martes, 14 de febrero de 2012

Capítulo 10 de Fiscal en prácticas

expr:id='"post-body-" + data:post.id'>
Bueno,ya van 10 capítulos. ¡Se me han echo muy cortos!  Celebrando el décimo capítulo y el día de San Valentín quería deciros, querid@s lectores/as que...¡MIS ENAMORADOS SOIS VOSOTROS! ¡Claro! Porque ¿Qué iba a ser de este blog sin vosotros? ¡Nadie sabría lo que pasaría en el bar de Leo o en la oficina del fiscal! Pues no os robo más tiempo que ya bastante largo me ha quedado el capítulo de por sí, y lo dicho ¡FELIZ DÍA DE SAN VALENTIN  y espero que disfruteis con este capítulo nuevo! un saludo a todos: iria

 CAPÍTULO 10
Benjamin estaba en la puerta del despacho de Philip. Al verle, los dos se levantaron. Honey no se atrevía a mirarle directamente. Entró y se puso a su lado.
-¿Honey? ¿Decirme el qué?-parecía entre confuso y enfadado.
Ella no podía reaccionar, ni mirarle a la cara y mucho menos articular palabra alguna. Las lágrimas empezaron a recorrer sus mejillas despacio y al fina salió llorando y corriendo del despacho. Benjamin se quedó mirando la puerta por la acababa de salir Honey durante unos segundos con preocupación hasta que la voz de Philip le devolvió a la realidad.
-Ben... ¿qué haces aquí?
-Supongo que lo mismo que Honey ¿no?-Philip le señaló la silla indicándole que se sentase y este le hizo caso-¿Te lo…ha contado?-Philip asintió con la cabeza-Philip… ¿qué es eso que no sabe si decirme?
-¿Tú qué crees? ¡Qué te quiere Ben!
Benjamin se quedó mirando fijamente la taza de café apenas sin tocar que tenía delante. Estaba en blanco y muy confundido y pensó en cómo debía de sentirse ella.
-No me lo digas: no sabes qué hacer-Philip parecía a veces poder leerle la mente. Seguramente sería por los años de amistad.
-¿Qué piensas?-le preguntó Benjamin levantando la vista de la taza-Es muy buena persona. Tengo que admitir que, aunque en un principio no quería tener un practicante conmigo, la he cogido mucho cariño…
Philip sabía perfectamente cómo era Benjamin: no solía hablar de sus sentimientos y siempre estaba muy volcado en su trabajo como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. Por eso no había notado lo que sentía ella. Él nunca había estado interesado en salir con ninguna chica. Pero esta vez era diferente. El mismo sexto sentido que hacía unos meses le había avisado de lo que sentía Honey por Benjamin  se acababa de activar en la cabeza de Philip, pero esta vez no dijo nada. Benjamin se tenía que dar cuenta por sí mismo y decírselo claramente no ayudaría en nada…
-Creo que hoy no deberías presionarla más. Esta tarde o mañana cuando vaya a la oficina seguro que ella te dice algo. Pero recuerda: no debes intimidarla ¡Esto no es un juicio!
Honey llegó a su casa. Su madre no estaba. Dejó su abrigo y su bolso en el salón y se tumbó en el sofá a ver la tele y al cabo de un rato se quedó dormida. Sobre las 3 llegó su madre y la despertó para ver qué quería para comer. Ella mintió y dijo que ya había comido fuera con Benjamin. Subió a su habitación y se dejó caer sobre la cama y empezó a llorar echa un ovillo, hasta que al final se volvió a quedar dormida. Esa noche no pudo dormir nada y se quedó boca arriba pensando con los ojos como platos qué debía hacer al día siguiente mientras que, de vez en cuando, alguna lágrima caía por su cara y al final era absorbida por la almohada. Su conclusión final fue que Benjamin no querría volver a verla pero aún así, debía presentarse en la oficina. Por la mañana se levantó media hora antes y desayunó tranquilamente aunque el estómago la dolía horrores. Inspiró profundamente varias veces, pero solo conseguía que el dolor desapareciese durante unos segundos. Al final, salió de casa un poco antes de lo habitual y fue andando despacio hacia la parada del autobús. Aunque todo estaba nevado, el sol calentaba. Miró a su alrededor y vio asombrada que todo seguía su curso normal, a pesar de que a ella la parecía que su vida se había paralizado, congelado: parecía que todavía era ayer y a la vez no, había veces que los minutos la parecían horas y veces que las horas la parecían minutos. Se paró en seco cuando ya se veía la parada a lo lejos. No podía ir a la oficina. Simplemente no podía. Se sentía dolorida por dentro y sin fuerzas por fuera. Y, por si fuera poco, no podía dejar de pensar en él… Parecía una tortura.
