Cuando Honey empezó sus prácticas era septiembre y ya habían pasado 3 meses. No se habían hecho muy largos, la verdad. Diciembre se presentó frío y húmedo y la nieve estaba presente todos los días. Cada vez que llegaba el invierno y nevaba, Honey se acordaba del primer invierno que pasó en la ciudad y de la ilusión que la hizo ver la nieve por primera vez, sin embargo, ahora la parecía a veces un engorro. Sin olvidar que todos los años pillaba unos constipados tremendos, y este año no era una excepción.
Esa mañana al levantarse se sentía un poco mal. Desayunó, se vistió y salió corriendo para coger a tiempo el autobús que la llevaría a la oficina. Se notaba muy cansada y apenas podía correr debido a la tos. Aun así, llegó puntual.
-Buenos días Benjamin.
-Buenos días-saludo Benjamin, que ya había arrinconado el periódico en una esquina y hablaba por teléfono.
Honey esperó a que colgase.
-Era la fiscal general. Me ha dicho que ha tenido un problema con su agenda y que la coinciden dos reuniones el mismo día a la misma hora.
-Ahh…- Honey no sabía muy bien en qué podía afectar eso a Benjamin.
-Me ha encargado que una de las dos reuniones se celebre aquí, en mi despacho. Vendrían altos cargos de la policía y fiscales importantes.
-Ahora ya entiendo... te va a pasar el marrón.
-Si, básicamente eso-Benjamin no pudo evitar romper a reír por la sinceridad de ella-Y eso significa que, además de que estarás presente en una reunión con gente muy importante, necesitaré mucha ayuda tuya.
-¡Claro! Cuenta conmigo-le tendió la mano para que se la chocase y él le correspondió.
-Te noto un poco más apagada que de costumbre…
-¿Tú crees?
-No me hagas mucho caso, a lo mejor solo son imaginaciones mías. Ya es hora de empezar con el trabajo. Primero, acércate a la fotocopiadora y haz una fotocopia de este informe para que te lo lleves como práctica.
-Ahora mismo vengo-Honey se levantó y salió del despacho corriendo.
Cuando regresó, abrió la puerta tosiendo.
-¿Te encuentras bien?-la preguntó preocupado Benjamin.
Todavía tosiendo, le respondió que ya se había tomado algo antes de salir de su casa y que todos los años la pasaba lo mismo. Pero la tos se convirtió en un ataque y no cesaba.
-Puedes ir al baño a beber agua, si lo necesitas.
-…Gracias-Honey se levantó de la silla, pero no podía ponerse derecha por la tos. Notó como poco a poco se quedaba sin respiración y parecía que tenía asma.
Benjamin se levantó de la silla y la sujetó para que no se cayese al suelo. La puso la mano en la frente: estaba ardiendo.
-¡Honey! ¡Tenemos que ir al hospital! ¡Te vas a ahogar como sigas tosiendo!- Honey negó con la cabeza-¿Cómo que no? ¡Vamos a ir ahora mismo!
La mañana acabó con Honey respirando aerosoles por una mascarilla y Benjamin en la sala de espera.
-Lo siento…-se disculpó ella cuando salió.
-No tienes que pedir perdón, pero si estabas mal no hacía falta tampoco que vinieras a la oficina. Me has preocupado mucho…
-¡Lo siento!
-Vale, no pasa nada, pero la próxima vez prométeme que irás al médico si enfermas ¿vale? ¿Qué te han dicho?
-Me han mandado una semana de reposo y antibióticos…
-¿Bien, no?
-Pues no…
-¿Por qué?
-¡Pues porque pasado mañana tienes esa reunión tan importante! y si no estoy yo para ayudarte, ¿quién lo va a hacer?
-Tú concéntrate en mejorarte y olvídate de todo lo demás por ahora.
-No…-Honey le miraba enfadada.
-Vamos, que te acerco en coche a tu casa.-Honey le seguía mirando enfadada y no se movió del sitio-Me da lo mismo cómo me mires.
No hubo manera de que Honey convenciese a Benjamin por el camino, su respuesta era que se tenía que quedar en casa.
-Mira que eres cabezota…
-¡No, la cabezota eres tú, que no quieres hacer caso a los médicos!
-Muchas gracias por todo…
-No tienes por qué darlas. Te llamaré para ver qué tal estás.
-Vale, y, en cuanto me recupere, me incorporo.
EL día siguiente Honey lo pasó en cama y Benjamin, en el despacho de la fiscal general preparando la reunión.
Llegó el día, y Benjamin estaba nervioso. La reunión no empezaba hasta las 10, pero él se había presentado a la misma hora de siempre para terminar de repasar lo que tenía que decir y preparar el despacho. Para esto último necesitó la ayuda de otros fiscales que también iban a estar en la reunión y que eran compañeros suyos. Entre todos sacaron el sofá del despacho de Benjamin y lo llevaron a otra sala y metieron una mesa grande rectangular y sillas y la pegaron a su escritorio, desde donde presidiría la reunión. La fiscal general se pasó para decirle que se le había olvidado hacer las fotocopias de los dosieres y que se lo había encargado a su secretaria. A Benjamin le sorprendió la calma con lo que lo dijo:¡Quedan apenas 15 minutos para la reunión y me dice tan tranquila que no están preparados los dosieres!¡Genial!
Había más cosas importantes de las que ocuparse y no daban abasto. Los 15 minutos se pasaron rápido y cuando se quisieron dar cuenta ya estaban todos allí.
-Buenos días, señores- empezó Benjamin y, a continuación hizo una presentación del motivo de la reunión y de los temas que se iban a tratar. Cogió su dosier y… ¡mierda! Se le habían olvidado por completo las fotocopias.
-Un momento, por favor –descolgó el teléfono y llamó a la secretaria de la fiscal general- Hola, ¿puedes subirme los dosieres?
-Los acabo de terminar de fotocopiar y se los he dado a su ayudante.
¡¿A mi ayudante?! ¡Si Honey está enferma en su casa! -Se quedó en blanco y entonces llamaron a la puerta.
-Buenos días. Aquí están los dosieres de la reunión-una chica empezó a repartirlos y cuando terminó, se colocó de pie al lado de Benjamin.
¡No puede ser….Ho-Honey!
Una Honey guapísima le guiñó un ojo mientras Benjamin la miraba con los ojos como platos sin podérselo creer. Vestía una camisa blanca y una falda negra de cintura alta, un poco por encima de la rodilla y tacones blancos.
-Bueno, ahora que ya tienen los documentos podrán leer…
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