar el timbre pensó: ¿Iré demasiado arreglada? Quizá me haya pasado un poco… bueno-respiró hondo –que pase lo que tenga que pasar-y pulsó por fin el timbre.
A los pocos segundos Philip le abrió la puerta. Iba con una camisa y pantalones de traje azul marino y un trapo de cocina en una mano. Le sonrió y la miró de arriba abajo.
-¡Pero bueno! ¡Qué guapa vienes! ¿No? Pasa- se hizo a un lado para dejarla pasar, ella entró y él cerró la puerta detrás de ella- ¿Cómo es que estás aquí tan pronto?
-Pues por si tenía que ayudar en algo.
-¡Ah! Entonces igual que estos dos-señaló a la izquierda de ella y ella miró. Allí sentados en un sofá estaban Benjamin y Leo, los cuales le saludaron con la mano- Quédate con ellos y ahora os decimos Mel y yo qué podéis hacer. ¡Mirad, chicos, que guapa se nos ha puesto nuestra Honey!-dijo Philip mientras entraba dentro de la cocina.
Honey pasó a la sala de espera, en la cual habían puesto una mesa grande y sillas alrededor y los manteles, platos y vasos reposaban en otra mesa bajita a la espera de ser colocados.
Benjamin se levantó y la dio dos besos. Honey determinó que estaba guapísimo: a pesar de que le veía siempre con traje, ese día se había puesto uno negro  hecho de una tela un poco brillante, con camisa negra y corbata blanca.
Leo se levantó después de Benjamin para dárselos. Él también estaba diferente a como normalmente le veía en el bar. Llevaba una camisa de cuadros verde y marrón, la cual le favorecía muchísimo con sus ojos color miel claros y su pelo rubio,y unos pantalones de vestir también marrones.
Entonces apareció Mel y se lanzó a abrazarla.
-¡No me puedo creer que estés TAN guapa!- gritó como si Honey fuese su ídolo musical o su actriz favorita- ¿De dónde has sacado ese vestido? ¡Yo también quiero uno igualito!-Honey aprovechó para quitarse el abrigo y ponerlo en una silla, se había sonrojado un poco. ¡Qué vergüenza! -Bueno- continuó Mel cuando recobró la compostura- Si queréis ayudar, id poniendo el mantel en esta mesa. Luego los vasos, platos y cubiertos y ahora empezamos a traer la comida para irla colocando ¡Ya veréis qué cosas más ricas!
Honey, Benjamin y Leo se pusieron manos a la obra. Hicieron el recuento de personas (sí, el típico que se hace antes de colocar los platos aunque solo sean 4 personas) y dejaron todo colocado. Honey  decidió ir a la cocina a echar un vistazo después de pasarse por el baño, asique preguntó dónde estaba este y fue hacia allí. Cuando se disponía a abrir la puerta se mareó y casi se cae al suelo. Se apretó contra la pared fuerte: todo daba vueltas, los oídos la pitaban y la entró un dolor de cabeza horrible. Perdió durante unos instantes la noción del tiempo.
-Honey…
Abrió los ojos. Ya se la había pasado. No entró en el baño al final, sino que fue a la cocina.
-¿Mel me has llamado?
-¿Yo? No.
-Qué extraño, me había parecido… bueno no importa.
-Ya que estás aquí ¿podrías ir llevando esto a la mesa?- la señaló un plato lleno de panecillos con un poco de salmón encima de cada uno.
-Claro-respondió Honey sonriendo, pero antes de que pudiera coger el plato, el dolor de cabeza volvió de golpe y no pudo evitar lanzar un gruñido de dolor y llevarse las manos a los oídos, los cuales la pitaban tanto que apenas podía oir a Mel y a Philip preocupados, preguntándola qué la pasaba. El dolor cesó, pero fue sustituido por la sensación de mareo y la vista se la nublaba, así que se tuvo que apretar otra vez contra una pared para no caerse. Duró unos segundos y desapareció todo.
-Honey- Mel la estaba agarrando por el brazo fuertemente-¿Estás bien?
-Si… ya estoy bien- respondió con normalidad como si no hubiera pasado nada.
-¡Ya! ¡Pero hace unos segundos no!
-A veces me dan mareos y los oídos me pitan…
-¿Desde cuándo te pasa eso?- le preguntó Philip.
-Mmm… desde…- desde el día que la pasó eso con Benjamin. El día que no se atrevió a ir a la oficina, mientras estaba en el parque, fue la primera vez que la pasó. Desde entonces la había vuelto a pasar en algunas ocasiones, incluso se había vuelto usual, aunque nunca la había pasado hasta ese momento delante de nadie. Pero claro, no lo podía decir porque Mel no sabía que estaba enamorada de Benjamin asique calculó las semanas-…más o menos 3 semanas o así.
-Pues quizá deberías decírselo al médico…- se preocupó Mel.
-¡No os preocupéis tanto por mi, que ya estoy bien, y manos a la obra con todo esto!-Honey les sonrió para hacerles ver que ya no pasaba nada y cogió el plato para llevarlo a la sala de espera, la cual se había convertido en el salón comedor improvisado.
 Allí estaban Benjamin y Leo sentados en la mesa hablando animadamente y cuando la vieron llegar la preguntaron si podían hacer algo más. Una vez colocaron la mesa entre los tres y toda la comida ya estaba hecha, se sentaron todos alrededor de la mesa a comer. Los cinco se lo pasaron mejor que nunca charlando y riendo a carcajadas y, cuando dieron las 12 en el gran reloj del salón, Philip gritó ¡Eh! ¡Ya es Navidad!  Y todos se levantaron en su sitio para brindar y darse dos besos deseándose felices fiestas. Entonces la empezó a sonar el móvil a Honey, la cual lo cogió y se fue a la cocina a hablar. Era Mario para felicitarla las fiestas. Estuvieron hablando unos minutos y luego volvió con los demás al salón.
-¡Mario os desea a todos una feliz Navidad!-gritó.
-Igualmente-gritaron los 4 al unísono.
-Ya decía yo que el corazón de una chica tan guapa no podía estar libre-soltó Leo mirando a Honey con ternura.
Mel soltó un grito de histérica.
-Mario y yo solo somos amigos-sonrió y se puso un poco colorada. Pensó en Benjamin y tuvo que hacer un esfuerzo para no ver la cara que tendría ante semejante comentario…
 ¡UN MOMENTO! No me lo puedo creer… ¿¡Leo me acaba de tirar los trastos!?¿Mel habría gritado por Mario o por el comentario de Leo? ¿Serán imaginaciones mias? Nah…seguro que ha gritado al oir el nombre de Mario…
Durante unos segundos Honey le dio vueltas, pero luego lo dejó pasar y se acordó de que les había comprado algo a cada uno, se levantó y fue a buscar las bolsas que había traido.
-¡Chicos, vuestros regalos!
-¡No me lo puedo creer, Honey! No tenías que habernos comprado nada- le dijo Benjamin al recibir el suyo.
-Bueno, os los he comprado porque me a apetecido.
-Nosotros no hemos comprado regalos- dijo Philip con tristeza mientras desenvolvía el suyo. Era una corbata verde-¡Guau! ¡Me encanta! No tenía ninguna de este color.
Mel y Leo se empezaron a reir al ver que les había comprado unos delantales a juego a los dos.
-¡Si queréis os los firmo!- rio Benjamin con su nueva pluma estilográfica en la mano.
-¡Ah! Esa es por la que te rompí la semana pasada.
-No hacía falta. Escribe mejor que la otra…- dijo probándola en una servilleta.
-¡Se me había olvidado que me había traido el juego de cantar!-recordó Mel- ¡Me pido primera con Honey!-se levantó y encendió la televisión.
Primero cantaron Honey y Mel y luego Benjamin y Philip y la siguiente, los tres juntos. Philip y Leo se habían tomado una copa de más y se empezaba a notar el efecto. Benjamin ni siquiera podía cantar de la risa, Mel no paraba de retorcerse y de gritar y  Honey lloraba y todo.
A la una y media, Leo y Philip se tumbaron en el sofá después de una canción romántica y se quedaron dormidos abrazados, todavía diciendo cosas graciosas medio en sueños al convertirse esa copa de más en tres o cuatro.
-Iros si quereis, que yo me quedo a dormir en una cama que tenemos en una habitación-les dijo Mel.
Los dos se despidieron de ella y salieron a la calle medio riendo todavía.
-¿Te vas a ir andando? Pues entonces sube al coche que te llevo. ¡No te preocupes que no he bebido ni una sola gota de alcohol!
-¡Es verdad! ¡No me había dado cuenta de que no habías bebido!
-¿Tú tampoco has tomado nada con alcohol, no?-la preguntó una vez habían montado en su coche.
-No, es demasiado fuerte para mí- y empezaron otra vez a reir al recordar los mejores momentos de la noche hasta que llegaron frente a la casa de Honey.
Ella le dio dos besos y se bajó del coche, se despidió de él moviendo la mano y se quedó allí de pie mirando hasta que el coche desapareció a lo lejos.

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