Dio la vuelta y se dejó llevar por las calles sin pensar mucho. No tenía a dónde ir. Finalmente acabó sentada en un parque frente a una fuente. Dejó su bolso en el banco y pensó en ponerse a estudiar un poco. Quizá pensar en otras cosas la ayudaría. Error: abrir el bolso y ver sus apuntes, papeles y libros solo consiguió  que se sintiera peor aun, además de que había papeles escritos por Benjamin. Cogió uno de ellos y se quedó mirándolo fijamente. Tenía muchísimas ganas de gritar y romper a llorar. Lo primero no lo haría porque quedaría como una loca y lo segundo la era prácticamente imposible, ya que había llorado tanto por la noche y el día anterior que, aunque lo hubiera deseado con todas sus fuerzas, de sus ojos no habría salido ni una sola lágrima. Abrazó el papel empujada por un sentimiento de impotencia, subió las piernas al banco y se quedó con la cabeza sobre las rodillas un buen rato. Era increíble la cantidad de sentimientos que sentía a la vez y era como si no pudiera quedarse con uno solo. Levantó la cabeza cuando se dio cuenta de que todo ese cúmulo de emociones era lo que generalmente se llamaba “estar enamorada” y eso se había juntado con lo que generalmente se llamaba “haberla cagado con la persona de la que estas enamorada”. Miró el reloj: eran las 10 menos cuarto. A esa hora Benjamin ya estaría pensando por qué no había aparecido y se preguntó si la habría llamado. Sacó el móvil del bolsillo. Lo había apagado el día anterior y seguía así. Se sintió tentada de encenderlo, pero al final decidió no hacerlo. Sería porque en el fondo tenía un sentimiento infantil de querer que él se preocupara por ella. Se estaba empezando a quedar fría, así que cogió el bolso, se lo colgó y fue hacia la fuente. Agarró fuerte la barandilla de hierro helada y miró alrededor: siempre la había gustado ese parque no sabía muy bien por qué, pero seguro que por eso había acabado allí. La gente paseaba tranquilamente, otros corrían o iban en bicicleta por los caminos que había entre los árboles y también había chicos y chicas con mochilas que seguro deberían estar en clase en vez de allí. Miró su reflejo en el agua. Tenía los ojos hinchados y la escocían. Se pasó el dedo por debajo de uno y la piel la ardía. De pronto se mareó, la cabeza la daba vueltas y la pitaban los oídos. Apretó fuerte los ojos  y las manos en la barandilla y se la pasó…
-Honey.
Se giró despacio y sin pensar hacia la voz.
-Benjamin.
Benjamin estaba de pie allí mismo, detrás de ella. Durante unos segundos le pareció un espejismo, hasta que se le acercó y se miraron a los ojos.
-Ayer no fuiste a la oficina por la tarde y esta mañana tampoco. Te he llamado al móvil varias veces y lo tienes apagado. Me he pasado por tu casa y no había nadie. Estaba muy preocupado por ti…
-Lo siento…- Honey se ruborizó un poco y miró al suelo con tristeza.
Benjamin respiró hondo antes de hablar.
-Respecto a lo de ayer…
-Quería pedirte perdón. Fue un error mio. No debí haberlo hecho. No quiero que nada cambie entre nosotros. Han sido tres meses maravillosos y he aprendido tanto de ti…-le interrumpió sin pensar. Tenía miedo de lo que le pudiera decir él.
-Yo también te iba a decir lo mismo. Me lo paso muy bien contigo, eres muy buena aprendiz además de buena persona. Ayer por la tarde y esta mañana te he echado de menos. Será mejor que hagamos como que ayer no existió.
Honey asintió con la cabeza. Una parte de ella se sintió profundamente aliviada y la otra estaba todavía nerviosa por encontrarse a su lado. Benjamin la abrazó.
-¿Te acuerdas cuando secuestraron a Mario? Nos abrazamos igual que ahora- le recordó ella.
-Tienes razón. Me acuerdo- se separó de ella, la agarró por la barbilla y la examinó- Pero entonces no tenías tan mala cara.
Los dos se sonrieron y volvieron juntos a la oficina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario