viernes, 10 de febrero de 2012

Capítulo 9 de Fiscal en prácticas

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La reunión terminó satisfactoriamente después de una hora y media y tras despedirse Benjamin de todos los presentes con un apretón de manos.Cerró la puerta tras de sí, se sentó en una de las sillas y se aflojó el nudo de la corbata.
-¡Menos mal que ha terminado…!
-¡Si! Tengo los pies destrozados de los tacones…
Benjamin la miró como si fuera un fantasma.
-¡¿Se puede saber qué haces aquí?!¡Acordamos que estarías una semana en tu casa!
-¡No podía dejarte solo en la reunión!-hizo pucheritos-Llegué un poco tarde porque una secretaria me pregunto si yo era tu ayudante y que si me podía esperar un poquito para subirte unos folios…
-¡Uf! Tengo que decir que me has salvado… gracias.
-¡Es la primera vez que me das las gracias! ¡Yo te las he tenido que dar tantas veces…! Por cierto ¿Qué vamos a hacer con esta mesa?
-Llevarla a su sitio. ¿Me ayudas?
Después de llevar la mesa a su sala de origen y de volver a colocar el despacho de Benjamin como estaba en un principio, los dos se dejaron caer exhaustos  en el sofá.
-No me gustaría ser fiscal general cuando termine la carrera…
-¿Y eso por qué?
-¡Demasiado trabajo!-exclamó Honey.
-La fiscal general tiene un despacho enorme. No necesita mover mesas…
-También es verdad…pero las reuniones son agotadoras -entonces Honey y Benjamin se miraron.
Honey no solía ir maquillada, o por lo menos no mucho, pero ese día llevaba una sombra de ojos gris, preciosa y muy brillante y los labios de color rosa perlado. Se sonrieron y entonces Honey le acarició suavemente la cara y le besó los labios. Fueron solo unos segundos, entonces se levantó, roja como un tomate y Benjamin se quedó con la mirada perdida al frente.
-¡Lo-lo siento! ¡Yo…no!-no tenía palabras, negando con la cabeza cogió su bolso y salió corriendo del despacho.
Sin saber muy bien cómo, acabó metida en el cuarto de baño de la planta baja y se metió en uno de los apartados. Sentada en el váter, se frotó la cara con las manos: no se podía creer lo que había hecho. El corazón se la iba a salir del pecho, la vista se la nublaba y las piernas la temblaban. Necesitaba hablar con alguien y buscó su teléfono móvil dentro del bolso.
-¿Philip? Hola, soy…Honey.
-Hola Honey. ¿Qué tal?
Como no sabía muy bien la respuesta a esa pregunta, la pasó por alto.
-Tengo que hablar contigo…-entonces fue como caer de las nubes al mundo real y meterse un golpazo contra el suelo. El corazón la dolía y su cabeza no dejaba de dar vueltas pensando y recreando una y otra vez lo sucedido. La había cagado. De pronto encontró la respuesta a la pregunta anterior-  estoy mal…Philip ¿estás con Mel? Es sobre Benjamin…
-No, estoy solo. Tenía mucho trabajo y he mandado a Mel a ayudar a Leo. ¿Qué ha pasado?
-Philip… ¡he besado a Benjamin!-ella misma no se podía creer lo que acababa de salir de su boca, y por la tardanza en la contestación de Philip al otro lado del teléfono, supuso que él tampoco- No me había dado cuenta hasta ahora…pero tenías razón en lo que me dijiste hace unos meses: ¡me gusta!-y rompió a llorar.
-Vale, entiendo. No llores y ven a mi despacho mientras pienso en algo. Apunta la dirección.
Al cabo de media hora, Honey estaba frente a la puerta del bufete de abogados de Philip. Como la puerta estaba entreabierta, pasó.
-¿Philip?
-Pasa, Honey.
Honey pasó por una sala de espera grande con sofás a los lados y mesas con revistas, periódicos y una máquina de café y otra de agua, hasta llegar a un despacho grande, en el cual, al otro lado de un escritorio, estaba Philip. El bufete era acogedor, pero, sin duda, prefería mil veces el despacho de Benjamin. Era gracioso: quizá nunca lo volvería a pisar. Saludó a Philip y se sentó delante de él.
-Parezco tu cliente…-dijo Honey sonriendo.
-Un poco, la verdad. Te he preparado un café como a ti te gusta.
-Gracias-miró a Philip, el cual a su vez la miraba con las manos juntas y con cara de incredulidad-siento molestar…
-Te dije que si necesitabas ayuda acudieses a mí y me alegro de que me hayas hecho caso. Cuéntame lo que ha pasado.
Honey le contó todo, desde que terminó la reunión hasta que le llamó por teléfono.
-De verdad, no sé qué se me pudo pasar por la cabeza…-Philip no dijo nada y permaneció pensativo-Tenías razón en lo que me dijiste hace unos meses, pero no me había dado cuenta hasta ahora. ¿Qué crees que debería hacer? ¿Se lo debería decir?
-¿Decir? ¿El qué?

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