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Como de costumbre, Honey llegó el lunes puntual. Pero había algo raro en ella: su habitual alegría había sido sustituida por un brillo especial en sus ojos. Benjamin cerró el periódico y lo guardó en su maletín.
-Buenos días Benjamin.
-Buenos días Honey. ¿Qué tal el fin de semana con Mario?
-Todo genial. Como había quedado con Mel porque no esperaba a Mario tan pronto, al final nos fuimos los tres juntos de compras.
-Qué bien ¿no?
-¡Sí! Oye, Benjamin: te quería volver a dar las gracias y… preguntarte que cómo lo hiciste. Quiero decir, la hipótesis que sacaste de que a Mario le iban a matar por saber demasiado… ¿has leído el testimonio que Mario dio a la policía, verdad? ¡Porque estabas en lo cierto! Es increíble… ¡se te ocurrió tan rápido!
-La experiencia. Es todo gracias al trabajo y a la experiencia. Tú también conseguirás hipótesis rápidas cuando hayas visto varios casos similares.
-¡Oh! Bueno… en todo caso te estoy muy agradecida y… ¡se me acaba de ocurrir algo! El viernes dejamos pendiente una celebración ¿verdad? ¡Pues vamos a continuarla pero esta vez te invito yo!-Honey no sabía como expresar su agradecimiento, pero, además, ahora también albergaba otro sentimiento: admiración. Sentía que debía dar la talla como ayudante de Benjamin, como una obligación. No podía dejarle en ridículo: tenía que llegar a ser tan buena como su mentor. Se lo había prometido a sí misma.
Pasó la mañana y por la tarde, después de terminar las dos horas, decidieron ir a reanudar su celebración pendiente, pero ahora por motivo doble: su primera semana de trabajo juntos y el rescate de Mario. Se montaron en el coche de Benjamin y al arrancar la radio se encendió. Empezó a sonar una canción y los dos se miraron con cara de que no les agradaba y, al ver la complicidad, se empezaron a reír. El dolor de cabeza que la vez anterior había sido el inicio de una agradable conversación fue sustituido por los gustos musicales de ambos, muy parecidos. Y, al igual que la otra vez, el corazón de Honey comenzó a latir más fuerte y más rápido. ¿Sería el ambientador de pino? Llegaron al bar de Leo y, para su sorpresa, Philip y Mel estaban allí.
-Buenas tardes pareja -les saludó Philip desde una mesa en la que estaba sentado tomándose un café con hielo.
-Buenas tardes-saludaron a la vez Benjamin y Honey.
Mel salió de detrás de la barra y se dirigió a la mesa donde se habían sentado con Philip para tomarles nota.
-Buenas tardes señor y señorita ¿qué desean tomar?-les dijo muy profesionalmente pero al final no lo pudo evitar y soltó una carcajada.
-¡Como atiendas así a todos mis clientes… voy a tener que cerrar el bar!-Leo se asomó desde la cocina y Benjamin y Honey le saludaron-Hoy he tenido mucha gente por la mañana y Mel ha venido a ayudarme.
-¡Qué bien te sienta el delantal!-exclamó Honey.
-Te está vacilando Mel-bromeó Philip.
-¡Eso es mentira Phil! ¿Verdad que si, Honey?-la guiñó un ojo y adoptó postura sexy. Honey se rio-¿Sabéis a quién le sentaría muy bien el delantal? ¡A Mario, el amigo de Honey!-y soltó una risita pícara, como si se lo estuviera imaginando.
-¡Lleva todo el fin de semana hablando de él!-se quejó Philip con cara de aburrimiento.
-¡Y toda la mañana!-Leo asomó la cabeza otra vez desde la cocina.
-¡Menuda pesadilla!-se volvió a quejar Philip.
-¡Sshh! ¡Calla!- le ordenó Mel a Philip con los brazos en jarra-¡Lo que pasa es que sois unos envidiosos! ¡Ya os gustaría a vosotros-señaló a Philip y a Benjamin con el dedo índice y se giró para ver si Leo estaba asomado – ser la mitad de guapos que él!
-¡A mi no me metas, que no he abierto la boca!-dijo Benjamin.
Leo pasó al lado de la mesa y se dirigió detrás de la cortina.
-¡Mel deja de hablar durante un rato de Mario y ven a ayudarme con unas mesas! Benjamin, tú que también estás fuertecito podrías venir y echar una mano.
Benjamin se levantó y fue con Mel hacia el otro salón. Philip dio el último sorbo al café y lo dejó encima de la mesa. Entonces miró a Honey fijamente y esta sintió un escalofrio. Su mirada se había vuelto acusadora y soltó una risita. Honey bajó la cabeza y miró fijamente su refresco.
¿Por qué me mirará así?
Volvió a subir la cabeza y le miró a los ojos.
-¡No disimules, que te he pillado!
-¿Eh?
Philip se acercó a ella y Honey echó la cabeza hacia atrás sin comprender nada. La miraba como si quisiera traspasarla con la mirada y volvió a sentir un escalofrío.
-¿Pi…llarme?
-¡Sí! ¡Tú estás coladita por Benjamin!-la susurró, y se empezó a reír, dejando a Honey colorada como un tomate y con la boca abierta-No se te nota, pero yo tengo un sexto sentido para esas cosas.
-No..¡no me gusta!-susurró ella acercándose a él, agitando con especial violencia el refresco con la pajita. Aunque eso explicaría que la latiese el corazón rápido cuando estaba con él en el coche…
-¡No hace falta que lo niegues! Y si dices la verdad y no te gusta, pronto te gustará. ¡Se te ve en la mirada! De todas formas no te preocupes, que yo no voy a decir nada. Conozco a Ben desde que empezamos la carrera así que si necesitas algo, no dudes en pedírmelo.
¿Qué se supone que debería contestar ahora? ¿Vale? ¿Gracias?-Honey se sentía contrariada y miraba a Philip con cara de miedo.
Benjamin, Leo y Mel aparecieron detrás de la cortina de camino a la mesa.
-¡Tú conoces a Mario! ¿Verdad que es muy guapo?-Mel le preguntaba a Benjamin.
-Mmmm- Benjamin evitaba contestar y se rascaba la cabeza intentando parecer que lo estaba pensando-Bueno…
-¡No, bueno no!
-Por cierto-se apresuró a añadir Philip, susurrando antes de que llegaran a la mesa-No es que no te puedas fiar de Mel, pero es mejor que esto quede entre tú y yo si no quieres que Ben se entere.
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